Extraña soledad || Capitulo III: Tarde

Extraña soledad || Capítulo I: Amanecer
Extraña soledad || Capítulo II: Mañana

De retorno en el trabajo Sol se avoco a investigar lo sucedido con relación a los errores y al malentendido con Marcos, sin encontrar mayores explicaciones que un error de su parte.

– Susi ¿has visto a Marcos?

– Si, y está furioso con vos.

– Si ¿de veraz?

– Si por lo de Ramírez, pero zafaste porque el auditor se tuvo que ir antes y no los pudo atender.

– ¡Ah! No me digas.

– Igual dijo que quería hablar con vos.

– Si por supuesto, mañana mismo lo veo.

– No, se fue de viaje a las sucursales hasta el lunes, así es que a esperar.

– Ok, si fue muy extraño lo que paso hoy.

– Curioso… lo mismo dijo Marcos.

Un poco más tranquila Sol decidió pasar por el gimnasio y descargar un poco de la tensión del día, corrió un rato en la cinta junto a su inseparable Ipad, el cual le permitía desconectarse al menos por unos minutos de la realidad, y particular de ese día que había sido atroz. Estuvo como treinta minutos en la cinta perdiendo al noción del tiempo, dándole vueltas a las diferentes situaciones que había vivido, el hecho que desearía estar en su lugar especial en este momento viendo como cae el sol, sentir como la brisa fresca del mar abruma su rostro, quizá el caminar cerca de la costa y tener la suerte de ser golpeada por el rocío del mar.

Sin saber porque en ese momento le vino a la memoria el recuerdo del joven extraño y de la embarazosa situación del cambiador, también recordó la primera impresión que tuvo del como un tipo muy desarreglado y despreocupado de su apariencia, y del cambio radical que había sentido al verlo minutos luego con traje, perfectamente arreglado, cortes y amable, aunque sin dejar de ser un pícaro, por las palabras que susurro a su oído antes de partir: “Al menos deje de ser un completo extraño para vos.” Eso es ser extraño precisamente, como le reclamaba Mica…. Mica, Mati, me tengo ir.

Recordó lo del departamento, y que debía cambiarse aún, y corrió a su casillero a sacar sus cosas, cuando recordó que no había retirado las llaves del local de comidas del Shopping, recordó al joven extraño y se enfureció nuevamente al darse cuenta de la hora y ver que ya estaba cerrado como para ir a buscarlas. Bien… solo le quedaba la opción de ducharse en el gimnasio, aunque no lo hacía seguido, un par de veces lo había hecho y había dejado una muda de ropa en el casillero precisamente por eso, aunque mas no fuera unos Jeans, y unas remeras, con eso podría salir del paso.

Tomo las cosas del casillero, el regalo de Mati, y fue al piso de arriba a ducharse, por el horario no encontró a nadie, todos estaban saliendo de trabajar, por ende se alisto para la muda de ropa, y antes de entrar a duchar se dio cuenta que de la bolsa de regalo de Mati se había caído algo. Se envolvió en una toalla y se acercó. Al tomarlo con sus manos se dio cuenta que era ropa de interior de hombre. No encontró la etiqueta ni la envoltura, lo primero que cruzo por su cabeza fue que en disculpas por las molestias se los habían obsequiado, pero al observarlos detenidamente se percató que eran los boxers de aquel joven extraño, y estallo en ira nuevamente. ¡Que descaro hacerle una cosa así!, y ella que había pensado que era un caballero. Irritada por la situación fue a ducharse pensando que locura pasaría por la cabeza de este muchacho hacerle esto a ella.

Tenía la imagen del joven en la mente, prácticamente desnudo, y siempre con su sonrisa pícara en el rostro. Lo mal que se había sentido por la situación, y sin embargo de ello se mofaban sin descaro, un pensamiento llevo a otro y volvió a desear estar en su lugar especial, ese que es suyo solamente en el que nadie puede penetrar por qué no lo conocen o porque no saben que es de ella, en donde puede comportarse, decir y hacer cuanto le plazca, sin ser tildada de “extraña”.

Extraña, eso hace la gente extraña, te deja su ropa interior, nuevamente estaba pensado en aquel joven extraño, y ahora pensaba que si había hecho eso era muy posible que estuviera sin ropa interior ahora, lo cual le causo gracia, y a su vez la excitó un poco, le excitó la situación de ver a un extraño casi desnudo, que este no solo no se molestara si no que a su vez le había entregado su ropa interior, y esto la excitó más aun, incluso le dio hasta un poco de orgullo, era como si se lo hubiese dado como trofeo, si este era su trofeo de guerra, eso la hizo sentir bien y ayudo a que se relajara aún más con el baño que estaba tomando y empezó a pensar en cómo sería este sujeto en su vida, como seria con el resto de sus amigos, como seria con sus novias, sería igual de descarado, nuevamente sintió la ira dentro suyo por lo que le había hecho, y más aún le daba rabia el no poder encontrarlo cara a cara y decirle todo lo que sentía en ese momento, nuevamente se lo imagino sin su ropa interior y un calor distinto al de la ira invadió su cuerpo, un calor que provocaba que cada gota que caía en su cuerpo fuera como cera caliente, que rasgaba a su paso y dejaba una marca, una sensación de dolor y placer entre mezclado.

Estaba exhausta había tenido un día muy ajetreado y el agua corría por todo su cuerpo liberándola de la presión y a su vez cubriéndola con una cálida capa de placer. Permaneció varios minutos en esa posición tratando de sentir cada una de las gotas que recorrían su cuerpo desde que estas caían a su fiel y dibujaban un camino a su paso, hasta que estas abandonaban su cuerpo.

Finalmente volvió en sí, luego de unos minutos, y observo la hora en su teléfono, era tarde nuevamente, Mica y Mati la debían de estar esperando, y mientras se vestía observaba la prenda de este joven, y ya no la miraba con desprecio si no que le causaba gracia, hasta simpatía, cayendo en cuentas de que no podía dejarla en su casillero, que pasaba si alguien la encontraba, tampoco se la podía dar a Mati, menos aún meterla a su bolso, si alguien buscara algo allí, se moriría de la vergüenza de que le preguntara que hacía con una prenda íntima de un hombre en su bolso. No tuvo mejor opción que ponérselo… si ponérselo, si al cabo de cuenta iría con unos jeans, y no se podrían dar cuenta de nada. Dudo por unos minutos pero un nuevo llamado de Mica a su móvil dejo el titubeo a un lado y se colocó la prenda del joven, por arriba sus jeans, y partió a casa de Mica y Mati.

Continuará…

Escrito por Mauricio Gregurak para la sección:

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