Perderte

Miro esas dos sillas que odié desde el día que las compramos, pero a vos te encantaban, muy modernas pero muy incómodas.  Ahora que no estás, intento pasar el mayor tiempo posible sentado en ellas. Qué iluso… como si esas piezas de diseño de un tal Stark fueran a traerte nuevamente… Y ese mate tan curioso de goma del que siempre dudé, ahora se convirtió en mi más fiel seguidor.

Intento acostarme todas las noches con la luz apagada para evitar notar tu ausencia y dejo el TV prendido con esos canales culturosos que tanto disfrutabas. Una y mil imágenes recorren mis pensamientos, hasta que se apiadan de mi y me dejan descansar un rato, no mucho… Y los despertares son eternos desde que no te tengo acariciándome para levantarme. Solo la tortura del sonido vacío del despertador y la cruda desazón al abrir los ojos y no encontrarte.

Hoy estuve ordenando un poco las fotos, nunca lo había hecho, no porque no quisiera, sino porque me encantaba verte disfrutar mientras las desordenabas y las volvías a organizar. Nunca me imaginé que pudieran entrar tantos recuerdos en estos años. Para algunos puede ser poco, para otros una eternidad, para mi fue el único tiempo que realmente tuvo sentido en mi vida. Y ahí estas nuevamente sonriéndome, como queriendo decirme algo…

Qué contarte de nuestros amigos. Siguen como siempre, de fierro. No me dejan un segundo solo, me llaman todo el tiempo, me apoyan y hasta me invitan a almorzar los domingos. Pero lo noto en sus caras, en sus miradas, en sus silencios. Ya no es lo mismo, me miran con ternura, con un poco de compasión o quizás con lástima… Y todo se pone raro e incómodo cuando me excuso para ausentarme un momento y me encierro a llorar en el baño. No sé cuanto tiempo mas me van a aguantar con esos arranques. Y me encuentro en ese lugar en el que nunca quise estar…

La casa quedó enorme, me di cuenta que no utilizo ni la mitad de los espacios que teníamos. No uso más que el cuarto, la cocina y el baño. Nunca mas invité visitas, no recibo ni a mi familia. Esta casa perdió el brillo, olvidó la alegría y desechó el encanto.  Estaba pensando seriamente en venderla y mudarme a un pequeño departamento, pero hay algo que me aferra a ella; y es que en cada rincón hay algo que vos pusiste, que arreglaste, que compraste.

Y nuestros proyectos… Esos viajes planeados que ya habíamos repasado cientos de veces en nuestras charlas. Tu carrera como artista, con el altillo arriba de nuestro cuarto, las pinturas y los bastidores desordenados. Ese bulldog francés al que ya le habíamos elegido el nombre y que vos ya tenías vistas las cuchitas y los collarcitos. Las bicicletas que juramos comprar apenas encontráramos las que nos gustaran, para recorrer todala Provincia¿Qué hacer con todo eso?

Al final tuve que enfrentar el fantasma que me venía acechando desde que te perdí: Tus cosas personales… Me tomó todo el fin de semana para animarme a abrir tu placard. Cada vestido y cada zapato que sacaba, hacía brotar un recuerdo y con ello una lágrima.  Hasta encontré esa piedrita que te di cuando vimos la película de los pingüinos… Creo que fue lo más duro a lo que me tuve que enfrentar desde “ese día”.  Y tus cajas con recortes, cartas y diarios personales, siempre fueron tuyos, ¿para qué los voy a abrir ahora? si lo hubiese querido hacer, lo hubiese hecho antes.  Y tus pinturas y maquillajes joyas y alhajas, así como estaban se las llevé a tu hermana. Otra tarde entera invertida en llantos, que curiosamente uno supone que tienen alguna utilidad, pero una vez mas se equivoca.

Volví a fumar. Era previsible, lo único que me mantenía alejado de mi verdugo eras vos. Y volví a fumar convencido. Sé que no quedan muchas cosas por las que me tenga que mantener con vida o con plena salud, así que me permití ese momento de flaqueza y volví a elegir la muerte. ¿El alcohol? No mucho y menos ahora que tomo pastillas de felicidad cual si fuesen caramelos, y la verdad es que no sirven mucho para estas situaciones. Aparte no soy depresivo, mi problema pasa porque soy consciente y sigo enamorado de una persona que no está.

El destino. Inexplicable, cruel, insensato, cobarde, injusto. Este no debía ser nuestro fin. No tan temprano, no con tantas caricias en el tintero… No con tantos “Te amo” que te estaba debiendo. No con tantos “gracias” que me estaba olvidando. No con tantos proyectos, con tantas alegrías que tenían que venir, con tantos momentos que debíamos compartir. No, definitivamente el destino con nosotros se equivocó.

Hoy brindo con tu ausencia, por nuestro pronto reencuentro, intento buscar cables a tierra, para evitar hacer estupideces. Miro tus retratos buscando explicaciones, que sé que nunca vendrán.  Se mezclan el enojo, la impotencia y la desesperación. El llanto ahora es cosa de todos los días. Creo que después de tantos años sin derramar una sola lágrima, ahora vinieron todas juntas.  No me quiero despedir, estos trazos y lo poco que me queda de cordura, son las únicas cosas que me mantienen unido a vos de alguna forma…

Hasta pronto.

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