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Mi mejor amigo, mi mejor noche

…Ya, dejemos de hablar

dime hasta cuándo vamos a disimula

paliza de besos, para comenzar

apaga la luz y solo disfrutemos…

Hacía ya más de un año que éramos amigos, amigos de los buenos. Adoraba a aquel hombre como pocas veces me había pasado.

Todo empezó con una conversación por una red social, “facebook”, un hola, como estas, y nos caímos bien. Hablamos por ese medio más de un mes, hasta que decidimos conocernos. Fue un viernes de Carió, paso a buscarme, y salimos. Bailamos toda la noche, nos reíamos a carcajadas con tonteras que decíamos, y sobre todo cuando alguno intentaba cantar en ingles, más que ingles eso sonaba como guaraní.

Desde ese día, nos volvimos algo así como inseparables, interminables cervezas compartidas en el parque, mates, boliches, miles y miles de mensajes.

Debo admitir que al principio no lo miraba con otras intenciones, el era mi mejor amigo, y para nada iba a dejar que esa relación se estropeara. Nos contábamos todo, amores, ex amores, futuros amores. Pobre de él, que me había visto llorar tantas pero tantas veces por un corazón roto, que no lograba sanarse. Pero siempre estaba, y bancaba a una loca que no quería darse cuenta de la realidad.

Tantas charlas, tantas risas, tantos consejos sexuales, éramos como pocos son, demasiada confianza nos teníamos. Hablábamos de cómo nos gustaba el sexo, de qué forma debía ser tal o cual cosa, nos conocíamos íntimamente sin siquiera haber tenido contacto una sola vez.

Recuerdo miles de momentos, tantos que no podría hacer una lista finita, así fue que también el cariño por el crecía sin darme cuenta.

El último tiempo, no nos habíamos visto mucho. Los horarios y responsabilidades de cada uno no entorpecía un poco las cosas, y como para rematarla había aparecido una doncella en la vida de él, que con una dosis de buen sexo lo estaba engatusando. Tampoco es tan así, seguramente mi reacción es a causa de celos. ¿Celos? ¿Pero cómo? Eso no era posible, era mi amigo.

No entendía bien, me plantee y me lo replantee miles de veces. ¿Celos? Volvía a preguntarme, buscando respuesta. Hasta que si, eran celos y no había forma de dibujar lo que sentía para convencerme de que no lo eran. ¿Qué me estaba pasando?. Fue entonces cuando entendí, que sí, mi corazón había sanado hacia bastante, y estaba listo para querer a alguien más.

Me guarde el secreto por varios días, aunque las ganas de gritarlo a los cuatro vientos eran enormes. No recuerdo bien el porqué, ni el cómo, pero una tarde le dije, le comente como queriendo confesarme lo que sentía. No sé si esperaba una respuesta, pero obtuve una que quizás no me gusto tanto pero era igual de valida que la contraria.

Me dijo obviamente que también me quería, que le gustaba, le atraía de una forma particular hacia ya bastante, pero que había aparecido esa otra persona. No puedo decir que tenia nuevamente un corazón roto, quizás fue un balde de 80 litros de agua congelada cayendo en mi cabeza, dándome a entender lo tonta que había sido.

Me volví a repetir a mi misma que eso no podía estropear mi amistad con él, así que puse mi mejor cara de “acá nada paso” y seguí siendo igual con él.

Si, si, es verdad, me moría por dentro en decirle que no quería ser su amiga, pero lo quería demasiado para perderlo, en fin por un error mío. Por lo que nuestra amistad siguió igual, seguíamos sin poder vernos, ya lo extrañaba. Hasta que por fin concordamos nuestros horarios.

Salí de trabajar esa tarde a las 21hs, y él me esperaba en su auto por la calle Patricias. Me subí, un súper beso de “¡te extrañe mucho!”, y fuimos a donde siempre.

Una Quilmes, y el parque nos esperaban. Estacionamos, estaba un poco fresco por lo que nos quedamos adentro del auto, nos charlamos todo, teníamos que ponernos al día, nuestra rutinaria charla sexo-divertida, uno que otro cachetón, pellizcar cachetes, y dicen por ahí “juego de manos, tocadera de culos”, y se escapo un beso que termino depositado en mis labios.

Ninguno se detuvo, nos besamos como si el mundo se fuera a acabar. Empezó a tocarme, metió sus manos debajo de mi remera, masajeaba mi pecho con delicadeza y eso producía en mi más calor.

Desprendió mi pantalón sin ningún inconveniente, agarro mi mano y me dio el impulso para tocarlo. Eso era grande, estaba duro, el deseo se había hecho presente y se volvía cada vez más indomable.

Me pidió que me pasara al asiento de atrás, tal vez era más espacioso, más cómodo, o lo que fuera, no pensé nada y me cruce por encima de la butaca. Me siguió, nos sentamos uno al lado del otro, sin decirnos nada, ya estábamos decididos lo que íbamos a hacer, desprendí una camperita que llevaba puesta, me saque le pantalón (quien me mandaba a mí a ponerme esa noche un jeans de esos que me quedaban tan apretados, era todo un trámite sacarlo), el hizo lo mismo, su torso ya desnudo su pantalón abajo, agarro mi cabeza y me invitaba a chuparlo.

Lo mire y le dije que me lo pidiera y así lo hizo… “chúpamela”, me ordenó.

Abrí la boca, y la deje entrar, él me manejaba, agarraba mi pelo y me subía y bajaba, toda adentro, la apreté, le chupe la pija como tantas ganas tenia de hacerlo hacia bastante.

Le bastó un solo movimiento, su mano en mi cintura, me acostó a lo largo del asiento, abrí mis piernas, y entro. Grueso, duro, suave, lo metió todo. Lo sentí, y juro por dios, que hasta allá me alcanzo el placer que sentí. Era como comerse un matambre a la pizza con jamón y roquefort, con papas gratinadas, un exquisito Malbec, y una copa helada de postre.

Me envistió tantas veces, que no llegue a contarlas, era espectacular que lo hiciera así de fuerte.

Se detuvo, se sentó y me sentó arriba de él, en aquella posición tenía el placer esparcido perfectamente para que llegara al gran ¡ohh!

Nos movíamos, definitivamente las miles de charlas que habíamos tenido nos sirvieron para conocernos sin conocernos. Fue perfecto, seguimos hasta que el llego a su punto máximo de placer. Terminamos y nos unimos en un abrazo que no puedo decir bien que significo. Puede que haya significado todo, o nada a la vez. No lo sé, pero fue el abrazo mejor dado en la historia de los abrazos.

Una noche excelente, donde sin duda alguna, termine de confirmar lo que sentía, ya no tenía un corazón roto, esta vez estaba más entero que nunca, decidido a entregarse una vez más.

Dedicado a mi mejor amigo, dedicado a quien sin nunca juzgar me vio en el peor de los momentos, y hoy quiero regalarle los mejores. 

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