Pensar en nada… nada nadita

¿Pensaron alguna vez que si no fuera por todos, nadie sería nada?

Quino

No se me ocurre nada para escribir…

En realidad es lo contrario, en un torbellino borracho sí se me vienen cosas a la mente. De tanto que giran y giran descontroladas no puedo ver a ninguna en su totalidad y se desvanecen en la velocidad del pensamiento.

Caterva de neuronas displicentes, distraídas, casi catatónicas y engripadas.

Lo que está detrás de la ventana -el afuera- no trae inspiración, ni un ápice. Mis recuerdos, profusos e irreverentes algunos, son sólo un mosaico en una pared lejana dentro de mi cerebro.

Pienso en dónde estarán las hormigas con este frío y si las hormigas madres arropan a las hormigas hijas y les cuentan cuentos de hormigas y les dicen que las hormigas rojas son del Diablo y las hormigas negras son de Dios.

Todo se queda ahí, el torbellino ebrio absorbe a las hormigas y sus hijas y a las rojas y las negras y a Dios y al Diablo y sus historias de hormigas

Nada nadita.

(No se me ocurre nada para escribir)

Las letras (que deberían formar palabras para después hacer frases que armarían párrafos para luego ser una historia) se escapan, corren por la habitación desordenadamente, atropellándose todo a su paso; intentan subir por las paredes, imagino que hasta el techo, pero no pueden; sólo dan pequeños saltitos que causan lástima, un poco de ternura y vergüenza ajena.

Una letra X quiere ser el adalid en el caos. Se me acerca decidida y me sugiere que xilofóno, plexo, xenón, Fénix y elixir contienen en si mismo buenos relatos; lo hace con un modo circunspecto, casi imperativo. Entonces un grupo de bes, jotas y eses pasan haciendo una murga y la letra X inmediatamente se pone a bailar con ellas, quitándole toda seriedad a la situación y por ende credibilidad a su ofrecimiento de palabras disparadoras de tramas.

De todas maneras son sugerentes, casi hipnóticas…Xenón me remite a la secundaria y a una odiosa tabla periódica recitada entre bostezos… y el elixir de su boca lejana, perdida en la distancia, entre las nubes…y el plexo del sol se estrella contra lo que vendría siendo la noche…y el xilofóno hace sonar Mambo Diablo en el silencio….mientras que el ave Fénix no tiene ganas de surgir de sus propias cenizas en un loop desquiciante, quiere dormir una siesta eterna…

Pero todo se queda ahí, no avanza, se suma al torbellino cada vez más borracho.

Nada nadita.

(No se me ocurre nada para escribir)

De pronto la habitación se llena de peces que bucean entre el oxígeno y el humo del cigarrillo; peces de todas clases que hacen una coreografía casi perfecta al compás del mambo, a no ser por el traspié que dio uno chiquito con franjas amarillas, rojas y verdes. El resto lo mira acusativamente, se ve que habían ensayado mucho. El pez chiquito con franjas amarillas, rojas y verdes siente culpa, creo yo. En eso entra mi amigo gato con su instinto de cazador a cuestas y de vuelta el remolino borracho. Se arma la desbandada de peces mientras se va terminando el Mambo Diablo.

El gato come peces invisbles.

Nada nadita.

La nada no está vacía de nada, está colmada de nada; su continente total es nada, y eso no es nada, es algo, entonces no es nada pero tampoco es todo.

Ahora una hormiga, la letra X y el pez chiquito con franjas amarillas, rojas y verdes deambulan por el papel en blanco, que se resiste a ser escrito.

Nada nadita en el torbellino borracho lleno de mis cosas.

Cómo me gustaría pensar en nada.

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