Entrevista con una prostituta VIP

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Organizando la despedida de un amigo me llegó su contacto… “Mirá, es carísima, pero no te podes dar una idea de lo que es esta mina”. Más allá de que ni siquiera atiné a llamarla cuando me dijeron el precio, me quedé pensando. “Qué bueno sería entrevistar una mina VIP para el Mendolotudo, para que conozcamos que piensa y porqué hace lo que hace”, era lo que me carcomía la cabeza.

La llamé, me presenté de antemano. Por suerte nos conocía, por mucha más suerte aún le gustábamos y la hacíamos reír. Le comenté mi idea. Me dijo que sí, que le pintaba, siempre y cuando sea algo serio y textual. Le dije que sí, que esa iba a ser la gracia. Me preguntó por el lugar, la cité en un café, me dijo que no, que prefería que fuese a su departamento.

Dos días después, a las cinco de la tarde, estaba en pleno centro, en un edifico de puta madre tocando el timbre de Mayra. Subí hasta el cuarto piso, golpee la puerta. Una rubia tremenda abrió…

– ¿Mayra?

– No, pasá. Se está terminando de arreglar.

Cuando entre no supe si mirar a la rubia o mirar el semipiso en el que estaba. Era un lujo, pisos de madera, ventanas gigantes con vista a la montaña, desniveles, una barra de roble y mármol, una tele de no menos de 40 pulgadas. Todo impecable. La rubia me dijo que tomara asiento.

Entonces la vi venir. Se salía de bañar, estaba con el pelo mojado y una bata ajustada, no tenía corpiño y no había que ser ningún vivo para darse cuenta. Sus ojos azules profundos y el pelo negro, junto a su tez blanca, generaban un contraste impresionante. Se movía como una gacela y eso que estaba descalza. Me saludó con un beso en la mejilla y me ofreció tomar algo.

– Lo que vos tomes.

– No es hora de tomar lo que yo tomo. ¿Queres un wiski?

– Bueno, con hielo si puede ser.

Se dio vuelta y caminó hacia la barra. La humedad de su piel hacía que la bata se le pegara al culo y dejase ver la turgencia del mismo. Bamboleaba las caderas como una serpiente. Se puso a preparar dos wiskis de espaldas a mí, yo no podía dejar de mirarla. Los gemelos perfectos delataban el prólogo de unas piernas firmes, que sostenían la gloria más firme aún. Cerré los ojos conteniendo mis pensamientos y me miré el anillo de casado, como para volver a la realidad. Me estaba mirando a través del vidrio de la barra, lo supuse por su pregunta.

– ¿Hace cuánto que estas casado?

– Dos años.

– ¿Cuántas veces por semana te la coges?

– Estemmm… no se – dije algo nervioso – no llevo la cuenta.

– Si queres mantener un matrimonio feliz te la tenes que coger mínimo cuatro veces por semana. La cuota de sexo es mucho más demandante que la cuota de amor a medida que pasan los años, más tentadora y más divertida.

– Y más fácil de conseguir también.

Esta respuesta parce que no le gustó ni mierda, dejó de servir se dio media vuelta y me clavó los ojazos azules esos en el alma.

– ¿Has estado con una puta?

– No.

– ¿Por qué?

– No sé, me da cierta pena – dije haciéndome el filosófico.

Parece que esta respuesta tampoco le gustó, porque se me vino como un viento. Enderezó mi silla dejándome sentado bajo ella, se me sentó en la falda, con movimientos finos y programados se me acercó, me mordió suavemente la oreja y entre dientes me dijo.

– Te podría hacer acabar solo con mi lengua y mañana estarías desesperado buscando plata para cogerme, después de verme durante algunas semanas se me podría ocurrir jugar con vos y decirte que no te cobro más. Te aseguro que en menos de dos meses planto una duda en tu cabeza y te arruino el matrimonio. Así que no digas que no has estado con una puta por “pena”, no has estado por que no sabes buscar, porque no te animás o porque no tenes guita. Conmigo podes ser sincero.

