Mi amor, quiero drogarme con vos

El martes habíamos ido al cine, como solemos hacer casi todas las semanas. Ese día estaba particularmente ansioso porque finalmente iba a poder ver la última de Wes Anderson. Si bien mi novia no es muy amante del trabajo de este director, no podía decir absolutamente nada… ¡La semana anterior me había arrastrado a ver una película malísima! Y eso que a mí me gusta el cine en todas sus formas, pero con esa película protagonizada por Sandra Bullock me habían llegado a doler los ojos, literalmente. O quizás fue porque sin querer, en la oscuridad del cine, me clavé la cañita del vaso en el ojo derecho. Ya no me acuerdo…

La cuestión es que a la salida del cine dimos un par de vueltas por el centro comercial antes de subir al auto. Yo estaba cagado de hambre, pero en mi casa me esperaba alguna que otra porción del delicioso pastel de papa que cocina mi vieja. Mientras manejaba en dirección a la casa de Vicky, de la nada, se me cruzó algo por la cabeza y se lo tuve que preguntar.

–          “Gorda, ¿te puedo preguntar algo?” – le dije mientras ponía el guiñe.

–          “Si, Gonza. ¿Qué pasó?” – respondió distraída mientras contestaba un whatsapp.

–          “Mi amor, quiero drogarme con vos.” – exclamé tímidamente.

–          “¿Por qué me preguntás eso? Vos sabes que yo no me drogo. La única vez que fumé terminé con dolor de garganta y no sentí absolutamente nada. Además, ¿para qué querés drogarte conmigo?” –contestó sorprendida mientras apoyaba el celular en su falda.

–          “Bueno, tampoco para que respondas así. Ya sé que no te drogás, pero tengo curiosidad por fumar y acostarme con vos. Además, esa vez que fumaste seguro lo hiciste mal y por eso no te pegó. No sé, el Nacho me dijo que está re bueno, que sentís cosas re locas. Podríamos probar…” – traté de convencerla mientras estacionaba el auto en la entrada de su casa.

–          “No sé, lo voy a pensar. Yo también he escuchado que está bueno. Pero no sé, tendríamos que estar en algún lugar donde estemos solos y tranquilos, que se yo… Viste que por lo general nos cuesta encontrar momentos para estar solos. ¡Imaginate si llega alguien¡ ¡Me muero!” – dijo mientras se desabrochaba el cinturón de seguridad.

–          “Más vale. Si la hacemos, la hacemos bien. Voy a ver qué puedo hacer. Solo espero que no me hagas organizarlo al pedo… Como la vez que cociné el almuerzo en mi casa y “te olvidaste” de avisarme que ese día cursabas doble turno. No me hagas acordar…” – respondí medio caliente.

–          “Bueno gordo, ya hablamos de eso… Ya pasó. Dale, fíjate que podes hacer y avísame. Me voy a dormir porque mañana entro a cursar a las ocho. Que descanses.” – dijo antes de darme el último beso de esa noche.

–          “Buenas noches, que descanses.” – respondí mientras la veía bajarse del auto.

Después de pensar en distintas alternativas, decidí llamarlo al Eze. Hacía varios años que era amigo del Eze y nunca le había pedido un favor así… Estaba casi seguro que para el próximo finde largo, él se iba a volver a Alvear para estar con su familia unos días. De ser así, esperaba que no tuviera drama en dejarme las llaves del depto que alquilaba en el centro. Lo llamé y después de charlar un rato le hice la pregunta. Por suerte me dijo que no tenía problemas y que aún no le había prometido el departamento a nadie para el próximo finde. Eso sí, me pidió que a cambio lo pase a buscar el viernes al mediodía, lo lleve a la terminal y el lunes a la noche lo pase a buscar por el mismo lugar. ¿Qué le iba a decir? Si hay algo que el Eze sabe hacer, es negociar…

Apenas confirmé el lugar con el Eze, la llamé a mi novia y le comenté las buenas noticias. Si bien en su tono de voz podía notarse cierta reticencia, yo sabía que no me iba a fallar. Apenas terminé de hablar con la Vicky, lo llame al Nacho. Le dije que el jueves iba a pasar por su casa para que me armara un fasito. La verdad es que yo no soy de fumar mucho y mucho menos de andar con marimba encima. Además, me acordaba que el Nacho me había contado que un amigo chileno le había traído unas flores de Holanda. ¡Quería que me armara algo con esas florecillas!

