/Eterno Atardecer: «El nombre del beso»

Eterno Atardecer: «El nombre del beso»

–Así que ¿Dana…? Mira vos…

–Sí, Rubén. Nunca te lo dije, pero si mal no recuerdo, tampoco lo preguntaste. ¡Algo tan importante como el nombre!, y se nos pasó. Aunque hubieron varias cositas que no te coment…

¨…Dana, ¿Dana?.¨ No podía abandonar esas cuatro letras y escucharla.

–…podés estar enojado, y no te culpo; pero yo tampoco me esperab…

¨Dana, Dana…¨, tan simple. El sonido de la lluvia es uno solo, tan ella. El sonido de un relámpago es inconfundible, tan ella. Ella había sido una tormenta de verano, que ahora tenía su propio sonido, Dana. No hay más nada que saber, cuando encontramos el dato que necesitamos, el que faltaba saber para ponerlo en su sonrisa, en su escote, su voz, su histeria, su hijaputez, a su todo. Un nombre para la tormenta en mi café.

–…con vos, hablando, bailando –seguía como una música de fondo a mis pensamientos,la Flaca–, y fuiste el paréntesis de felicidad por el que había ido a la fiesta, y que just…

Y le corté…

¨¡Qué lo parioo!¨, otra vez…, otra vez estaba pasando. No quiero sentirme vulnerable tan pronto, no digo manejar todos los sentimientos, pero al menos la pérdida del auto control con la llegada de ese ¨alguien¨. Escabullirse para salvar vidas.

¨Dana, ¿Dana?, ¡DANA!¨, sostuvo el eco de su voz sobre el silencio del teléfono, que cada un minuto volvía a vibrar, desde el mismo número, dejando sus réplicas en las paredes del baño del café. El espejo me miraba sorprendido, me indagaba frunciendo mi seño, dejando al descubierto la actitud que acababa de tener. ¿Ridícula?, no lo sé; pero cuando el miedo de saltar al abismo sin paracaídas, deja de ser adrenalina para convertirse en pánico, lo más inesperado nos invita a pensar, para tomar conciencia y decidir entre ser un ridículo o ser un crédulo ridículo.

En este estado, cuesta creer en quien lo produce. 

No sé que hacía con el libro en el baño, pero apoyado contra la puerta, en el suelo, lo abrí para buscar sus palabras: ¨Los besos tienen nombre y apellido, tienen tipificación, carácter y hasta una cierta personalidad… Solo así se desenvuelven activamente, se independizan de los límites sugeridos, se exasperan y hasta se deprimen…  Solo así serán recordados a diferencia de los simples…, solo por eso cobra vida una boca que vuela al encuentro de su correspondiente literal, para formar el beso. Lo hace en busca de su identidad…¨

¿De qué manera los hubiera recordado, sin saber su nombre? Dana.

–¡Aaabuu…! Te buscan –suena, tras la puerta, la vocecita de Barbarita.

–Ahí salgo, Barbi, que me esperen un minutito.

Al salir del baño me topé con ese metro setenta y mil, desafiando la gravedad con su cadera recostada sobre la derecha de mi vista, con sus brazos en jarra, y el maxilar esperando al primer y último round. La Flaca, la Dana, era un Tiranosaurio Rex bajo un chaleco cargado con dinamita, dispuesto a destruir la manzana completa si no la escuchaba.

–¿Vos me cortaste? –Dijo esfumando la sonrisa cómplice que intenté como bienvenida–. Vos y yo vamos a hablar, Rubén.

En fin, acá estoy, recordando. Caminamos cuesta abajo por la peatonal, girando, y pateando algo más de una cuadra hasta la plaza España. Y ni muuu…

–Subite, por favor. Vamos a hablar, pero en privado –agregó, tras el ¨pipip¨ de la alarma.

En fin, acá estamos, y yo sigo recordando. El primero en amarillo, el segundo en naranja, y menos mal que no quedaban semáforos terceros, para un viaje de pocas cuadras, y un silencio de muchas más.

La verdad es que no me sentía ofendido porla Flaca, todo lo contrario. La fiesta me había avispado de lo que la realidad me exigía, mi realidad; pero en ella el semblante era distinto. Similar, pero distinto. Sí. Similar por la fuerza con la que me devolvía miradas que como agua se escapaban para rociarla. Distinto, porquela Dana no tenía a mano los mensajes que yo había encontrado en aquel desayuno con la Fiore.

