Adiós y buenas noches

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Si hubiera sabido lo que pasaría, tal vez me hubiese alejado. Si tan solo el universo me hubiera dado una señal en que confiar, no estaría pasando por esta situación. A veces la empatía no alcanza como una ciencia para conocerlo todo, y como un tonto, caigo en los juegos más simples.

Llega un punto en la vida en que debo poner en un balanza lo que tengo y lo que no, lo que dejó y lo que gano. Debo ponerte, ahora, a vos en una balanza. Por más que sepa que el resultado es negativo, mereces que la justicia se aplique. Porque hoy no me queda otro remedio. Hoy soy sentimientos y huesos: nada de piel, nada de carne. Todo lo que soy lo expongo al calor del sol.

Debe ser que hace mucho que no escribo una carta de despedida. Ya perdí la facilidad para decir adiós. ¿Sabés? Antes te podría haber hecho llorar con tan solo dos palabras conjugadas. Te podría haber convencido de que estaríamos por siempre juntos con el simple hecho de apoyar el lápiz en el papel. Pero hoy me has dejado sin verbos, sin sustantivos…hoy mi diccionario acumula hojas en blanco. Créeme que podría haberte pintado el cuadro más surrealista, y hacértelo entender con dos frases, pero el surrealismo de las cosas supera la realidad. Y nuevamente, como un tonto, caigo en los surrealismos más simples.

No, no es tu culpa. Créeme. Es que tal vez, todo lo creé para mí. Me habrás encontrado en un momento de mi vida en donde mis números estaban en rojos y yo, el mismo aislado sentimental de siempre, lo interpreté de otra forma. Es que a veces me dejo llevar por la anacronía, y sin siquiera tener una soga, intento desanudar un problema. Ese soy yo, no me voy a quejar.

Pero ya está, no voy a echarle la culpa a mis problemas, ni mucho menos a vos. La cuestión es que no puedo, sinceramente no puedo. Tengo la cabeza volteada de pensamientos, y si le sumo uno más, es probable que lo pierda todo. Dejemos todo como esta. Hagamos de este stand by una eternidad. Tal vez en ese infinito podamos pertenecernos. Tal vez en la inmensidad de la nada te encuentre de nuevo, te sonría, te invite a tomar un café y terminemos los dos siendo uno. Quedémonos con el hipotético futuro del “Qué hubiera pasado sí…”

El punto final tirita en mi lápiz, y lamentablemente tengo que dejarlo caer. Hoy voy a purgar con mi propia luz los sueños de toda mi vida. Extrañar, seguir para adelante, y en el peor de los futuros, arrepentirme.

Adiós…y buenas noches.

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