Palo para mi rancho

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Atravesamos etapas en la vida donde por momentos es más simple iluminarnos los ojos al escuchar el sonido del despertador, donde abrir las ventanas para ver el sol mañanero entrar es el primer deleite del día, donde vivir plenamente nos llena el pecho de satisfacción. Otras que nos tiñen un tanto de gris ese paisaje, nos atropellan con imágenes desagradables para impedirnos darle luz a nuestros ojos, nos atormentan con oscuras emociones para dejarnos sin el sol de cada mañana, nos aprietan el cuello y nos nublan la conciencia para inhibirnos de inhalar la satisfacción de estar vivos.

Comencé a preguntarme. ¿Es la vida la que nos juega una mano engañosa para hacernos creer que el mundo es lo que percibimos y no lo que realmente vemos, o somos nosotros los que hacemos oídos sordos para no ver, para no vernos? ¿O somos nosotros los que callamos nuestras voces para no escuchar esos gritos que nos avergüencen? ¿O somos nosotros los que amagamos eternamente a actuar, esperando que aquello regalado como un don, la mortalidad, nos salve del esfuerzo y la valentía que implica poner la cara, cerrar la boca y actuar?

Después de indagarme, de señalarme, de llenarme de vergüenza varios días, me canse… me agotó, y me puse a pensar en cómo hacer para no sentirme más así. Estoy tal vez, partida a la mitad entre esas etapas a las que hacía referencia. Estoy harta de saber que luego de una llegará la otra y así sucesivamente hasta tanto no ponga mis manos y mis sentidos en el asunto, para por lo menos esperar que el don de la muerte me encuentre sabiendo ¿qué hice y que no hice…?

María Laura Sánchez vive cerca de casa, a unas 3 o 4 cuadras. Yo vivo en Mendoza, Argentina. Esta buena mujer, escucha el sonido de la alarma del reloj y se levanta apurada porque tiene que despertar a dos criaturas de 7 y 9 años de edad respectivamente. Les prepara la leche mientras los viste, procura que la tomen toda, más dos tostadas con manteca y dulce de leche a cada uno. Se sube a un vehículo modelo 2003, prende la calefacción, y acelera más de lo que a ella le gustaría con sus hijos a bordo para llegar a tiempo al colegio.

Generalmente lo logra, otras veces reconoce no hacerlo a horario. Sobre todo cuando alguno de los pequeños demoró más de la cuenta desayunando, cuando le cuesta despabilar a alguno que se siente tan calentito y cobijado en esas frazadas, que la simple idea de pasar frio al vestirse lo atan con ellas a la cama. Cuando no encuentra el zapato, la camisa, el cuaderno de ciencias naturales, o cuando todo esto y más suceden al mismo tiempo. Alguna vez también se quedo dormida, ¿a quién no le ha pasado?

Estela de Garrido vive cerca de casa, a unas 3 o 4 cuadras. Esta buena mujer escucha un sonido que le avisa que es hora de levantarse, lo hace relativamente tranquila. Sus hijos una nena de 6 y un nene de 9 van a ir hoy al colegio; pero generalmente están despiertos. En 10 minutos prácticamente están en la escuela y son siempre los primeros en llegar.

María Laura tiene el colegio más cerca que Estela. María Laura lleva a sus niños en auto y Estela no. La verdad, me imagino que puede ser lo que ocurra, pero algunos datos deben de escapárseme.

Estela se despierta con un sonido que no es un despertador, ella no tiene luz, es el sonido de un gallo que tiene junto a unas cuantas gallinas o de los pájaros en verano. No necesita despertar a sus pequeños porque ya lo están. Algunos duermen con ella y no todas las noches se duerme cómodo entre los perros. Estela no pierde tiempo en vestirlos, si se lo puede llamar vestirse, el frio los motiva a hacerlo rápido. Estela no pierde tiempo en darles de desayunar. Ellos quieren ser los primeros en el colegio, pues ahí lo harán…

Como si fuera poco Estela tiene a 4 chicos más, a cargo de una nena de 14 años que la ayuda en muchas tareas de “la casa”. El tema es que no pueden ir todos juntos a la escuela, no hay zapatillas para todos, pero hay voluntad para encoger los dedos y usarlas como se pueda.

Las necesidades nos movilizan, unos llegan antes porque lo necesitan, otros cuando pueden por inconvenientes, otros no llegan nunca porque tienen todo, y no tienen nada.

Después de este desayuno no muy agradable para arrancar el día, me largue al mundo. Mientras iba al trabajo me detenía con la mente a observar detalles que están a diario, pero no los percatamos hasta que la idea no se instala en nuestra mente. Las ideas se nos instalan para jugarnos malas pasadas también.

