O.A.D o Tome Pin y haga punk, el regreso

“Inteligencia militar son dos términos contradictorios.” – Groucho Marx

            Las segundas partes nunca fueron buenas, o sí, es relativo, aunque este texto en realidad es una continuación de la nota «Tome pin y haga punk» , que no terminó de contar todo lo ocurrido ese día.

La revisación médica general que hacían para el ingreso al Servicio Militar, creo yo, no tenía ningún sentido amén de ser una de las situaciones más vergonzosas que haya pasado en mi vida. Cien hombres niños, porque eso son los adolescentes de 18 años: hombres niños, completamente desprotegidos, parados en posición de firmes, con el orgullo y la dignidad pisoteados por los milicos que gritaban …Vamos ciudadanos… ¿Tiene vergüenza ciudadano?… Y sí, tenía vergüenza, mucho pudor por estar completamente desnudo ante un montón de desconocidos. …Al trote… …En posición de firmes ciudadano… Gritaban y se regocijaban los milicos, los Verdes, ante el trotecito de nosotros sus miserables, su divertimento. Entonces uno corría en posición de firmes, a una distancia de diez centímetros con el otro de la fila. …Vamos a ver cuántos O.A.D hay… gritó  un Verde.

Esas siglas se las había escuchado todo el tiempo a mis compañeros de infortunio que las decían con un miedo risueño, siempre susurrando. Pregunté qué significaban: O.A.D (Orificio anal dilatado). Ese O.A.D era la salvación del Servicio Militar pero también un sello rojo en el D.N.I y un estigma social injusto, cruel y perverso para el portador. Era la denigración, la sorna y la vergüenza total, la imposibilidad de conseguir trabajo y una Estrella de David amarilla cosida en un bolsillo. Eran tiempos oscuros y de pensamientos estrechos.

            …Firmes ciudadanos…

Llegó el momento de dejar de correr y de ponernos uno al lado del otro, todos frente en nuestra desprotegida desnudez en un gigantesco salón. En eso, un grupo de médicos llegó al recinto, no recuerdo cuántos, y comenzó la revisación. Uno por uno nos fueron tocando los testículos, nos hicieron exhalar e inhalar, levantar y bajar los brazos y toser mientras decíamos treinta y tres. Entonces nos tuvimos que agachar y abrirnos las nalgas y mostrarle el agujero del culo al corro de médicos. Estos fueron mirando culo por culo con sumo interés y, con una linterna, se detenían unos segundos en un culo, comentaban algo y seguían con el próximo. Y uno así, quince minutos con la cola abierta, tirando besos. En un momento, con un chico se demoraron más de lo usual y deliberaron en un tono de voz más fuerte. El chico en cuestión era un pelirrojo muy amable con el cual yo había interactuado con un par de comentarios y un cigarrillo convidado.

La sonrisa socarrona de los Verdes que tenían el pecho henchido por haber descubierto a un ciudadano con O.A,D y los pensamientos de cada uno de los que estábamos con el culo parado y abierto se entrecruzaron. …Puto de mierda… habrán pensado algunos. …Pobre tipo… pensaron otros. …Verdes hijos de putas… pensamos algunos.

Los doctores Verdes le dijeron muy amablemente al chico pelirrojo que siguiera a otro Verde que supervisaba todo, de apellido Sabio. Se escuchaban solo los pasos de los borceguíes del Verde y la caminada débil del chico. Entonces, antes de cruzar el umbral de la puerta, el pelirrojo se dio vuelta y dijo: Váyanse todos a la puta que los parió. Y la puerta se cerró. A los doctores se les borró la sonrisa, a los que pensaron …puto de mierda… se les frunció de rabia y el resto nos sentimos un tanto tocados pero emocionados por tal acto de valentía.

Yo me salvé por D.A.F (Deficientes actitudes físicas). Cuando me volví por la Boulogne Sur Mer le dí gracias a Dios por haberme hecho tan pusilánime, a la Evolución por no haberme hecho macho alfa y a la Rosita por haber consumido drogas cuando estaba embarazada de mí.

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