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Yo, bomba sexual

Confieso que el relato siguiente puede traerme numerosos problemas. Así y todo, pienso revelar uno de los secretos que guardo con mayor cuidado, producto de mi pertenencia a la “Sociedad Secreta Ancianos de Mendoza”. (SSAM) Corresponder a la misma, haber compartido numerosos asilos, frecuentar partidas de ajedreces placeros, recibir relatos entre bocha y bocha, por nombrar algunos, me ha dado un vasto conocimiento de secretos y mañas canosas como puedan imaginar

Vamos a los hechos.

Ya desde mi juventud se corrían los rumores por los campitos de la zona, que los “Ancianos de Rodeo del Medio” poseían vigorosos beneficios producto de algunas características del lugar. Con la muchachada tratábamos de inmiscuirnos en esos encuentros que los mismos tenían alrededor de una canchita de bochas cercana, para aventajarnos con algunas noticias, que entre los jovatos se manejaban con cuidadoso recelo. Tal fue la tarde noche que oímos hablar de las ventajas salvajes que tenían estos hombres del este a la hora de “hacer el amor”.

Parecía ser que el fornique, al contrario que para el resto los mortales, era para los compadres lo que es el tiempo para el vino.

A medida que los años se aproximaban sus aventuras crecían en contenido, en tiempo de duración, y en “dura-ción” misma. Se sabía que las damas de aquellas épocas elegían los alrededores de Rodeo para instalar sus pequeños emprendimientos, mercerías alborotadas en una misma cuadra, modistas trabajando a domicilio, y viejas curanderas que hasta gratis ofrecían sus dotes a cuanto viejo mendigo se les pasaba por delante.

Fueron muchos los reclamos por supuesto de las damas oriundas de la zona, producto del exceso de oferta de mano de obra femenina,  los que no hicieron más que engrosar el archivo de otras series de reclamos que describiré en ocasiones venideras. El tema es que con el paso de los días se empezó a sospechar que otra cosa podía esconder este crecimiento demográfico de vejestorios bien cuidado, ya que aquellos paisanos caminados, parecían rejuvenecerse entre sonrisas de oreja a oreja permanentes.

Sus manos resultaban cuidadas de uñas, cutículas y demases. Lisas como la piel de un bebe. Decían ellos que era la moda corriente a sus hembras, pero las bichas damas ya sospechaban que se trataba de engaños encubiertos; lo que les resbalaba por supuesto a los pachuchos, a sabiendas del cúmulo de patronas dispuestas por metro cuadrado.

Para todos los días transcurren y lo fue también para los Dones. Lo que trajo sin dudas un puñado importante de viudetudas cagadas de angustia nuevamente. Dicen las Chusmas de Rodeo (aclaro que la fuente no es fidedigna) que se las veía a muchas enfilar hacia el oeste murmurando quejidos y llantos; es más, agregan las chismosas estas que cada tanto frena un expreso en el centro de Rodeo con viejitas que se dan una vuelta al barrio con la esperanza de comprobar la leyenda que sus abuelas les contaron seguramente.

Así mis días transcurrieron, desde la escucha a escondidas, con las ansias que un nene espera llegue su cumpleaños para jugar con el chiche nuevo. Vinieron el casamiento, los hijos y hasta los nietos, y del chiche ni noticia. Hasta que hace un par de semanas me vi al espejo y recordé aquella entrañable noticia que nos enterábamos de los “Viejos de Rodeo del Medio”. Pero hasta acá llego mi resguardo, aprovecho la misma para protestar a quien corresponda que nada de esto es cierto. Muy por el contrario. Y no soy el único eh…

Aquellos que por años justificaban sus dotes insaciables de macho, en que el polvo que bajaba de la cordillera y se juntaba en esta zona rural, causaba algunas deficiencias pulmonares pero aumentaba el flujo sanguíneo que irradiaba a las extremidades “todas” durante años.

Aquellos que nos hicieron creer a los Jóvenes ávidos de Rodeo, que tomar tanta agua de la acequia como podamos luego de almorzar reforzarían la durabilidad, el vigor, y hasta alguno aventuró con centímetros de más.

A aquellos que formaron sus arenes con pobres nonitas exiliadas en busca de esas fuentes de felicidad, les digo: ¡cuánto mal nos han causado!

Que masajes, que baños de inmersión en canales congelados, y tantas otras patrañas que nos hicieron creer han hecho de este crédulo vetusto un prometedor de asañas incumplidas. Imagino sus sonrisas y guiñes cómplices al tirar esos comentarios, sabiendo de nuestra existencia metiche y de que el saber cuánto chisme surgiera, nos hacía emprender hasta las más difíciles tareas. Ni siquiera ésto los amedrento a los viejos chotos esos. Todo esto me dije al espejo en segundos. Hoy yo, un viejo choto tal vez, se señalaba después de tanto tiempo.

La pava sonó en la cocina y entre mates y mates mire a Daisy, mi Lazy Daisy, a los ojos firmemente, seguí su silueta por cada rincón, y descubrí el secreto de aquellos achacosos guerreros que como sabios adelantados, descubrieron la fórmula para evitarles “duros” problemitas a sus venideros. Finalmente  fue así que note la felicidad con que mi mujer luce sus curvas, en exceso por supuesto, pero suyas como el ADN de la sangre; fue así que me vi hasta con confianza de proponer un mañanero, desistido de movida por mi mismo por temor a un sí de respuesta; fue así que comprendí luego de tertulias con los camaradas esperando este momento, que las viejecitas inmigrantes venían en busca de algo más que los rancios trípodes, venían en busca de la pasión con la que los “Viejos de Rodeo del Medio” cuidaban y recibían a las féminas, cual eterno viagra lo es hoy para la muchachada.

Yo bomba sexual, te sigo buscando vieja. Yo bomba sexual cuanto te agradezco me hayas bancado en mis momentos de stress y cansancio. Yo bomba sexual, brindo por los veteranos que me regalaron uno de los secretos mas preciados. Salud.

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