Un pasillo perdido en el tiempo

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Lo que comenzó como un sueño aislado parece que no quiere dejarme en paz:

Primer sueño – Jueves: La dirección equivocada
Segundo sueño – Domingo: Un atajo
Tercer sueño – Viernes: Un piano de fondo
Cuarto sueño – Martes: Sin aire

Suele suceder que uno duerme por horas, se levanta cansado y con ganas de seguir durmiendo, pero hay ocasiones que ocurre todo lo contrario, unas pocas horas e inclusive minutos parecen una larga noche.

Así desperté, descansada y con una luz tibia de la mañana entrando por la ventana, asumí que debí haber dejado mi pesada cortina mal cerrada, como no pensaba levantarme en lo inmediato decidí disfrutar del calorcito de los tímidos rayos que se filtraban, pero a conciencia, miré el reloj y eran las 3:00 de la mañana, me quedaba mucho tiempo.

Demoré unos segundos en caer en cuenta que algo estaba mal, la hora y la luz no podía estar juntas y antes de sacar más conclusiones sentí ruidos en la habitación. Un hombre se estaba cambiando, le hablé pero no respondió, grité pero seguía inmutable buscando ropa en un cajón, me levanté enojada y lo tomé del hombro sin poder moverlo, no era cuestión de fuerza, era yo que no tenía efecto sobre él, no como un fantasma sino como si estuviera en otra dimensión.

Me quedé inmóvil confundida, miré la habitación y parecía de otra década, muebles setentosos, esa onda minimalista y vintage, las paredes con colores un tanto estridentes: verde lima, beige y dos en blanco. Una cama de dos plazas simples, con sus respectivas mesas de luz a los costados, una cajonera con espejo arriba y un placard empotrado. Sonreí porque parecía la habitación de mis abuelos, hasta las cortinas con rombos beige eran similares.

Estaba tan distraída observando, que casi se me pasa por alto que el hombre salía de la habitación, lo seguí doblando a la derecha por un pasillo con algunas puertas, continuó hasta el fondo, a una habitación pequeña pero blanca y muy iluminada, por el ventanal que daba a un pequeño patio. La puerta estaba a la izquierda y al entrar, sobre la derecha se encontraba…un piano.

La melodía de Debussy comenzó a sonar de nuevo, él hombre que había seguido se había sentado a tocar, la situación se estaba tornando cada vez más familiar, comencé a sospechar quien era el pianista y me acerque para corroborar. Efectivamente era el mismo acosador onírico de todos los sueños anteriores, se veía joven y feliz, interpretando maravillosamente, sus dedos acariciaban las teclas con dulce pasión.

Un suave golpe en la puerta rompió la frágil atmósfera de concentración, de él tocando y mía observando. Era una figura femenina que se deslizó suavemente por la puerta…era Lucía.

Se saludaron, amablemente, en una cordialidad que escondía algo, un afecto especial ¿familia o amor? La época, la distancia, la cordialidad me confundían.

Ella se dirigió a la silla, era la pianista del otro sueño, él que le indicaba que tomara asiento, evidentemente era su profesor. Con una sonrisa coqueta, Lucía se acercó, giró sobre sí y cuando se estaba sentando se quedó helada, me vió.

– Dante ¿quién es? – Preguntó con la misma cara de miedo que debía tener yo.

Porque Dante no era el mismo, era viejo, viejo como el hombre de primer sueño, era el hombre del primer sueño, y comenzó a acercarse a mí.

Me apresuré a salir por la puerta, correr por el pasillo, y buscar una puerta abierta, estaba abierta la de la derecha, la contraría a la habitación, entre sin pensar y estaba todo ahí, las sillas de totora, la mesa de aglomerado, la pequeña cocina sucia, los papeles, cajas y, lo busqué con la mirada para salir de dudas, el cesto de basura con los pequeños frascos.

Paralizada por el miedo y la confusión, por la pequeña puerta lo vi entrar a la habitación a Dante, al viejo Dante, desmejorado, flaco, con la piel floja y arrugada, greñudo de barba y pelo blanco.

– ¿Qué haces acá pendeja de mierda? – Gritó en mi dirección.

Dudando si me hablaba a mí, ¿podía verme?, abrumada con el déjà vu del sueño anterior, miré para los costados y efectivamente ahí estaba Mariana ¿O Lucía? Ahora eran tan parecidas.

– Nos equivocamos de dirección, discúlpenos señor, de verdad no sabemos a dónde estamos – dije mientras me forcé a despertar, asustada y consiente que estaba siendo presa de un sueño más.

Créanlo o no este fue mi sueño del miércoles en algún momento de la noche.

Siguiente sueño: Fuego azul