Margarita | Capítulo 1: Fantasmas vivos

Es difícil olvidar, estamos hablando de olvidar personas, momentos, ojalá pudiéramos sacarlo de nuestro sistema de una forma práctica, irregular, pero segura y efectiva, no se… en ese momento me vi caminando descompuesto por un pasillo, con el pecho inflado, y comenzar lentamente a vomitar todo en el piso, fotos, regalitos, ropa, recuerdos. Todo un flujo negro lleno de cosas materiales, claro está que vomitar es malo, así que supongo que en el momento que sacaste todo de esa persona va tu corazón, esa cosita chiquita roja que se ve ahí en ese espeso petróleo, lo sacaría y lo llevaría al baño, lo lavaría, le haría unos mimos y lo colocaría dentro de mi cuerpo, sintiéndome como nuevo, saliendo por la puerta y diciendo ha… menos mal…. Todo eso pensaba mientras estaba acostado.

Me levanté de la cama, miré cada rincón del departamento y estaba completamente vacío, de todo lo que te puedas imaginar, de todo, la independencia te lleva a eso. Abrí el ropero y saqué mi única camisa, me vestí para el primer día de trabajo, empezaba a las 8:30 y eran las 7, ya lo sé, soy ansioso. Me propuse a desayunar, cuando miré la mesa estaba ella ahí sentada, tomando un té, me refregué los ojos y desapareció. Maldita sea todo, absolutamente todo, cuando era un niño le temía a los fantasmas, a la gente muerta, a los sitios oscuros, como me aterraba la oscuridad, a medida que fui creciendo, ¿Cómo? ¿A dónde voy con esto? Dejame que te siga contando, a medida que fui creciendo dejé de temerle a los fantasmas, a dejar de pegar la cama contra la pared, comencé a tenerle miedo a los profesores, especialmente a mi profesora de matemáticas, llegue a temblar en cada una de sus evaluaciones, con el correr del tiempo empecé a temerle a la plata, como la deseo cuando no está, y como la odio cuando no sé qué hacer con ella.

Queda claro que todos le tememos a esto y es algo general, pero a lo que le voy a tener miedo toda mi vida es a los fantasmas vivos, ¿cómo es eso? Son esos reflejos que te quedan después de una ruptura, la seguís viendo, oliendo, sintiendo en cada parte de tu cuerpo, pero la otra parte ya tiene su vida, ya es… como decirlo… feliz. Solo quedas vos con ese fantasma rodeándote donde vayas, a través de recuerdos.

MALDITO SEAN LOS FANTASMAS VIVOS. No podía sentarme a desayunar porque estaba ahí sentada, cuando agarrara la taza iba a agarrarme la mano, todo era una mentira, creada por mi mente, pero juro por mi cordura que ese fantasma existe, lo veo desde hace una semana. Salí de casa sin poder desayunar hacia el trabajo, estaba nervioso, ¿un trabajo de oficina? Ósea, está bien solo iba a ser un simple cadete, pero tenía que estar de camisa y pantaloncito de vestir, peinado, raro en mí.

– Hola buen día, este es mi primer día, soy el cadete nuevo, ¿dónde me tengo que dirigir? – le pregunté a la hermosa mujer que ví sentada en el escritorio de entrada.

– ¿Usted es Adrián cierto? – respondió mirándome mientras acomodaba sus lentes.

– Emmm.. Sí, soy yo. – respondí intimidado.

– Me hablaron ayer de vos, vas a reemplazar a Mauricio, mirá, necesito que entregues estos papeles a comercio exterior en el banco, que deposites estos cheques y que pases por la farmacia a comprarle estas pastillas al gerente…

– Emm.. Bueno dale, ¿voy ahora? – pregunté desorientado… los primeros días son fatales, todos lo sabemos.

– No, anda a ver a la contadora si necesita algo y pregunta a los demás que necesitan. Ese es tu trabajo de ahora en adelante. – aclaró picante la chica.

– Bien gracias, ¿Cómo es tu nombre?

– Cintia. – me dijo fría mientras seguía con sus cosas.

– Bueno Cintia, Adrián a tu disposición, jamás vas a ver que llegue algo tarde o que se dem…

– Flaco, apúrate que se te hace tarde. – me cortó en seco.

– Sí, ahí voy.

Fui a cada uno a preguntarles que necesitaban, justamente para ser mi primer día todos necesitaban muchas cosas, hasta me pedían golosinas, la contadora me regaló una carpeta donde metí todo y quise salir, pero Cintia no me dejó.

– Adrián ¿Vos sos o te haces? – me preguntó insolente.

– Emm… ¿Por qué? – respondí sorprendido.

– ¿No pensás preguntarle al gerente si necesita algo? Anda volando antes de salir y preguntá a su secretaria, su oficina está por allá, se llama Mariana y el gerente Juan. ¡¡¡Apurate nene!!! – me ordenó sin bajar su tono desubicado.

– Si, disculpa, no sabía, ahora mismo voy. – contesté sumiso.

Bastante pesada la secretaria, y con demasiado carácter para la edad que tiene, caminé por el pasillo hasta llegar al final, donde me encontré con un escritorio vacío, en la oficina se podía escuchar como el gerente gritaba, parecía un loco. Cuando se abrió la puerta salió Mariana tapándose la cara, me acerqué a la puerta y logre encontrar al gerente.

