Margarita | Capítulo 5: Hola Margarita

Al salir de la casa me sentí vacío, como lo venía sintiendo hace tiempo, más allá de las dudas que tenía por hablar con Mariana sentía que tenía que hacerlo con la persona que usurpaba mi casa, mi alma, junté fuerzas y entré nuevamente

– Pensé que dormías… – le dije. Ella solo me miraba, estaba sentada en la mesa tomando el té con su dulce favorito.- Parece que estas tomando agua, ¿siempre vas a desayunar con tu té que parece agua?.

Agarraba la taza con tanta delicadeza, siempre tan señorita, siempre tan dulce a la hora de mirarme, sabía que hoy no iba a cambiar nada y que ella no se iba a ir cuando me fuera nuevamente de mi casa, me senté y la mire fijo, ojos marrones, risa de ángel, alma de una princesa del cielo.

– Yo sé que no va a cambiar nada de lo que yo haga, pero si vas a estar acá tenemos que hacer una tregua, tenemos que tener paz. No puedo tener miedo de llegar a mi casa. ¿Qué es lo que necesitas para irte? ¿Qué tengo que hacer? – le dije algo desorientado.

Terminó de desayunar, se levantó y puso un cd en el equipo, comenzó a sonar una melodía hermosa… no recordaba el nombre de la canción, pero la voz de Charly García me relajaba tanto.

– ¿Es chipi chipi no? ¿Con y griega o con i latina? – pregunté.

Rió, rió y se puso las manos en la boca, me reí al mismo tiempo porque no conocía nada de Charly García, jamás lo escuché, pero todos nos aprendemos canciones de gente que amamos porque son partes del alma. Son recuerdos en melodías. Son caricias al corazón como también disparos en la cabeza.

Cuando termino de reír comenzó a pintarse las uñas, y cantaba bajito

– Creo que si seguís cantando así no voy a querer que te vayas, ¿cómo puedo odiarte y quererte al mismo tiempo? El problema soy yo ¿no? Soy yo el que no quiere que te vayas. No importa donde yo me vaya, al parecer te voy a llevar conmigo a cada rincón del mundo, perdón por quitarte tiempo pero tengo que irme a trabajar. – le dije.

No sé para que entré, salí destruido, no lloraba, pero tenía la mirada perdida, todo lo que veían mis ojos eran estrellas, sentía que estaba en el espacio, no les pasa que en situaciones solo ven el vacío del mundo, no me pregunten porque me sentía así porque realmente no lo sé. Tomé el colectivo y cuando me fui a sentar me choqué con una chica bastante fuerte, es que iba distraído y vi el asiento solo, del golpe que nos dimos la chica quedó tirada en el piso. Me puse rojo y la levante muy rápido

– Uy disculpame te juro que no te vi, por favor sentate – le dije con calor.

– No, deja sentate vos, es que vi el asiento y me mande como una tonta – respondío Isabella… así se llamaba.

– No, no sentate, dale que hay mucha gente y te pegaste terrible golpe en el piso – le dije aún avergonzado.

– Bueno gracias, pero dejame llevarte el bolso

– Bueno está bien, ¿te sentís bien?

– Fue solo un golpe, no me quedé lisiada, tranquilo

– Imagínate, quedabas lisiada por el golpe, serias como una maldita lisiada – comenté intentando ser gracioso.

– Sos un tarado, ¿qué tenes en esa cabeza que andas tan distraído? – dijo riendo.

– ¿Distraído?

– Si, tenes puesta la remera al revés – comentó sin parar de reír.

Me miré y me dije, que pedazo de pelotudo, pensé en cómo ponerme bien la remera pero no se me ocurrió nada, ella me miraba y se reía por dentro, por lo menos le alegré la mañana a una desconocida

– Te juro que no me di cuenta – dije avergonzado.

– Bueno por lo menos me sacaste una sonrisa, ¿vas tarde a la facultad?

– ¿Facultad? No, al trabajo ¿Vos?

– Voy a dar clases, soy maestra en una primaria en Guaymallen.

– ¿Una maestra? Mira vos ¿ y maestra de?

– De ciencias naturales, siempre me gustó mucho la biología.

