Si de amores platónicos hablamos…

Quien no haya tenido un amor platónico que deje de leer inmediatamente, porque no va a entender ni en cien años, la locura linda y placentera que genera la imaginación incentivada por palabras ajenas. Y lo lejos que se puede llegar… Amar, reír, llorar, odiar y volver a amar.

Si tuviera que hablar de historias fugaces y platónicas tengo que hacer mención de un hombre muy especial, al que solo vi dos veces. El resto de los días fueron mensajes con mil kilómetros de envío. Fue tan grande y lindo que soñábamos que me instalaba en su ciudad, como iba a ser la habitación, la churrasquera, los viajes y hasta los hijos. Jamás había sostenido una relación a distancia y créanme… que si no es una relación sólida, se complica. Tuvimos discusiones y peleas que jamás imaginé, por lo menos hasta los dos años de estar juntos.

Fugaz como empezó, terminó. No nos dimos la oportunidad de hacer las cosas bien… Queríamos todo, ¡y lo queríamos ¡ya!

Me guardo el recuerdo de sus manos en mis pechos después de haberlos besado, el reflejo de su rostro en mi cintura y el perfecto ensamble de siluetas cuando dormimos abrazados. La nostalgia de su mirada en mis lunares, sus manos en mi pelo. Me dejo las explicaciones en el aire, los besos que no llegaron por texto, las caricias que no voy a dar porque eran solo suyas. Mil orgasmos que me regalé pensando en él y otras mil canciones dedicadas… Tanto Cortázar, tanto García Marquez en ese corazón duro como el algodón.

«Un solo punto del corazón puede expandirse hasta liberar el mundo»

Deepak Chopra.

Liberaste en mis sueños reprimidos, mis miedos más absurdos. Me ayudabas a conocerme y solo eran comunicaciones escritas y risas inalámbricas. Nada me llenaba más, que esa sensación de atemporalidad cuando nuestras sonrisas se hacían sonoras. Cundo por un ratito vos no estabas allá, ni yo acá… sino ambos en un limbo de palabras.

“La única necesidad verdadera que tiene toda persona es ser considerada real»

¿Habremos sido reales en nuestro propio cuento? Tan reales como nuestros cuerpos pintados en un cuadro, como los relatos dedicados y las leyendas surgidas. Real como quien encuentra un sol de noche y esa hora de luna en el cielo aún celeste.

“Cada segundo en una puerta a la eternidad»

Abrimos miles de puertas y no atravesamos ninguna. Hicimos eternos nuestros besos en lo onírico de su concepto sin habernos probado un solo segundo en los sabores del descontento.

Siempre serán especiales esos amores platónicos que, a diferencia de los otros, llenan el corazón desde el oído, de afuera hacia adentro; creando una coraza de ilusiones que penetran hasta su centro y terminan en una implosión de nuestro ser, derramando lágrimas a más no poder…

«Le escribo un poema a tu espalda. No he terminado de amarte»

Omar Ochi.

Hasta siempre señor de las malas experiencias. Lo esperaré hasta que las ausencias ya no sean… hasta que lo nuestro se vuelva real.