Esa mágica y dulce Navidad

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No recuerdo cual fue el ultimo regalo que me trajo papa Noel, pero si recuerdo algunos, aquella  pelota de gajos blancos y negros, o aquellos autos a fricción que todavía conservo. Con mi hermano pensábamos  que papa Noel no sabia leer castellano, porque siempre traía otra cosa, era clavado, por lo menos sabía que éramos varones, siempre cosas con armitas, nunca una barbie gracias a Dios.  Los últimos años de creer en aquel misterio empezamos a escribir las cartas con dibujos, a ver si ese año le pegaba. Recuerdo mis padres acostándonos temprano y levantándonos mas aún temprano para abrir los regalos, se puede ver en las fotos dos pibes dormidísimos abriendo los paquetes envueltos, lo curioso es que parece que el papel de regalo lo compraba en Falabella o el mundo del juguete, y no se si lo pagaba con tarjeta. Papa Noel siempre sabia cuando dormíamos, sabia donde dejarlos, y lo mejor, sabia nuestros nombres. El muy guacho debía de atravesar paredes, mi casa toda enrejada y las puertas bajo llave y sin embargo, los regalos ahí, a los pies del pino. Una vez aparecieron en nuestra habitación, cuya ventana daba al patio, mi papá dijo que seguramente no tuvo tiempo de dejarlos a los pies del arbolito, venia mal con el horario, o se le había pinchado un reno y los dejo ahí. Que gordo mas extraño pensaba yo. Nunca supe porque era gordo, la antítesis de la moda mundial, dejado, barbudo, siempre con la misma pilcha, y en vez de tener una nave voladora, andaba en un trineo con renos, pobres renos pensaba yo, aunque laburaban una vez al año debía de ser agotador. De todos modos, la magia era incomparable, por mas que le de vueltas al asunto, no tenia explicación. Pero en el momento que abrías el regalo, se te olvidaba todo, no importa si te lo había traído una bruja, el pitufo enrique, maradona o ghandi, ya fue, tu atención se centraba en el regalo.

Cuando descubrí que dicho sujeto, no era quien pensábamos, sino nuestros padres, sentí una mezcla de sentimientos. Por un lado la desilusión de saber que aquella magia no existía, que todo este tiempo creíste en un personaje ficticio. Luego el poder de saber que uno sabe la verdad, que ya es grande, y por último la bronca de darte cuenta que tus padres si hablan castellano, y también entienden tus dibujos. Hubiera matado por el auto de los cazafantasmas o la nave de los halcones galácticos. Un día de visita en la casa de unos amigos, puede ver, el auto de los cazafantasmas que le había traído papa Noel a uno de los chicos, pensé en mis adentros “ mierda que se porto bien este chango”.

Empezaron a merodear dudas en mi cabeza, si papa Noel no existe, ¿ los reyes magos? ¿ el ratón Pérez? ¿ un político honesto? ¿el comunismo? Me fui dando cuenta poco a poco de la cruda realidad.

Año tras año los horarios empezaron a cambiar, empecé a concurrir a fiestas, a buscar besos, a tomar alcohol, a llegar a la hora que antes me levantaba a desenvolver los regalos. Me olvidé un poco de toda esa magia de la infancia, ya no me entusiasma tanto armar el arbolito, ni siquiera el devaluado pesebre, al cual siempre le faltan piezas año tras año.  Pero este año va a ser distinto, ya escribí mi carta, le pedí un jack Daniel`s de litro, no se si mis padres me lo compren, pero todavía tengo la ilusión de que aquel gordo barbudo, vestido de independiente  descienda sobre mi casa, traspase la puerta y me lo deje a los pies del arbolito. Sería tremendo, el sabe donde vivo y como me llamo, de eso no hay duda. Pero aunque no pueda traerme el whisky, si recuerda todavía alguna de mis cartas, probablemente me ponga muy feliz, el auto de los cazafantasmas o la nave de los halcones galácticos.

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