– Mira vos, bueno señorita de biología, yo soy Adrián, cadete en una empresa.

– Un gusto perfecto extraño, yo soy Isabella

Charlamos todo el recorrido, hasta que me tocó bajarme, me despedí y llegue a la empresa demasiado tarde, Cintia me estaba esperando con los papeles en mano, con su mirada de asesina linda, porque no hay nada más hermoso que una mujer peligrosa, en ciertas ocasiones claro, ese día fue muy agotador, demasiado para lo que estaba acostumbrado, por suerte al final del día pude sentarme un segundo en la oficina.

– Cintia ¿supiste algo de Mariana? – le pregunté a la recepcionista.

– Mmm creo que no viene más, porque está internada.

– ¿Me estas jodiendo?

– No, ¿por?

– ¿Por qué me lo decís así tan frío? – dije desconcertado.

– Porque sí Adrián, es una compañera de laburo, está internada y no sé qué arregló con el jefe, anda a saber si viene mañana o la internaron por otra cosa, tampoco es tan grave.

– ¿Dónde la internaron?

– En donde tenemos la mutual

– ¿¡Tenemos mutual!? Bueno eso no importa, ¿dónde queda?

Me dio la dirección y fui a verla, me sorprendió un poco la respuesta de Cintia, internaron a una compañera, ¿porque no se preocupan como lo hago yo? La clínica no quedaba muy lejos, al llegar pregunté por mariana y me dijeron que fuera a la sala de espera, que esperar la hora de visita el cual no faltaba como una hora, en el pasillo había una nena sentado frente a mí, con rulitos, debía tener unos 10 años o por ahí. Vestía unas zapatillas y pantalones de colores vivos, me llamó la atención la remera, alcancé a ver que tenía estampada la imagen de “el salmón”, en un costado sostenía un vinilo, y miraba la otra punta del pasillo, hasta que me miró y me dijo

– ¿Y vos que haces acá? – me dijo la nena.

– Vengo a ver a una amiga

– ¿Sabías que Calamaro está por sacar un nuevo cd?

– No, la verdad que ni idea

– ¿No escuchas a Calamaro?

– No, la verdad que no, ¿y vos lo escuchas?

– Y si, aunque en la escuela me molestan y me hacen burla.

– Es que es como muy avanzado, ¿vos entendes lo que dice?

– Claro, en una letra de Calamaro tenes más poesía que todas las porquerías juntas que escuchan mis amigas, que encima vienen de Estados Unidos.

 

Me quedé asombrado al ver como pensaba, una nena de su edad pensar así, se rascaba la nuca igual que yo, eso me dio risa, comenzó a charlarme de música, sabía mucho sobre Calamaro, le encantaba.

– ¿Te gustan las películas de terror? – volvió a preguntarme.

– Sí, algunas, tienen que darme mucho miedo, sino no.

– Están re buenas las películas de zombis, la sangre y todo eso, y como tendrías que salvarte si eso pasara, yo tengo un palo siempre debajo de la almohada por si un día de estos despertas y son todos muertos vivientes.

– ¿Sí? ¿Y cómo te das cuenta si es un muerto viviente? – pregunté riendo.

– Y porque los muertos vivientes hacen así – En ese instante hizo una cara fea y produjo el sonido de un zombi el cual estalle de risa, por dios cuanta imaginación tenia esta niña.

– No te rías que te estoy hablando en serio. Dijo enojada.

– Perdón, discúlpame es que me dio risa, ¿a quién venís a ver? ¿Y porque estás sola?

– Vengo a ver a mi mamá, y estoy sola porque no necesito que me cuiden, ya soy grande.

– ¿A tú mama?

– Si, a mi mamá

– ¿Cómo te llamas?

– Margarita.

En ese momento llegó la enfermera para decirnos que podíamos pasar a ver a Mariana, estuve hablando como una hora con la hija de Mariana sin darme cuenta, bueno por lo menos no iba a entrar solo a la visita.

Margarita- ¡¡¡Hola MamiI!!! – gritó contenta.

– Permiso, hola Mariana. – entré con ella.

Continuará.

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Capitulo 3

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