Los dejo con la mejor nota que escribí en mi vida

Hace escasos días cumplimos tres años de existencia y un poco menos de nuestra web. Para quienes no sepan, esta aplanadora del humor nació con unas simples pero divertidísimas portadas en Facebook. Después de unos meses (cuatro para ser precisos) apostamos un poco más y decidimos cambiar al formato diario on line.

Más allá de eso, la otra vez me puse a ver mis notas. Más allá de descubrir que hace unas semanas atrás superé 500, al igual que mi socio Bomur, intenté dilucidar cuál había sido la mejor que había escrito. Y la verdad que me costó mucho.

Es como que a un goleador como Messi o Kempes le preguntes cuál fue el mejor gol de su vida. Claramente dependen muchos factores, para uno quizás fue el que se corrió toda la cancha y de taquito definió por encima del arquero*. El otro tal vez cuente que para él fue ese gol que hizo medio a los tropiezos en el último minuto de su primer final. Las circunstancias que uno vive definen cuando se  hace algo realmente memorable.

Y seguí buscando. Cada vez que llegaba a una que creía épica, al rato encontraba una que lo superaba, por la producción, el tiempo que me llevó, la repercusión que tuvo, etc.

Dependiendo de mi voz interior que apareciera eran los sentimientos encontrados que soportaba frente a tales escritos. El niño dentro de mí decía que las mejores notas eran las referidas al chiste fácil y humor absurdo. El choto adolescente excla                maba que lo mejor eran las notas bizarras llenas de insultos analógicos. La vieja histérica me aconsejaba que viera aquellas notas sobre anécdotas y situaciones familiares. En fin, mis entrañas eran un quilombo.

Intenté ser elocuente y seleccionar primero diez, luego cinco para finalmente quedarme con tres, y ahí tomar la decisión final en la cual presentaría la mejor nota que escribí en mi vida. Ojo, no es moco de pavo. Es una gran responsabilidad, porque después de esa, no debería haber nada mejor.

Y así fue como empecé descartar notas. Algunas sacándolas con razón, otras sacándolas con la razón. Hasta que llegué al momento de tener las tres notas frente de mí. Las abrí en ventanas diferentes y pasaba por ellas una y otra vez. Y nada. No podía decidirme. A mi entender todas eran impecables. De distintas épocas personales, de diferentes formas presentadas, pero todas, todas eran un golazo para mí. No quería dejarme llevar por la cantidad de “me gusta” o comentarios, lisa y llanamente porque estaba eligiendo la mejor nota según mi criterio y no la del público (en la que pocas veces coincido).

Hasta que de repente me di cuenta de algo, y no era el cierre bajo de mi pantalón, sino que una vez que decidiera mi mejor nota, no solamente mostraría al público lo que yo creo como mi obra maestra, sino que a mi “insoportable y verborrágico viejo choto de 55 años interior” también se lo estaría develando, invitándolo a que me joda la vida cada vez que volviera a escribir con los sutiles “¿Y putito? ¿Esta vos creés que está a la altura de la mejor que elegiste?” o “¿Vos pensás que esta verga le llega siquiera a los segundos párrafos de tus anteriores notas?” y cosas por el estilo, llevándome a un futuro bloqueo mental. Además, de eso se trata esto, sobre escribir pedorradas mundiales y notones históricos.

Es por eso que descarté a las tres que habían quedado al final, decidiendo que la mejor nota que escribí en mi vida es la que todavía no escribo.

 

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