Llegó el jueves y como le había prometido al Eze, lo pasé a buscar y lo llevé a la terminal. Antes de irse me dejó las llaves de su departamento. Me pidió que no me tomara la botella de tequila que le había traído su hermano desde México y que ni se me ocurriese acercarme a su colección de vinos. Le di mi palabra y continué con mi jornada como cualquier otro jueves. Recién a la noche pude ir a lo del Nacho, quien me estaba esperando como siempre, con una sonrisa en la cara. Subió a mi auto, del lado del acompañante, y sacó su kit de armado. Molió unas flores frente a mis ojos, mientras me contaba sobre su día. Me gustaba verlo armar, parecía un artesano. Sin dudas tiene un talento innato. Luego de armarme un finito, me dijo que tuviera cuidado porque era bastante potente. Me contó que la noche anterior había fumado uno así con un par de amigos y le había pegado más que a un negro linchado.

El viernes me desocupé a eso de las 21:00 y fui directamente al depto del Eze. Mi novia me había avisado que iba a caer un poco más tarde, cuando saliera de inglés. Aproveché que tenía un poco de tiempo y fui a comprar algo para cenar. Me detuve en uno de los locales de comida rápida, me había acordado que tenía un cupón de 2×1 en hamburguesas. Compré dos hamburguesas y luego me crucé al kiosco para comprar algo para tomar, un encendedor y un chocolate. El Nacho me había dicho que por alguna razón me iban a dar ganas de comer chocolate después de fumar el churro que me había armado.

Cuando volví al departamento, me puse a ver tele mientras esperaba a Vicky. No pasaron ni quince minutos cuando me despabiló el sonido del timbre. La hice pasar y me puse a ordenar un poco mientras ella iba conociendo el lugar. Al ratito nos tiramos en la cama a ver algo de tele y le sugerí que guardáramos la cena para más adelante, cuando nos bajara la gula. Fui a buscar el faso a mi mochila, lo tenía guardado en una cajita de chicles. Recordé que tenía el encendedor en el bolsillo del pantalón y mientras abría un poco la ventana de la habitación, invitaba a mi novia a fumar conmigo. Encendí el cigarro y le mostré cómo había que hacer. Le di un par de pitadas antes de pasárselo a ella. Pude ver que lo hizo correctamente, tal como le había dicho. Fumamos un par de veces cada uno y nos tiramos en la cama.

Ya en la cama comenzamos a besarnos. Yo tomé la iniciativa y empecé por besarla por el cuello, deteniéndome en su oreja, en su hombro… Con una mano acariciaba una de sus mejillas mientras que con la otra desprendía lentamente los botones de su camisa blanca. Me gustaba el corpiño que había elegido para esta ocasión. Era uno blanco con detallitos de encaje que me volvía loco. Todavía me acordaba la primera vez que ella lo había usado…

Aún no sentía ningún efecto raro pero yo estaba muy concentrado en disfrutar del hermoso cuerpo de mi novia. Sentía como su respiración se aceleraba mientras enterraba sus uñas en mi espalda. De pronto ella tomó el control y después de sacarse el pantalón, se sentó encima mío. Me quitó rápidamente la remera y se ensañó con mi cuello. Lo recorría con su lengua, de arriba a abajo. Mientras me suspiraba al oído, yo la agarraba del culo con las dos manos. ¡Siempre me gustó la cola de Vicky! Parecía moldeada por los mejores escultores europeos. Mientras seguía encima mío, aproveché para destrabarle el corpiño y pude ver sus tetas librarse de tal aprisionamiento. Ante tal panorama, no pude evitar volverme loco. Rápidamente me puse sobre ella y mientras lamía su areola derecha, comenzaba a jugar con los bordes de su tanga. Apenas pasaron unos segundos hasta que comencé a posar mis dedos sobre su vagina, por encima de la ropa interior. Los movimientos que generaba eran tan lentos como placenteros, evidentemente ya podía comenzar a sentir algún que otro efecto por la droga. Me mantuve de esa forma un par de minutos hasta que me rogó por que le saque la tanga.

