La montaña sin cima, una visión sobre la vida moderna

A la mierda las medallas, las estadísticas, los premios y los primeros puestos, que ya tanto mal nos han hecho. De que te sirve ser campeón del mundo si sos un infeliz. La verdad no se de quien es la culpa, de algún tarado que se le ocurrió que se podía reír de otro por que llegaba un par de centímetros más lejos, y de los otros tontos que pensaron que eran menos por ese par de centímetros. Y ahí se fue al carajo todo. Empezó la competencia, el mundo contra el mundo, y dale que te dale, y me deprimo si no estoy encima de los demás. Metimos la humanidad en una regla, en una escala de medida. Simplificamos al ser humano a una carrera de caballos. Donde solo vale el  “mejor”, entendiéndose por ganar, el realizar más eficientemente un conjunto de tareas predeterminadas por anda a saber quién. Acercarse lo más que se pueda a ese concepto y llorar si no me aprueban. Que se les caigan las medias. No soy una lata y nadie me va a poner una etiqueta, si quiero correr para atrás en los cien metros llanos lo voy a hacer, lo mismo que si me dan ganas de patear una pelota de básquet, cantar en polaco o echarme un pedo en una clase de bioquímica. ¡Estamos sacándole todo lo divertido al asunto! Estamos metiendo la vida entera en una caja diminuta de zapatos, y dentro de la infinidad de posibilidades, nos quedamos con el par que acepto la mayoría.

Que se jodan las competencias, los trofeos, los campeones y los últimos lugares, que lo único que importa es disfrutar lo que se hace, y si no se disfruta, terminamos como el hámster corriendo en una rueda, pero como no somos un hámster, y estamos obligados a pensar, y tenemos una esperanza de vida mucho mayor a la de un roedor, lo más probable es que vivamos con ganas de arrojarnos debajo de un tren. Y así uno termina destruido, no por el hecho de que este obeso, o pelado, o arrugado, etc, etc,etc, sino porque esta derrotado, porque “la vida” (ese puto concepto de vida donde vemos una pista de carreras y hay que ganarle a todos los otros sobaculos) se lo comió. ¡Que le den! ¡Que le den mil veces y que le vuelvan a dar! Que le den al mundo entero si no quiere entrar en razón. Me cago en todas las pirámides de necesidades de Maslow y en todas las teorías de motivación. No necesito dormir ocho horas al día, no necesito tener mis cinco comidas, no necesito tener los abdominales marcados y no necesito tatuarme un misil en el pecho para sentir que tengo pelotas. No necesito sentarme derecho ni prestar atención, ni comer la suficiente fibra como para defecar un sweater, ni un bidet, ni que me aplaudan para saber que hice algo bien. Necesito estar vivo, disfrutar cada segundo, saber que cada instante es un instante menos y que no hay tiempo que perder.

La cima se alcanza superándose a uno mismo, no superando a los demás. Cada uno es diferente, y cada uno sirve para distintas cosas, cada uno piensa y siente distinto a todos los demás. No vamos a ser más felices por llevarnos cada vez más cosas al estómago, vamos a ser felices cuando necesitemos menos cosas, cuando nos pidamos menos cosas. Cuando dejemos de correr adentro de la rueda, cuando podamos hacer silencio, nos sentemos un rato a pensar y nos demos cuenta de que carajo es lo que queremos de verdad, y de que es lo que realmente hace que la vida merezca ser vivida.

Escrito por Fran para la sección:

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