Entonces me acorde de una charla que tuve con el Dr. Albino de la fundación CONIN. Siendo más jóvenes ambos, se tomo el 20 rojo “Santa Ana por Bandera de los Andes” y tuve el honor de hacerle unas preguntas en privado. El me decía, “mire señorita, los perros son la cara visible de un lugar, ¿Cómo es eso? Si, ud. cuando valla por la calle observe cuántos pichichos flacos, de orejas sucias y colas caídas encuentra sin mayor esfuerzo. Cuando vea esto, por gusto frenesé y sigaló, hay grandes posibilidades que atrás de ese animal se esconda un niño con hambre. Uno dice muchas veces, ¿cómo puede ser, no tienen ni para comer y tienen perros a montones? Se tapan hija, se tapan con los perros, con sangre caliente, por eso tienen tantos perros…” Me pareció exagerado lo del doctor, pero…

Cuando quise acordar estaba en una jauría pública, ¡qué manera de haber perros!, eso si todos tal cual los describía el doctor. Hay que tener muchos ovarios para seguir a un perro de esos, pensaba, y ver la cara de los nenes que lo esperan en casa. ¿Los tengo?

Tenemos que preocuparnos por la educación de nuestros hijos pienso siempre, nada nuevo ni original por supuesto, pero creo que ahí radica el problema de aquellos que nos situamos al sur del “continente de los del norte.”

María Laura se ocupa, Estela no puede. Estela se ocupa de que su hijo coma. ¿Cómo pedirle a una mujer que jamás pisó un colegio, que tuvo desdibujada la imagen paterna y materna, cuando no ausente, que piense en educar a sus hijos, en darle estudios? Claro después somos capaces de pensar “pero esta mujer es tonta, no sabe que el centrifugado es el ocho y no el cuatro en el programa del lavarropas.” Y si, es tonta. No se hace.

Seguía Albino: “El cerebro de un niño recién nacido pesa 35 gramos, lo que equivale a 6 monedas de un peso. Cuando el chico camina pesa a los 14 meses, 900 gramos, 150 monedas de un peso. El 80 porciento del peso del cerebro del adulto, que son alrededor de 1200 gramos.”

Para darnos una idea el cerebro tiene 140.000 millones de células, el hígado 100 mil células y a esa altura, cuando al nene lo vemos caminar y le sacamos fotos, crece un 25 porciento del adulto.

Cada célula emite hasta 15.000 cablecitos, como las hojas de un árbol en primavera. Estos  le dan al individuo todas sus características cuando se conectan. Como decía el doctor, aquellas por las que decimos, “que culto, que fino, que inteligente, muy cableado. O decimos que torpe, que bruto, que osco, poco cableado.”

La clave de desarrollo del cerebro depende de dos factores fundamentales, la alimentación y la estimulación. Aquí se ensamblaron uno tras otro, vagones de razonamiento que tenía confundidos.

Alimentación… cómo puedo pretender yo educar a un niño que no recibió la alimentación necesaria en la etapa fundamental para el desarrollo de su cerebro. Un niño al que le sacaron la teta al los meses para dársela al que lo sigue, un niño que en la época de ajo, come ajo, en la de uva, uva, en la de nada… nada.

¿En donde quiero sembrar la semilla de la educación si ni siquiera fuimos capaces de preparar el terreno para poderla desarrollar?

Una vez escuche una historia que hablaba de una mujer que tenía una pequeña clínica en donde atendía voluntariamente a niños del lugar. La mujer estaba preocupada porque los resultados no eran muy positivos. Sin rendirse comenzó a estudiar más a fondo el tema y a consultar al respecto con una enfermera que la ayudaba, la cual sin más formación que su deseo de colaborar, le abrió los ojos. Se dió cuenta de que la sala que esta mujer controlaba obtenía mejores resultados, o aquellos problemas que afectaban a los niños eran menos nocivos, que los de la sala que la doctora con grandes pergaminos cuidaba.

Así que la enfrentó y le dijo, “digamé, qué hace en su sala con los chicos cuando yo no estoy”. La mujer entre dientes le respondió: “cuando ud. se va yo le desconecto todos esos aparatos y cables que le coloca, y me siento al lado de ellos a leerles, a escucharlos, a reírme con ellos, a darles amor doctora…” La Estimulación.

La cosa me iba quedando más clara.

Cuando uno ve una injusticia tiene dos formas de reaccionar, o busca un responsable al que echarle la culpa, o se hace cargo aunque sea en parte del papel que le toca.

Hoy vemos periódicos, televisión, escuchamos a políticos tratar temas actúales, hasta nosotros mismos discutimos muchas veces y ponderamos situaciones de inseguridad, desempleo, comunicación, educación, salud, y tantos otros más que nos aquejan. ¡Nos rasgamos las vestiduras! Ahora, cuántos de nosotros hacemos algo por cambiarlo acorde a las posibilidades que tenemos individualmente y grupalmente. Yo muy poco.

