El que espera desespera

¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie? – Pablo Neruda  

Siempre estamos esperando, en la cola de un banco o de los impuestos o en el cine; por comer, por ver a la luna, porque caiga lluvia, porque deje de llover. Siempre esperamos. Esperamos nueve meses para nacer, al colectivo a las 7hs con este frío, al amor de nuestra vida, al pibe del delivery. Esperamos el visto en el chat, que vuelva el Window XP y que se cargue el Mozilla de una vez por todas. Esperamos pasar a la bandera algún día, aunque sea de grande; que Messi le haga un gol a los ingleses y que el agua se caliente para tomar mate. Esperamos que amanezca, que anochezca, que caiga un rayo, que pierdan los otros. Que llegue fin de mes para cobrar o que pase el cometa Halley. Que empiece la nueva temporada de The Walking Dead y que por las noches tiremos el bruxismo por la ventana. Vivimos aguardando.

La espera se confunde con el deseo, el anhelo. Deseo, espero, ansío que la persona que espero doble por la esquina. Deseo, espero y ansío que crezcan flores en el cemento, que nunca me quede sin cigarrillos a la noche o caminar en la Luna. Deseo, espero, ansío que por fin nos miremos a los ojos.

Hay diferentes formas de esperar. Acechando como un depredador entre la jungla o como Romeo bajo el balcón; mordiéndose las uñas o mirando el vuelo de un pájaro que se pierde entre las nubes. Según la estación del año se espera mejor con los pies calientes o bajo una sombra. Se puede esperar atrincherado en tierra de nadie con un Mauser o en el bar con un Campari, mientras suena Riders on the Storn, de The Doors. Y con un ramo de flores amarillas y el corazón en la mano y con el pan abierto frente a la parrilla.

            Ahora suena Frank Zappa,  Freack Out, Mothers of the Invention y espero que la play list llegue al último de Muse.

La espera es la impaciencia, también es disfrutar del momento. En síntesis, nos pasamos casi toda la vida esperando, es más, nacemos para esperar la muerte. Visto desde ese punto, en realidad nada tendría sentido, aunque no es el caso porque todo tiene un sentido. Esperar nos recuerda que estamos vivos, nos impone la dimensión del transcurso del tiempo. Entonces gozar de la espera se convierte en una necesidad porque al hacerlo le escapamos a la Parca. Si vivimos aguardando por lo menos pasémosla bien. Cómo depende de cada uno. El acto de la espera es una batalla por eso hasta la victoria siempre, pero el empate también está bien.

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