No sos el personaje principal

“Siempre te hicieron creer que venía lo mejor”

Revise, hoja por hoja, toda mi vida…

Sabía lo que iba a encontrar, pero no tenía una buena razón para tirarme atrás esta vez.

La familia, los amigos, la escuela, la facultad, los lugares, los olores… todo se agolpaba como un collage sin sentido, como un camino largo que no llevaba a ningún lado.

¿Por qué?

¿Qué sentido tiene, para que sirvió?

Fue un deleite parar en cada momento feliz, recordar cada sonrisa como si hubiera sido perfecta, idílica.

Levantaba un poco la mirada. “No era así” pensaba. “Nunca tuve algo perfecto” seguía.

“Sera otra poesía linda pero mal rimada”

Suspire y mire el techo. Había sido un paseo. Había visto solo lo que quería ver. Había sido una buena experiencia hasta ese momento.

Pero no vine a leer triunfos, vine a leer la gloria y la pena por igual.

Baje la cabeza y empecé…

Encontré todo lo malo y lo fui sacando, lo agolpe palabra por palabra a un costado. Quería responderme una pregunta y solo podía hacerlo buscándola en ese grupo de malas experiencias.

En el montón encontré todo: fracasos, papelones, peleas, lágrimas, encierros, cuestionamientos…

Como sabia, no soy inmune al recuerdo. Duele cada letra como la primera vez que lo viví.

Ordene todas las malos momentos uno arriba del otro hasta que sus letras ocuparon toda la habitación. Coloque la pregunta en lo más alto de todo.

¿Por qué?

Estuve horas buscando respuesta. Pero no la encontré.

Principalmente, porque pase por alto que es imposible diferir que fue lo malo de lo bueno. Es raro, pero cada frase de esas hojas que denotaba mi historia, lo que fue y lo que iba a ser, no tenia idoneidad como misma, se pegoteaba con el resto y no dejaba ver su verdadera cara.

Lo que yo pensaba que era netamente malo, demostraba tener siempre un lineamiento bueno, y viceversa.

¿Por qué?

Volví a preguntármelo. Tenía que haber un final, un principio, una razón para todo.

La gente se vivía llenando la boca diciendo que “todo pasaba por algo”. Yo no lo veía. Ni para lo bueno, ni para lo malo.

Me agarre la cabeza en la bronca. Suspire producto del cansancio y el largo trabajo. Ahí estaba con todas las hojas desparramadas rodeándome, con ninguna respuesta y una gran frustración.

Me iba a rendir. Lo juro. Pero decidí rearmar las hojas y releer una última vez.

Me di cuenta. Fue un golpe durísimo.

Con las hojas en un solo lugar, y pasando cada hoja en un terror que crecía y crecía, llegue a la respuesta…

Esta historia no se trata de mí.

Yo no soy una historia de revancha.

Yo no soy una historia de superación personal.

Yo no soy una historia de amor ni amistad.

Yo no soy el héroe.

¿Cómo fui tan ignorante? ¿Cómo no me di cuenta antes?

Me tape la cara y solté el llanto.

Entendí todo…

No iba a haber vuelta atrás con esa mina que deje ir por tarado, no iba a arreglar esa relación con un amigo de toda la vida, nunca iba a redimir el error que cometí con uno de mis hermanos, nunca iba a ser el ejemplo del que todos hablaban, nunca iba a tener esa casa grande con mis hijos y mi pareja.

Todo fue tan claro y devastador que me dejo cabizbajo.

No existen vidas perfectas para gente como vos o yo.

No existen telones ni créditos para gente como vos o yo.

No existen finales felices ni tristes para gente como vos y yo.

El porvenir no tiene algo pensado para mí. Solo me dejo escribir en esta cosa que tengo adelante todo lo que me paso. Esa prosa de paz y guerra llamada memoria.

¿Por qué?

Aprendí lo que tuve que aprender. ¿No es suficiente?

¿Acaso nada de este libro sirve para seguir escribiendo mi futuro?

¿No puedo tomar rienda y escribirlo yo?

La respuesta fue nuevamente devastadora.

Sabía que podía escribir para adelante pero todo lo que pusiera sería mentira. Sabia que podía arrodillarme a esa mano de suerte y casualidad que denominamos destino y pedirle que me tuviera compasión cuando me diera sus letras.

Pero no le vi sentido. Ya tenía la respuesta.

Mi alma se apago por un rato y pensé que diferencia hubiera sido que en ese momento partiera y no volviera jamás.

Incluso lo deseaba. Un suspiro y no volver a intentarlo. Simplemente dejar fluir la sombra y terminar en el olvido…

Tan triste como hermoso. Tan simple la salida como la llegada.

Pero llego la segunda epifanía y me retumbo aun más fuerte que la primera.

No soy el personaje principal. Soy libre.

“Soy libre” Me lo repetí.

No tengo un destino que escriba mi vida.

Soy libre de equivocarme, de no ser el que va a llegar a la línea final.

Soy libre de pelearme y de distanciarme de los que quiero. Y de los que no.

Soy libre de no tener miedo, de vivir acompañado o de caminar el mundo solo.

Soy libre de vivir momentos felices con otras personas incluso si por minúsculos mueren en el olvido.

Soy libre de saber que no todo en la vida vuelve, que por algo malo que me paso quizá nunca tenga revancha.

Soy libre de causarle bien o mal a alguien y después sentirme bien o mal por eso.

Soy libre de morirme rodeado por todos mis seres queridos o solo en una cama de hospital.

Soy libre de hacer lo que quiera y terminar donde quiera.

Soy libre de no sentir culpa por lo que me toco vivir.

Me reí.

Cerre el libro. Entendí todo. No me falto nada.

Que el destino escriba sus putas historias con finales felices y gente con problemas mundanos.

Yo no soy parte. Me lo dejo claro.

Me levante de la silla, decidido a hacer lo que la vida y el espíritu me ordenaran. Y ahora sabiendo que quizá me esperen la pena,  la gloria o las dos juntas. Pero, no importaba, no voy a vivir soñando con lo ideal, ya me convencí de que nunca viví algo perfecto.

Ahora voy a vivirlo y punto.

Mire para arriba, y todavía estaba la pregunta marcada.

¿Por qué?

Acomode un par de letras abajo.

Porque soy libre de hacerlo.