Todo muy lindo doctor, pero ¿Cómo hacemos? ¿Por dónde empezamos? Sencillo si se quiere Daisy, son 5 cosas las que se deben hacer para empezar si queremos cambiar el futuro:

Preservar el cerebro dentro del primer año de edad, Educarlo a través de un cerebro intacto, Cloacas, Agua corriente y Luz eléctrica en cada casa argentina. Así tenemos una potencia en 30 años.

Los problemas debemos tratarlos a través del contexto. Dime con quién andas y te diré quien eres, dime lo que te dan y te diré lo que te falta. De nada nos sirve agarrar un chico, llevarlo al colegio, darle unas zapatillas, y devolverlo a la tarde al lugar donde viven, ¡de nada!

Uno cree que el pobre es un individuo igual que nosotros pero sin plata, y el pobre es pobre en educación, es pobre en familia, es pobre en amigos, es pobre en fuerza, es pobre en entusiasmo, es pobre en sueños, en introspección, en retrospección, en experiencia adquirida y encima no tiene plata.

Mi abuelo era italiano. Recuerdo que un día me llevo de paseo y al pasar por un cementerio le pregunte, ¿abuelo, ahí están los muertos? Me miro y me dijo: “ahí están aquellos que vinieron antes de nosotros, y sus padres y sus abuelos. Aquellos que pusieron la primera piedra en esta tierra para levantar lo que hoy tenemos a la vista. No son muertos. Los que viven con honra son los vivos, los que viven sin honra son los muertos, por eso en el mundo hay gente que muertos viven y vivos que muertos… mueren.”

De apoco me iba acercando al meollo de la cuestión. El doctor me decía: “quien hace su trabajo, gana su comida, paga sus impuestos, pero no hace nada para que en algo cambie su sociedad es un ladrón. Todos debemos hacer lo que nos corresponde hacer y un poquito más para contribuir al bienestar general.”

Es muy difícil doctor, es como remar en el dulce de leche, sin poder convencer a alguien para que ayude. “Los hombres somos más como la gallina, pero a veces nos comportamos como el chancho, me dijo. Cuando Ud. coma huevo con jamón, deténgase a pensar que hizo cada uno de los animales para involucrarse en su bienestar. Uno dejo la vida, lo carnearon y Ud. está comiendo un sabroso jamón, otro hizo un poco de fuerza y le regalo un huevo para que coma.

Hay muchas personas que la van a mirar y le van a decir, muy bien señorita, la verdad cuando me salga ese negocito, le doy una mano. Habrán otros que se sumarán a la causa suya, o de otros y dejaran la piel. Cada uno busca la mejor manera de ser honrado, cada uno busca de la forma que mejor le sale. No todos tuvimos la misma educación, no a todos se nos alimentó igual.”

La gallina también tiene sus cosas buenas, a diferencia del salmón que pone cerca de 200 mil huevos y no dice nada, esta pone uno y se lo grita a todo el mundo. De tanto en tanto debemos hacer lo mismo, gritarles a todos lo que estamos haciendo e informar que se puede, por más pequeño que sea el huevo que estemos poniendo.

Quiero buscar la manera de no pensar más que hay hechos que no voy a ver, que hay cosas que mis hijos o los hijos de sus hijos quizás puedan vivir. Me resisto a pensar que no es posible torcer la realidad en que vivimos, salvo que alguno puje para el otro lado, salvo que alguno no quiera vernos comer bien, educarnos bien, y hacer el bien. Si nos damos cuenta también es nuestro deber decirlo.

Nosotros podemos comprometernos desde el lugar silencioso que ocupemos, desde distintas organizaciones, o desde donde nos encontremos a buscar la verdad y querer la justicia, sin más alternativas que las de entrar o huir.

La verdad duele, y mucho. Ayer estaban vacunando a los chicos en el colegio de mi sobrinita, y me repetía que le iba a doler. La doctora les decía que no pensaran, que iba a ser rápido y el dolor muy poco. ¿Por qué no me decido a que me duela mucho o poco una sola vez más y veo la realidad, en vez de pasarme la eternidad observandolá y sufriendo el dolor de enfrentarla sin hacer nada, una y otra vez?

Que las diferentes culturas, que el lenguaje, que la raza, y tantos absurdos más…

Como dice Albino “Yo solo distingo una raza… la raza de los hijos de esta tierra, un solo color… el color de los hijos de esta tierra, y una sola lengua, la que va de la cabeza al corazón y del corazón al corazón del otro sin el sonido de una sola palabra.”

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