Una vez que nos encontrábamos completamente desnudos y enfrentados en la cama, sin siquiera darme cuenta, había puesto mi pija entre sus piernas. Encima ella la aprisionaba de forma tal que sentí que ya estaba dentro de ella. ¡Lo juro! No entendía nada. ¡Ahora sí que el faso comenzaba a pegarme! Tanto como para pensar que ya estábamos cogiendo cuando en realidad no era así. Encima tenía una sensación increíble, la sensibilidad explotaba en forma de colores y figuras geométricas en mi cabeza. En un momento de cordura, me detuve y decidí ponerme el forro. Lo hice lo más rápido posible mientras ella sonreía tímidamente. Después de volver a la cama, me serví de mis dedos para excitarla aún más. Tan así, que llegó al punto en que me ordenó que metiera mi pija dentro suyo.

A medida que cada centímetro se iba adentrando en su vagina, su boca se iba abriendo y sus ojos se iban cerrando en señal de placer. Yo jugaba con los ritmos de mis movimientos, buscando desorientarla y sorprenderla. En sus expresiones podía ver que lo estaba disfrutando mucho. Mientras tanto, por mi cabeza pasaban mil y un pensamientos fugaces. De hecho me costaba concentrarme en lo que estaba haciendo, mi cabeza volaba. De repente imaginé que Vicky era Cleopatra y era todo parte de un ritual egipcio. ¡Una locura! El momento clave fue cuando puse las piernas de Vicky por sobre mis hombros. En ese momento, ambos habíamos llegado a un punto del que ya no podíamos retornar. Dominaba la intensidad de mis movimientos hasta que pude sentir que se acercaba el momento.

Decidí acelerar el ritmo mientras veía como mi novia se retorcía de placer. No pasó mucho tiempo más hasta llegar al orgasmo, el cual me generó una sensación impresionante. Evidentemente mis sentidos estaban a flor de piel, podía sentir como si mi semen fuera alguna sustancia caliente, pero agradable, y como si mi pene estuviera dentro de un volcán, prendido fuego. Era una sensación que nunca antes había tenido. Cuando la miré, pude confirmar lo que sospechaba: habíamos acabado al mismo tiempo. Ella apenas podía hablar y mantenía sus ojos cerrados mientras me acariciaba la espalda.

Luego de algunos minutos de descanso, le pedí que me trajera los auriculares de la mochila. Ella no solo volvió con los auriculares, sino que se había puesto unas medias de red rojas y una tanga negra. Además de eso, tan solo su camisa blanca y en sus pies las mismas botas con las que había llegado al departamento. Nunca antes la había visto así. No recordaba otro momento en el que me sintiera tan atraído hacia ella. ¡Era un camión de punta a punta! Y estaba pasando la noche conmigo…

Si había algo que me gustaba cuando fumaba, era escuchar música. Como podía darme cuenta que aún seguíamos con el efecto del faso, quería que ella experimentara lo mismo que yo disfrutaba tanto experimentar. Ya tenía elegido el primer tema que le iba a hacer escuchar mientras estaba bajo el efecto de la marimba: Lisztomania de Phoenix. De por sí, el tema me hace volar, pero cuando lo escuché estando volado, me abrió la cabeza. Distinguía cada sonido, podía separarlos en partes y darle colores a cada uno. ¡Quería que ella viviera eso!

