Corazón roto Parte I

La otra óptica de la historia está en esta nota: Infidelidad (primera parte)

Ella trabajaba en una papelería por la calle 9 de julio. Dos veces al mes me acercaba a esa papelería para comprar un papel que me pedían en la oficina. Me acercaba al negocio y ella me sonreía al verme, con los rayos del sol que caía sobre su cara, quizás la única cosa bella que alumbraba en ese local oscuro. Me entusiasmaba mucho ir a comprar el papel, pero por complicaciones en la oficina, no tuve otra que llamarla y encargar por teléfono. Pero algo de contacto tenía que mantener. No quería perderla.

Me preguntarán que tenía en especial esa mina y una cosa que me enamoró es su sonrisa, me hacía el boludo para que me atendiera solamente ella. Sentía una cierta conexión con ella, ¿no les ha pasado?

Charlábamos por teléfono, ella daba indicios que yo le interesaba, eso me gustaba. Hacíamos rebotes de preguntas y respuestas. Cada vez más enamorado estaba, hasta que hice el famoso paso y la invité al cine. Todo transcurrió con normalidad. Éramos el uno para el otro. No había nada forzado, todo natural. Ella reía, le gustaba que le hiciera chistes, pero también la escuchaba y al ser un poco mayor que ella, siempre la aconsejaba por si habíamos tenido alguna experiencia cercana. Así pasó el tiempo, mi vida se acostumbró a la de ella.

La primera vez que hicimos el amor, de besar todo su cuerpo, su cuello, sus pechos, de recorrer todo con mis manos. Su perfume. Si éramos el uno para el otro, nuestros cuerpos también. No había nada disimulado, cuando ocurre todo a la naturalidad, sabes que estás en lo correcto, que no hay dudas.

Ella era una de las pocas personas que me soportaba, que podía estar conmigo sin sentir alguna especie de rechazo. Había estado tanto tiempo solo, por elección, pero al conocerla, cambia todo y quería compartir mis logros con ella. Tan así, hasta que la invité a vivir conmigo y ella aceptó. A partir de ahí, mi felicidad era muy grande. Además de mi novia, lo mejor de todo, era que también tenía a una compañera de vida.

Un tiempo luego, tuvimos nuestra primera pelea fuerte (hemos tenido anteriormente, pero nada algo grande), pero ocurre que cuando uno está muy alterado no piensa con la cabeza en frío y no recuerda bien que es lo que pasó, si mal no recuerdo, era algo relacionado con el trabajo. Pero puteada va, puteada viene, me fui directamente a lo de Luis.

Ese día estaba tan enojado, pero también frustrado por mi trabajo, que realmente me absorbía una buena parte de mi tiempo y costaba mucho encontrar ese equilibrio entre mi vida personal y laboral. En esos 4 días que estuve afuera de nuestro departamento, cada vez que recordaba nuestra pelea, automáticamente me traía la imagen de ella sonriéndome en aquella papelería y se me pasaba, hasta que decidimos que era hora de volver al departamento.

Continuará…

Escrito por Jerome Valeska para la sección:

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