Yo, Mendolotudo…

Dentro de las habilidades emocionales que pregona la inteligencia emocional, existe una muy importante para “posicionarnos, como se dice comúnmente, en la vereda de enfrente”: la Empatía.

Esta facultad nos permite observar los comportamientos de quienes nos rodean y entender mejor sus reacciones, sus emociones y sus ideas de acuerdo a como se desenvuelven en la vida cotidiana.

La utilizan los actores para preparar un personaje, los escritores para mostrar con letras como otros visualizan iguales situaciones de distintas maneras, y un psicólogo al escuchar a su paciente para otorgar las palabras que lo ayuden a seguir su rumbo.

En esta primera entrega quise empezar por el principio, buscando las razones, los motivos, las ideas, la cordura, la fuerza y hasta la locura que por momentos requiere ser un Mendolotudo.

Como cada historia la del buen Mendolotudo también tiene su razón de inicio, no muy estricta en cuanto a la fecha pero si en cuanto al momento. El que se reconoce como aquel en el que un individuo o grupo de ellos decidieron salir del molde en el que geográficamente y socialmente se encontraban inmersos. Desde un simple cambiar de pasos y  quitarles el velo a las ideas conservadoras y silenciadas de una sociedad tan estructurada como la de nuestra región, salieron a la luz para hacerse escuchar, para hacerse leer.

A veces, en muchas de sus notas entusiastas que se muestran como ideas desordenadamente ordenadas suelo indagarme a dónde va esta bola de nieve. Y lo mágico es que no pretenden llevarnos a ningún lado, más que aquel al que queramos, a partir de un disparador, ir nosotros mismos. Hay quienes pretendes encontrar tintes políticos, actos discriminatorios, colores de camisetas, y tantas divisiones fantasmas de las que sin dudas adolece este grupo de personar que no ansían más que divertirse, mostrar lo que el fruto de la mezcla entre el talento y las ganas pueden hacer, y recibir solidariamente las cachetadas que dan a nuestra querida y tan mendolotuda provincia.

Hoy me inmiscuyo en las entrañas del Mendolotudo, para ser “yo, Mendolotudo…”, para saber que en cada rincón de nosotros están, en ese costado que intenta salirse de la rutina y de las tareas diarias, para dejar volar la imaginación, darse un chapuzón bizarro tomando champagne del pico, y sacudirse los prejuicios mendolotudos que no hacen más que impedirnos pellizcar los caramelos de una piñata que también se revienta para nosotros.

¿Se puede entrar y salir de este juego? Totalmente

¿Se puede leer El Mendolotudo online y después El Ámbito Financiero? Totalmente

Solo así habremos entendido que los caramelos no son todos iguales, que en la repartija la cantidad nos permite elegir mejor, y que si a alguien le falta algún caramelo también podemos ser uno de nosotros. Solo así daremos un paso adelante en una sociedad que no se permite errar y salirse de la vaina por temor al que dirán.

Yo, Mendolotudo…

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