Me dio un beso en el cuello, se paró y se fue a terminar de servir los wiskis. Yo estaba tieso, en todo sentido.

– Respecto al tema de la “pena” – me dijo mientras se acercaba a la mesa con los dos wiskis sin dejar de bambolear el culo – ¿Cuánto trabajas?

– Bastante…

– ¿Te gusta lo que haces?

– Más o menos, bha… menos que más.

– ¿Y ganas mucho trabajando?

– No lo que creo merecer.

– Eso da pena. Mira… yo me recibí en la UNC, me dediqué dos años a trabajar de mi profesión, ad honorem, sin ganar un mango. Me mantenía trabajando de promotora, desde los 18 años. Siempre me gustó el sexo, soy ninfómana se podría decir. Una vez me ofrecieron guita y agarré viaje porque el tipo era precioso, de ahí nunca más dejé de cobrar por coger. ¿Te has cogido muchas minas?

– No

– ¿Te gusta coger?

– Si obvio, per…

– Pero nada… ¿sabes cuántos tipos que me han encantado me he cogido?

– Calculo que muchos… ¿Sólo coges con lindos?

– No, pero los feos pagan mucho más. Casi que elijo yo se podría decir. Trabajo de noche, cuatro veces por semana, haciendo algo que me encanta, que disfruto y me hace gozar. Tengo este departamento mío, una casa en el Dalvian, varios departamentos en alquiler y dos autos ¿vos dónde vivis? He viajado por todo el mundo también… varias veces. Puedo trabajar en cualquier parte, mi título me lo permite, ¿vos podes?

– No

– Tengo apenas unos años más que vos, objetivamente… ¿quién da pena?

– Yo estoy casado y enamorado.

– Punto para vos. En algo me podías ganar – dijo y se prendió un pucho – la gente no entiende que la vida corriente u ordinaria por decirla de un modo más crudo, no es lo que todo el mundo busca. Esa foto de esposos felices, con hijos y en una casa en un barrio privado no es lo que todos queremos. El novio ideal no está en mis planes.

– ¿No estás de novia?

– Tengo amantes.

– ¿Y estas enamorada de alguno?

– ¿Te has cogido a una empleada o compañera del laburo?

– No.

– Si lo haces vas a saber porque no estoy enamorada. Para mi es increíble que una persona solo coja por estar enamorada, o que no tenga sexo casual y libertino por no sentir amor, o por mantener un estado fiel. Así como vos no entendes mi putez, yo no entiendo tu virginidad mental.

– No es tan así, también hay cosas que a cualquier persona lo pueden amilanar… vos decis que coges con tipos distintos cuatro veces por semana ¿no tenes miedo de quedar contraer una enfermedad o quedar embarazada?

– Respecto a la primera tomo todas las precauciones posibles, pero es algo que está en juego, una nunca sabe. Respecto a la segunda tengo dos hijos “del corazón”, hijos de sangre de dos amigas que quedaron embarazadas y las convencí de que en vez de abortar me los dieran a mí. Ellos las siguen viendo, pero yo los mantengo y hago las veces de mamá. En el ambiente que me muevo puedo tener cuantos hijos quiera… y mantenerlos a todos con lo mejor. ¿Vos tenes hijos?

– No aún.

– ¿No podes?

– Poder, puedo, pero todavía no tengo ni las ganas ni los recursos.

– ¿Recursos?… patético. Los hijos no consumen “recursos”, la gente común planifica demasiado las cosas. Cuando todos vivan un poco más el día a día el mundo va a ser más feliz. Empezá a cogerte a tu esposa sin cuidarte y dejá que la naturaleza fluya.

– ¿La naturaleza fluya? Que loco que digas esto… ¿Y si quedaras embarazada de un cliente?

– Mis clientes no son como vos, son tipos de mucha guita… políticos, empresarios, gente de la farándula. Seguramente lo que cobro en una noche sea parecido a lo que vos cobras en un mes.

– ¿Y qué tiene que ver?

