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Querido 2017

Me levanto 8.40 cuando entro a trabajar a las 8, dormí 9 hrs, mi vieja enferma, mi papá con depresión, la casa a medias, mi hermana viajando, mi celular sin batería, la billetera casi vacía a esta altura del mes, las piernas acalambradas por la gimnasia de hace dos días y lo que más me trastorna: el esmalte de las uñas corrido (mi nota de los TOC explica el nivel de frustración que esto representa en mí).

Así empieza mi penúltimo día del año. Voy a decirle el último día ya que mañana sábado gracias a la virgen no trabajo y ya mi vida tiene otro color. Llego al laburo, el jefe en la cocina me mira y me pregunta ¿Qué hay que hacer con esas ojeras?…

Me relajó el tema de que se nota que llego tarde porque estoy completamente perdida en tiempo y espacio y agotada físicamente, digamos en otras palabras, me deja menos mal, menos irresponsable.

Mis momentos de cordura son cuando estoy con mis amigos con una birra helada en la mano, es en todo lo que puedo pensar desde que me levanto hasta que me voy a dormir. Yo no sé si tengo un problema con la cerveza helada y mis amigos que son realmente una maravilla de observar y escuchar o si es que estuve mucho tiempo ciega a este tipo de boludeces que la vida te regala.

Ahora voy a largar con mi reflexión parte II de este fin de año.

Voy a empezar por decirte, a vos 2017 de mi corazón, que mi año se resume en estos últimos 4 meses en los que decidimos cancelar el casamiento con mi ex. Así de jodido, o por lo menos así lo vi al principio después entendí que no casarnos fue un regalo del destino para dos pendejas con un largo camino por delante.

Descubrí que a veces los duelos suceden mientras no nos damos cuenta y que las casualidades no existen. Que aparecen en la vida los caminos que nos devuelven esencia como en mi caso fue mi primer amor, con la que puedo hablar durante 6 horas y reírme sin parar para entender un poco más todo. Aparece de repente un espacio como éste para escribir, despojar y sobre todo para conocer gente tan espectacular y distinta que hasta hoy no puedo creerlo.

Lo que sí me enseñaste es que la fortuna de cada uno puede cambiar en solo una noche y que eso no nos tiene que asustar. Aprendí que las cosas no son extremas aunque queramos que lo sean y que las decisiones sí pueden ser por un total. Un “no” significa una puerta cerrada. A veces con dolor, otras veces con bronca pero la puerta se cerró y el candado quedó del otro lado. Es sano, es necesario dejar de dar vueltas a ver que quedó detrás de la puerta porque lo que encontramos… es siempre lo mismo.

Aprendí que el cansancio se manifiesta en moretones, en mareos y en flacura. Aprendí que los amigos son el mejor remedio a todo síntoma de toda enfermedad o cuadro físico o mental que nos pueda estancar. Aprendí que los padres envejecen y duele.

Dudé la idea de ser mamá, dudé la existencia del amor hasta que mi ex a millones de kilómetros me hizo entender que si hoy, después de tantos años y tantísimas lágrimas podíamos reflexionar juntas sobre las situaciones, es porque el amor estuvo y está y tiene toda la razón en esos ojos que le brillan y la mueca de la boca para el costado cuando habla cosas serias.

2017, me enseñaste que hay que vivir con los ojos abiertos, recordando todo el tiempo qué es lo que nos hace bien qué nos trae a actuar como actuamos cada día. Me hiciste entender que lo importante que es recordar las razones por las que vivimos de la manera que vivimos. Hay que despojarse de los miedos al cambio porque el cambio está permanente y me enseñaste que el cambio es necesario, es sano, es salud. La mente necesita mutar y el cuerpo lo pide a gritos. Las anginas no son solo anginas, cuando caigan en reposo vean más allá y pregúntenle a su corazón si hay algo que lo que puedan ayudarlo.

La sinceridad es mi mayor aprendizaje de este año. El valor de ser sincero y decir verdades, aunque duela “la verdad lastima solo al principio”. No tengan miedo de decir cuánto les gusta alguien, no tengan miedo decir que ya no quieren más.

La sinceridad y la verdad son puentes de respeto. Cuando yo recibo verdad no me queda más respuesta que el amor.

No quiero ser la versión berreta (si es que se puede ser más berreta) de Claudio María Dominguez, pero sí necesito decirte 2017 que a mí el dolor me abrió los ojos, la traición me hizo quererme más, me hizo ver la realidad y hasta me hizo sentir el sabor de las comidas. Por esa intensidad con la que me obligaste a crecer y por esa cachetada con la que me regalaste una vida nueva, puedo decir que fuiste hasta ahora, el mejor año de mi vida.

(Vamos a darle crédito al 2001 cuando me enamoré por primera vez).

(Sean sinceros, no tengan miedo porque después de un paso, hay otro paso más).

¡Feliz año nuevo!

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