Su soledad era la orden del día para la asamblea de sus lamentos.

La espera por un café sin turno, horario, ni emisario, exaspera y entristece. Eso le pasaba a la Flaca.

Esperé cinco minutos desde que entró, y la seguí recordando su pedido. El ascensor se cerró con las sospechas del portero, y en el segundo piso se detuvo para encontrarnos otra vez, para subir en caída libre a lo que ya se respiraba de los poros.

–No preguntes nada, Rubén –me dijo por el espejo, apretando el once de la botonera.

Cuando lo que viene del otro es mucho más que lo que hay, y ni que hablar si lo que hay es la ¨nada¨, ser ignorados sirve igual que ser invocados, para llegar a las nubes, porque es genuino. Porque ser parte del otro suponen distintos comienzos, pero desconoce sus finales… Porque ser parte del otro implica, a veces, torcer los brazos que se niegan a un abrazo… Pero mucho más implica, respetar que el otro, sea efectivamente el otro. Y no ningún otro.

Tanto la Flaca como yo, debíamos dejar quela Danafuera el otro por primera vez.

En fin, acá estoy, y ya no recuerdo más nada. Soy presente dando pasos hasta un ventanal que se desnuda para regalarme la infinita cordillera. El aire que entra sediento para recorrer todo el departamento, para traer su perfume desde el pasillo, en sus pies descalzos recorriendo la alfombra negra y blanca del living.

Más cómoda, ahora ella. Menos cómodo, ahora yo. 

–¿Fumás?

–No…, gracias. Te va a dar frío así –le contesto a un tribal que se escapa sobre su espalda, entre el short de jean azul gastado y el top diminuto blanco.

–¿Lo decís por esto? –Me comenta, señalándose– No es por el frío, son así…

¨La puta madre¨. No lo decía por ¨esos¨, realmente no las había visto en esa expresión. Las mujeres que se apichonan cuando quieren, y se salen del saco mojado para volverse crueles con el calor, son las peores y las mejores. Son las que nos gustan a todos.

–No me vas a hacer entrar, Dana. No todavía. –Le dije, dándole el paso a su historia.

La Flaca no había podido despegarse jamás de su ex. Ella era el local que laburaba las veinticuatro horas del día para saciar los deseos de un tipo, el Nacho, que la buscaba cuando los de horario de comercio lo despreciaban. Saberse el último orejón del tarro la persiguió durante años, pero… ¿cuántas veces somos incapaces de decirle ¨basta¨ a las necesidades ajenas, para escuchar y elegir nuestras culpas, eliminando los cargos injustos de la conciencia? Estas personas son especialistas en hacernos difícil la tarea, de cargarnos la mochila con todas las culpas, hasta que gritamos ¨basta¨. La noche de la fiesta había sido el grito final dela Dana, pero aún tenía miedo, y según sospecho, sus deseos de hablarnos hoy tenían que ver con esos miedos, con la necesidad de no caer en la droga que la había enfermado durante años. De mantener sus defensas sabiendo que mejor sola, que mal acompañada. Algunas dosis de nuestra charla, habían sido el calmante indicado para amenguar el dolor y decir ¨BASTA¨. Tal cual lo contaron las horas, de sus dichos sobre el balcón.

Dice Eterno: ¨Cuando la noche está sedienta de promesas, uno se permite pedir por los deseos de las noches apáticas, las vacías… No hay mejor manera para compensar la desidia de la balanza de los encuentros mágicos, más que siendo infinitos con los pedidos de amor, en el océano de esas noches vacías…¨

Mis pedidos sobre el balcón son sus noches en paz, la que se aproxima, la noche que nos da el ultimátum del día con el atardecer sobre la montaña mendocina, el que ahora miramos, junto al silencio que perdura tras su charla solloza.

Mis pedidos son sus pies descalzos sintiendo la realidad del balcón, son este abrazo encerrándola en la baranda por detrás. Mis pedidos son el agua para la sed de su noche, son promesas sobre el balcón.

Y nuestros cuerpos van de dos a uno y medio, y se hacen uno…, y en la memoria aromática guardamos nuestros sabores rotulados, porque nunca más nos preguntaremos cuál es el nombre del beso. De nuestro primer beso.

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