Extraña soledad || Capítulo II: Mañana

Extraña soledad || Capítulo I: Amanecer

Llegando al trabajo decidió ir por un Expreso, dado el frustrado evento del café, en la mañana, “¿hoy es martes?”…

– Son $12,50

– Sí.

– Hola Sol, como te va.

– Esa era la voz, de Susi, su compañera de proyecto, inconfundible.

– Hola Su como estas, ¿bien…?

– Si, que haces acá, extraño verte comprando chatarra, jajá

– Si salí apurada y no pude tomar algo, te dejo voy tarde.

– Dale, Pero estas bien.

– Si por…

– Nada estas extraña, no se distante, como ida…

– ¿Te parece?

– Va no se será yo que me pelee otra vez con Carlos y estos antojos me están matando.

– ¡Ah! Bueno ¡chau!

Otra vez… ya empezaba a enfadarle la situación, hasta Susi, se daba el lujo de observarla. Pasó la mañana sin pena, ni gloria, termino lo que había empezado el día anterior, dejo listo el informe del balance para entregar a auditoria el lunes y armo la carpeta de Marcos, para la reunión con Ramírez. A mitad de mañana salió a dejar el informe y Marcos observo que la había visto con un semblante extraño y le había dado el resto del día.

Para Sol no era habitual estar con tiempo de sobra, fue de Shopping para comprar algo a Mati, y pasando por un local de ropa formal de hombres se detuvo por unos instantes, y se quedó allí apreciando al plástico vestido de caballero, cuando empezaba a volar de nuevo en sus pensamientos, la interrumpió un vendedor de la tienda.

– Disculpa ¿precisas ayuda para elegir algo para tu esposo?

– ¡¡Gua!! No, no tengo esposo.

– Bien será su novio entonces.

– No, un amigo – “que plomo este pibe” respondió y pensó.

– Bien si gusta pasar seguramente encontraremos lo que se ajuste a su medida.

– Hola Antonio, perdona la demora, se me re complico – Irrumpió el joven.

– Por favor mira a la hora que llegas, anda cámbiate que estoy con una clienta.

– Ok, no hay drama yo la atiendo.

– Pero, no por favor, faltaba más, mírate la facha.

– Por mi está bien – replicó Sol que había quedado en un segúndo plano en la situación un tanto incomoda.

– ¿Vio, Tony? yo la atiendo.

– Bien, dale, y mi nombre es Antonio.

– Hola ¿como estas? ¿buscas algo en especial? – preguntó el chico, con un tono de voz más suave.

– Mira es algo sencillo para un amigo.

– Dale, venite.

A Sol, siempre le gusto la ropa formal de hombre, la presencia para ella, lo era, todo, un hombre de traje hablaba por sí solo, de su forma de vida, de ser, de sus hábitos, de sus gustos, si el traje es negro, gris a rayas, sin rayas, con corte clásico o moderno. Ella era una experta en moda y sabia como debía de presentarse un hombre, o por lo menos eso era algo que su madre le había enseñado a observar.

– Mira acá tenes, una camisa, muy top, de las que se usan ahora, y una remerita que le va a venir al pelo… a “tu amigo” – hizo el gesto de que lo acompañara seguido de un guiño cómplice.

– Mira flaco te la hago corta, te di una mano ahí afuera porque te rajaban, tráeme una camisa blanca con cuello italiano, y envolvérmela para regalo, que estoy apurada.

– Bueno está bien, che no te pongas así te traigo lo que me pedís.

Sol no sabe si le molesto tanto la actitud picara y amistosa que se atribuyó el joven extraño, o la facha con la que se presentó a trabajar con un jean todo tajeado, una remera apretada al cuerpo que dejaba muy poco a la imaginación.

– Sírvase Srta. Discúlpeme no la quise ofender

– Está bien solo me molesto la forma en la que me trataste no es manera de tratar a un extraño, no nos conocemos y te atribuiste mucha confianza en el trato.

Mientras se efectuó la transacción, no hubo más dialogo entre los interlocutores y solo se remitieron a un saludo no más cálido que el de un simple vendedor y una simple compradora.