– Disculpe, soy «el nuevo», ¿necesita algo? – pregunté tímido.

El gerente tenía la misma cara del diablo, yo no sé si era por ser solo el gerente, pero su cara era aterradora, con un desprecio me miró y dijo.

– ¿Cómo te llamas?

– Emmm… Adrián, señor

– Tráeme un Philip 20, no te olvides. – me ordenó sin siquiera saludarme.

– Está bien, me retiro, muchas gracias.

Dios, salí vivo de esa conversación, fui a pedirle a Mariana plata para sus cigarrillos, era claro que estaba mal, tenía la cara desencajada.

– Hola soy Adrián, y aunque sea un mal día, no deja de ser un día más en nuestras vidas – le dije a modo de consuelo.

¿Adrián? ¿Qué haces acá? – me dijo la chica mientras se acomodaba las lágrimas y el maquillaje corrido.

En ese momento quedé petrificado, Mariana, Mariana, era Mariana, porque de todos los trabajos vine a caer donde trabaja Mariana y la tendría que ver a diario, se preguntaran ¿quién es Mariana? Cuando estaba en el auge de la pubertad, tuve el privilegio de tener a Mariana como vecina, vivía con sus padres detrás de la casa que alquilábamos hace mucho, todas las tardes de ese glorioso verano tomaba sol, tan linda, tan bella, tan mujer para mis ojos cargados de hormonas, claro está que yo tenía en ese tiempo 14 y ella 32, era una belleza sublime. Marianita querida… una tarde de verano yo estaba tomando una gaseosa con mis amigos del alma, Hernán y Martín, charlando obviamente de mujeres, contando historias que sabíamos que eran mentiras, nadie se creía nada, pero nosotros nos hacíamos los más profesionales en cualquier cosa que saliera de nuestra boca, en el medio de esa charla paso rápido el auto del novio de Mariana, paró en su casa, oímos gritos, forcejeo, en ese momento no sé qué me pasó, pero fui corriendo y le tiré una piedra en el parabrisas, cuando el novio salió a corretearme alcance a gritarle…

– ¡¡¡Mariana corré!!!

El novio me seguía, inmenso, actitud de fiera, pero fue en vano, nadie en ese tiempo me ganaba corriendo, nadie. Cuando dejó de seguirme fui a mi casa y me escondí, no salí en toda la tarde. Fui al fondo a relajarme un poco, y está vez fue distinto, Mariana se asomó a la pared…

– Gracias Adrián, sos mi héroe ¿sabes? – me dijo bajito

– Me preocupé mucho, ¿estás bien? ¿Te hizo algo? – le dije sonrojado.

– No te preocupes, solo tenes que saber que no sabe quién sos así que estas salvado y ese acá no vuelve más. – me dijo risueña.

– Lo iba a encarar pero no me gusta pelear, solo defender damiselas en peligro. – respondí haciéndome el gracioso.

Ella reía, con una sonrisa hermosa, y yo ahí parado en el fondo del patio como un imbécil.

– Adrián, a las 22.00 se van mis viejos, te llamo por acá y hablamos. – contestó con su sonrisa infame.

– Eh,emmm, si, si Mariana, a esa hora estoy.

Llegada la noche espere en mi pieza que se hiciera la hora, estaba muy ansioso, parecía un idiota. A las diez me asomé a la ventana y ahí estaba ella, mirando por la medianera, salí y le dije.

– ¿Qué pasó?

– ¿Te podes cruzar por acá?

Me crucé tal cual gato ágil se escapa de un aire comprimido, no sé si en ese momento me convertí en ninja pero no pregunté ni para qué.

-¿Acá estoy que paso? – dije del otro lado.

– Me di cuenta como me miras todas las tardes. – me dijo mientras se le encendían aquellos ojos negros como abismos.

– ¿Mirar? Imposible si no tengo como subirme a la medianera, aparte mi viejo se llevó la escalera ayer. – contesté mientras me ponía rojo y mi miraba esquiva se perdía entre nuestros zapatos.

– Sos un bobo, y un dulce. – contestó riendo.

En ese momento me agarró y me beso, no lo podía creer, lo único que pensaba mientras la besaba era que como me lo iba a creer Hernán, me soltó la boca y me llevo a su habitación.

– Vení… acompañame – me dijo mientras me llevaba de la mano como un infante.

Está como de más decir que pasó en ese momento. No sé si lo habría hecho por cariño, pena o por la cara que portaba. No me di ni cuenta cuando termino todo.

– Pendejo ya es tarde, deberías ir a tu casa. – dijo cuando terminó la estampida.

Me quedé en silencio, no dije nada, solo me levante y me fui, me senté en la vereda y miré al cielo, y pensaba… no era para tanto, me sentía muy raro, a los días me fui de viaje y ella se cambió de casa, al tiempo yo también me cambie, y simplemente dejamos de vernos y hablarnos.

Bueno esa es mi historia con Mariana, puedo describirles más per…

– Adrián, hey ¡¡¡hey!!!, despertate, te seguís colgando como antes, dale que en cualquier momento sale Juan y se te pudre.

Salí corriendo e hice todos los tramites, fue muy ocupada la mañana, termine molido, pero al llegar al departamento…

CONTINUARÁ

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