Extraña soledad || Capítulo I: Amanecer

Se levantó como todos los días con ese ánimo que la caracterizaba, llena de energía y vitalidad, asomo su delgado cuerpo por la ventana y pudo apreciar la frescura de la mañana en la humedad de su los cristales de la habitación. Se vistió rápido con sus calzas azules y su top gris, su buzo de capucha negra, e Ipad en mano salió a correr por las calles de la ciudad, como habitualmente lo hacía antes de ir a trabajar.

Abstraída de la realidad en cada paso que daba, repasaba con detalle de las tareas del día, los momentos previos al desayuno, el baño, el camino a su trabajo, las tareas pendientes que le he habían quedado del día anterior, los correos por escribir, los informes por terminar y el balance a presentar en los próximos días coincidentes con el cierre de mes. Sin haber transcurrido mucho tiempo llego a mitad de camino a su lugar favorito, a su lugar especial, aquel que ella disfrutaba mucho, no sabía si era por el paisaje en sí mismo, o por la calma que este le trasmitía, pero allí se sentía confiada de sí misma, se sentía llena de amor y vida, allí podía pasar los días sin detenerse en el tiempo que transcurría mientras solamente se detenía y aprecia como el sol salía o se ponía, o como llovía lentamente como si el cielo le llorara, o como llovía torrencialmente como si el

mismo cielo intentase con todo sus fuerzas borrar el pasado…

– ¡¡¡Eh!!!

Sobresaltada volvió en sí y detuvo su feroz marcha.

– ¡¡Soledad hace rato que te llamo no escuchas nada nena!!!

– Mica, perdona, sabes que cuando salgo a correr me cuelgo en mis pensamiento y con la música a mil, no te escuche… ade…

– Bueno, Bueno escúchame no te olvides que hoy es el cumple de Mati y nos juntamos a las nueve. Llévate algo para tomar y nos vemos en el “depto.”

– ¡Uy! Cierto no hay drama estoy.

– Nena seguro va Dani, el amigo de Mati del que te hablé. Por ahí pinta algo y salimos después de comer.

– ¡Ah! Bueno si, no se…

– Bueno dale, chau… ¡ah! No te olvides de llevar algo, beso.

– Sí, sí.

– ¡Ah! Y Sol, no seas tan extraña, por favor, me matas cuando sos así…

Se quedó turbada por lo últimos comentarios de su amiga, que sonaron en eco particularmente en esta ocasión, a pesar de que no era la primera vez que se lo decía, sin embargo volvió rápidamente en si por que la conversación demoraba su regreso y se le hacía tarde para ir a trabajar.

Al llegar a casa, calentó el café y ducho rápidamente, no sin antes dejar caer bajo su piel sudada, una ráfaga de agua caliente que relajara la tensión en sus músculos.

Mientras se iba relajando volvió a su mente el comentario de Mica, ¿que le habría querido decir con eso?, en varias ocasiones Mica, la golpeaba en las reuniones con amigos o incluso cuando salían en busca de chicos, “¡¡Ay!! Sol, siempre tan extraña vos”. Se detuvo un instante en esa palabra, que era “ser extraña”, si ella siempre se comportaba de la misma manera, ¿como reprochaba su amiga ser extraño?

Su pensamiento se vio turbado nuevamente por que el agua se enfriaba, y nuevamente estaba tarde. Mientras se vestía retomo la agenda diaria y repaso todo lo que tenía que hacer e incluso incluyo dentro de las labores, comprar un detalle para el novio de su amiga y alguna bebida para la reunión. Al salir se cruzó con Martha, la señora que le ayudaba en los que haceres de la casa.

– Hola nena ¿Ya te vas?

– Estemm… si Martha se me hace tarde.

– Bueno, bueno, siempre corriendo ustedes los jóvenes… ¿que es ese olor?

– Nada Martha, seguramente, es… ¡EL CAFÉ!, me olvide lo deje al fuego…

– Esa cabeza loca, anda yo lo arreglo, estas cada día más extraña, nena, anda, besito.

Se quedó helada con la boca abierta, sin emitir más sonidos, otra vez esa palabra, que tenia de…

¡¡Ring!! ¡¡Ring!!

– Hola ¿Sol?

– Si, Marcos, ¿como le va?

– Bien, no te olvides que hoy es lo de Ramírez, a las diez en la cámara.

– ¡¡¡Marcos es el martes!!!

– Soledad, hoy es martes. ¿Vas a ir?

– Hoy martes, si, si estoy, cuente conmigo.

Continuará…

Escrito por Mauricio Gregurak para la sección:

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