Como Sol aún tenía tiempo, decidió almorzar en el Shopping, pasar por su casa a cambiarse y directo de allí a lo de Mati y Mica. Comió mirando el chat, su face, y leyendo las noticias, se tomó unos minutos para observar el regalo de Mati, le gustaba que todo estuviese impecable. Entonces, para desgracia del joven vendedor, se dio cuenta que la camisa que le había entregado no era la que ella le había pedido si no la que este le había ofrecido. Estallo en enojo prometiéndose volver a la tienda por una disculpa y a hablar con el encargado. También percató que tenía el móvil en silencioso, y que podría haber recibido alguna llamada de la oficina sin darse cuenta. Efectivamente… tenía innumerables llamadas de Marcos, lo cual la altero en demasía, hasta que llego a un mensaje de voz que le había dejado. Seguramente Marcos quería darle las noticias de la reunión con Ramírez.

Su sonrisa se borró de inmediato en la medida que las palabras susurraban en su oído.

– Sol, devolvé mi llamado, lo de Ramírez fue un fracaso, ¡me trajiste el informe contable de final de mes y no la auditoria de Ramírez!

No podía ser, ella personalmente había revisado los sobres antes de salir y había dejado el informe para imprenta y el sobre de Ramírez, se lo había llevado personalmente a Marcos. Debía volver al trabajo y hablar con Marcos, era urgente. Busco dentro de su bolso en busca de su billetera para pagar el almuerzo, y se enfureció al no encontrarla, más problemas, cuando fue la última vez que la uso, mas rabia le dio cuando se dio cuenta que seguramente se la había olvidado en la tienda de aquel joven que, en el intento desesperado de este de disculparse, y el de ella de irse, le habría dejado todo.

– Mira perdóname me deje la billetera en otro local que recién compre, te dejo mis llaves como prueba de buena fe, voy hasta el local que está aquí junto y vuelvo, ¿te parece? – Suplico Sol al encargado del local.

– Pero me comprometes con lo que me decís – le respondió el encargado.

– Por favor tengo que volver al trabajo urgente, voy busco te pago y ya está, mira te dejo mis llaves, están las de mis casa y mi auto, no me voy a ir por favor.

– Bueno mira no sé si confiar en una extraña.

– Si por favor no soy una extraña.

No sé si fue la cara de desesperada de Sol, lo que convenció al vendedor o sus suplicas, lo cierto es que allí estaba otra vez esa palabra mágica que todo el día estuvo dándole vuelta, ahora le había ayudado para salir airosa de la situación.

– Discúlpame ¿el otro chico que está atendiendo acá?

– Si en este momento está con un cliente.

– No me importa necesito que me atienda.

– Mire si lo aguarda unos segundos.

– No, donde está.

– Esta en los probadores pero esta con un cliente y…

– Deja yo lo busco.

Enceguecida por la furia y la premura de volver a hablar con Marcos, Sol no reparo en mesura y salió en busca del joven extraño hacia los probadores, abriendo de un solo movimiento las puertas de los mismos. Sol quedo helada al entre abrir la última de las puertas y encontrase al joven extraño a medio vestir solo con su ropa interior puesta sin pudor alguna mirándola a la cara. Sol había quedado helada tanto por la situación misma como por la figura del joven extraño que se presentaba a sus ojos en su plenitud.

– Perdona ¿se te olvido algo?

– ¿Como?

– Que si se te olvido algo.

– Eh… este sí y además me has dado una camisa que no era la elegida.

– Ok, si me das unos segundos me visto y estoy con vos.

Sol sin saber que hacer exigiéndole a su cuerpo que se moviera, sin que este le respondiera, arrojo la bolsa el regalo equivocada, dentro del vestidor y se fue hacia el mostrador esperando la llegada del joven extraño.

El joven no demoro más de cinco minutos, los que para Sol, fueron horas interminables de vergüenza y humillación. Cuando el joven regreso estaba vestido de traje negro y una camisa blanca sin corbata, el pelo perfectamente peinado y recogido, un perfume que no era demasiado fuerte pero que a Sol le rasgaba la piel.

El joven cambio la bolsa que traía desde los cambiadores por una que tenía en el mostrador y además saco de allí la billetera de Sol, ofreciéndosela con una cálida sonrisa.

Sol se acercó y sin mediar mayores preámbulos, pidió disculpas y tomo la bolsa correcta y su billetera, pero sin poder retirase luego del lugar como quedándose sorprendida de la seriedad y el disimulo de aquel hombre extraño, que había sido tan descarado en un principio. El tipo se arrimó para entregarle sus pertenencias y acercándose al oído le susurro, suavemente.

– Al menos deje de ser un completo extraño para vos…

Continuará…

Escrito por Mauricio Gregurak para la sección:

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