– ¿Cuantos políticos, empresarios o famosos tienen hijos con prostitutas?

– No he escuchado nunca a ninguno…

– Es porque esto se maneja todo con operadores, intermediarios. El operador te conoce, sabe quién sos, de donde venis y toda tu vida. Es el que le maneja la agenda a los grosos y sabe de vos. Si por esa mala casualidad de quedas embarazada, a los tres días sos boleta. Total, sos una desconocida. No es mi negocio embarazarme de un pez gordo, ese es otro camino que se arranca como todas las botineras que ves en la tele. Las chicas que tomamos esto como una carrera sabemos cuáles son las alternativas a seguir y hasta cuando retirarnos.

– ¿Y cuándo te retiras?

– ¿Cuándo te retiras vos de tu trabajo? – me retrocó la pregunta Mayra.

– No sé, cuando sea viejo.

– Bomur… esto es un trabajo como cualquier otro. No soy como las chicas que trabajan por necesidad, yo lo hago porque me encanta estoy y de paso gano mucha plata, es una cuestión de conveniencia. Ninguna compañera de estudio mía gana la mitad de lo que gano yo, yo soy mi propia empresa, mis empleados me buscan clientes a comisión, y mientras más alto llegan, más caro me salen, pero mejores ganancias me generan. Tengo operadores míos en tribunales, en toda la casa de gobierno, en empresas grandes, en hoteles cinco estrellas, casinos y boliches. Les doy trabajo a varias chicas, como la que te abrió la puerta y comen de nosotras muchas personas. Hacemos algo que nos gusta y cobramos por ello, hasta que no entiendas esto no vas a entender cuándo voy a dejar de hacerlo. No hay otra cosa que me den ganas de hacer.

– Yo siempre pienso que en algún momento te van a dar ganas de hacer otra cosa, porque las mujeres tarde o temprano se enamoran de alguien y les da ganas de estar con esa persona toda la vida, como una especie de hombre ideal que no quieren dejar escapar.

– Tu pensamiento es básico, como el de la mayoría de los hombres, que creen que las putas necesitamos de ese “príncipe azul” que nos venga a “sacar” de la “miseria” en la que vivimos – Me dijo Mayra elocuente mientras hacía señas con sus dedos en donde iban las comillas – Si me engancho un tipo de guita, seguro me termino garchando gratis al jardinero, porque lo que me gusta es el sexo, más que la plata. Esa idea de macho salvador es patética y machista. Tengo varios departamentos míos en alquiler, podría vivir de la renta y sin embargo sigo trabajando todos los días, es algo que me llena de adrenalina y vida. No me veo cocinando para mis nueras o durmiendo un viernes a la luz de una película romántica. Eso no es para mí. ¿Ganas mucho escribiendo?

– No, es más por pasión.

– Si a la pasión le pusieras precio estarías prostituyendo contenido. ¿Lo harías?

– Nos lo han propuesto y no lo hemos hecho, ¿vos que sería lo último que harías?

– Enamorar a un tipo casado y feliz. Sobre todo lo demás, dispongo de las propuestas. En fin… lo más “loco” que he hecho hasta ahora es dar una entrevista a una página web, así que cuando quieras podemos arrancar, ¿qué me vas a preguntar?

– Creo que no tengo más nada que preguntarte…

– ¿Terminamos acá?

– Yo casi termino – le dije y me paré para saludar e irme.

Con una sonrisa que dejaba ver un puñado de dientes perfectos y blancos Mayra se paró para acompañarme a la puerta del departamento. Me preguntó cuándo iba a salir y me advirtió con publicar fotos de ella o su departamento. Antes de irme me terminé de un tirón el wiski y me dirigí hacia la puerta. Ahí me abrazó fuerte, apretando sus tetas duras contra mi pecho y nuevamente me mordió la oreja despacito…

– Acordate… cuatro veces por semana como mínimo – y me dio un beso en el cuello.

Esa noche tuve una de las mejores noches de sexo con mi esposa.

ETIQUETAS: