La teoría de las vidas pasadas

La teoría de las vidas pasadas se basa en que la mayoría de los seres tienen una esencia o alma que reencarna o vuelve a la vida física en la tierra con el fin de evolucionar y aprender. Esto significa que básicamente van transcurriendo nuestras vidas, de la mano de la evolución del mundo y el paso de los años, y vamos adquiriendo más conocimientos, mejorando nuestro espíritu, en una carrera larga que culmina con la transformación en una especie de ser superior, iluminado y etéreo, que ya no continúa su búsqueda. Hoy morís como un hombre anciano y mañana reencarnas en una mujer, por ejemplo.

No necesariamente en nuestras vidas pasadas somos del mismo sexo que ahora, ni siquiera del mismo lugar o condición social. Tampoco son las mismas relaciones filiales que en nuestra vida actual, si se mantienen las mismas almas a nuestro alrededor. ¿Qué quiere decir? Que una relación positiva que hoy tenemos, por ejemplo con un amigo, en el pasado puede haber sido una relación positiva con una pareja, como así también una relación negativa que tenemos con un compañero de laburo, en el pasado puede haber sido una relación negativa con un familiar. Lo que se mantiene es el amor/odio con un vínculo, esa sensación de querer acercarse o alejarse, independientemente de la realidad.

Esta teoría me parecía disparatada y absurda, hasta que me topé con el libro “Muchas vidas, muchos maestros” de Brian Weiss donde cuenta la historia de una chica a la que, haciéndole terapia de regresión, se pasan de rosca, por así decirlo, y la hacen volver a una vida anterior. Y así, sucesivamente, continúa con la terapia haciéndola regresar a varias vidas pasadas. Entre lapso y lapso de vida, hay una especie de limbo conformado por seres iluminados, llamados “maestros”, aquellos que culminaron su búsqueda de perfección y alcanzaron la luz.

El libro es maravilloso, pero no deja de ser un libro de ficción, independientemente que diga que es basado en hechos reales. El tema es que ese libro funcionó como disparador en mi forma de ver la vida y las relaciones sociales. Ahí caí en la cuenta de que no era tan disparatada la teoría.

Con el tiempo fui creciendo y fui descubriendo nuevas personas, entablando nuevas relaciones y apreciando nuevas facetas de la gente ya conocida. Entonces descubrí un patrón interesante… con mucha gente percibo una unión inmaterial, que va más allá del contacto físico, un hilo mucho más intenso que me une, algo que no tiene explicación lógica, una empatía superlativa, imposible de definir con palabras, mucho menos etiquetas. Basta una mirada, una palabra o un abrazo.

Descubrí en familiares una unión más poderosa que con mis propios hermanos, en amigos recién conocidos una fraternidad mucho más sólida que con los amigos de toda la vida, en mucha gente un sentimiento de amor muy poderoso y ajeno. Hay gente que con solo mirarla profundamente a los ojos percibo esa sensación de conocerla de antes, de todos los tiempos, de siempre. ¿Acaso no les ha pasado de conocer una persona nueva y pegar onda al instante? Como si se conociesen de toda la vida, ¿o cruzar dos palabras y sentir una conexión mucho más fuerte que una simple charla? Lo más increíble de todo es que jamás es una sensación unilateral. Cuando sentimos esto, la otra persona siente exactamente lo mismo, solo que muchas veces o no saben cómo expresarlo o descreen de la posibilidad de que exista este vínculo eterno. Y muchas otras veces pasa que, aún dándose cuenta del vínculo, por motivos varios, la vida actual impide que esas dos personas estén juntas. Esta conexión nos acompaña el resto de nuestra vida, como una duda de lo que podría haber sido y no fue, pero nada borra al amor o la pasión que nos une. Nada. Hay unión, hay tacto, hay piel, hay fraternidad…

Así es la vida que nos toca, debe de estar cargada de emociones, de sensaciones, de alegrías y tristezas, de desafíos, pruebas, avances y retrocesos. Estamos en el mundo para equivocarnos a diario, para crecer desde el error, para avanzar gracias a la experiencia. Todo lo que construyamos en esta vida nos va a aliviar la vida que viene, todo lo que destruyamos nos pesará. Y no necesariamente estas construcciones o destrucciones van atadas a la ética y las buenas costumbres, todo se trata de un tema personal, de vivir la vida como se siente, como el alma dicta, como el corazón late, de correr el riesgo de ser feliz, de no dejar de buscar, de imprimirle emoción a nuestros días, porque la vida es corta y dulce y vale la pena ser vivida plenamente. Una vida plena es una vida apasionada y vertiginosa, feliz y digna de contar. Y si no estamos dispuestos a vivirla, entonces nuestra misión en esta etapa es otra, quizás introspectiva, quizás distinta… solo hay que saber buscar y sentir lo que el corazón nos dice.

Hay un atlas escrito, un mapa de vida, un camino trazado que une pasado, presente y futuro, un laberinto de vidas en las nubes, intangible, invisible, algo que no se puede tocar… pero está, existe, y cuando aparece, todos nos damos cuenta. Si quieren ahondar en este tema les recomiendo leer el libro y luego ver Cloud Atlas, una de las mejores películas del mundo para mí.

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