La verdad es que no teníamos noción del tiempo. No se en qué momento se hicieron las 2:34 de la madrugada. Yo disfrutaba verla gozar con la música. Cantaba, se movía, bailaba con cada canción. ¡Hasta me regaló un baile erótico! Ella sí que sabía moverse… No se si se hubiese animado a hacerlo sin haber fumado. De repente, me dijo que quería volver a fumar. Yo ya estaba re puesto con lo que había fumado, así que dejé que lo hiciera sola. Cuando se volvió a acostar a la cama, le quité la ropa interior y dejándole las medias de red puestas, comencé a lamer lentamente su clítoris. Me debo haber pasado diez, quince minutos practicándole sexo oral. Lamía sus labios, me ayudaba con mis dedos para ser más preciso y mordía suavemente su clítoris cada tanto. Cuando se acostumbraba a un ritmo, lo cambiaba bruscamente. ¡Eso le encantaba! Después de un tiempo así, pude apreciar como alcanzaba un orgasmo intenso y largo. Más tarde me diría que ese fue el mejor orgasmo que había tenido hasta el momento.

Una vez que decidió que ya era suficiente, me invitó a acostarme a su lado. Comenzó besándome apasionadamente, mientras que con sus manos jugaba con mi pija. No tardó mucho en bajar progresivamente hasta que sus labios se encontraron con mi glande. Si hay algo que recuerdo, es la increíble sensación que experimenté al verla recorrer mi pija con sus labios. Le gustaba detenerse en la punta, recorrerla con sus labios y cubrirla de saliva. De pronto mi verga parecía laminada con tanta saliva que había descargado sobre ella. Eso me calentaba mucho… Se tomó su tiempo en volverme loco, sin embargo no me dejó terminar. Por el contrario, me instó a ponerme un forro.

Cuando ambos estábamos listos, me agarró de los brazos y se subió arriba mío. Los movimientos que  hacía eran excitantes y desesperantes al mismo tiempo. Yo estaba entregado, estaba a su merced. Ella también sabía manejar distintos ritmos e intensidades a la hora del sexo. Cuando estuvo a punto de hacerme terminar, decidió que aún no era el momento.

Aproveché la pausa para pedirle que se diera vuelta y me dejara penetrarla en esa posición. Sin lugar a dudas, la vista desde ese punto era una de las mejores que había experimentado en mi vida. Al cabo de un tiempo, comencé a sentir que ambos estábamos llegando nuevamente al clímax. Aceleré el ritmo porque sentí que me lo pedía con sus jadeos. Cuando mis piernas ya no podían soportar más, no pude contener el orgasmo que brotó hasta dejarme mareado. Me mantuve en la misma posición hasta recuperar la cordura mientras la oía relajarse de a poco. De pronto comenzó a reír suavemente y me dijo que otra vez habíamos sincronizado nuestros orgasmos. Hasta el día de hoy me parece que eso es re difícil de lograr, pero nosotros pudimos hacerlo dos veces esa noche.

Después de habernos quedado dormidos por una hora más o menos, despertamos con muchísima hambre. Las hamburguesas estaban frías pero se dejaban comer. ¡Me lamentaba no haber comprado más! Ambos estábamos con mucha gula. Por suerte nos quedaba el chocolate de postre, el cual compartimos acostados en la cama mientras veíamos Dragon Ball Z. Una vez que terminamos de comer, nos tapamos bien y nos fuimos quedando dormidos de a poco. La verdad que nada mal para ser la primera vez que teníamos sexo estando drogados…

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ACLARACIÓN                                                                                                  

La lista de temas que le hice escuchar en ese momento estaba compuesta por:

  • Phoenix – Lisztomania
  • Arcade Fire – Here Comes the Night Time
  • Tame Impala – Why Won’t They Talk To Me?
  • Capital Cities – Kangaroo Court
  • Kings of Leon – Comeback Story
  • Lana del Rey – Video Games
  • Muse – Muscle Museum

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