Pequeño manifiesto sobre los domingos

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Ahora estoy suspendida en el vacío, sin vínculos. Estamos en la nada.
 Virginia Woolf

El domingo está lleno de domingos más chiquititos que se esparcen como fractales por las paredes húmedas y llenas de arañas explotando.

De manera general, el domingo está ubicados entre los sábados y los lunes, pero en ocasiones se esconde entre otras fechas, entonces podemos encontrarlo después de un martes e inclusive  siguiendo a un miércoles apático

El domingo se agazapa en la maraña de la noche y nos mira durante nuestros insomnios, aunque sea viernes.

Durante el domingo no se puede respirar. Es como estar bajo el agua, con todo el peso de los Siete Mares en nuestro pecho.

Las arañas siguen explotando por todos lados (inclusive en el Polo Norte)  Sin hacer ruido, pero con una parafernalia de fuegos artificiales del vientre del Sol.

El  domingo duele en las ausencias, en los bostezos eternos, en el cielo que está al alcance de las manos.

El domingo no viaja a la velocidad de la luz, lo hace a la velocidad de las sombras.

Es un secreto a voces, no puede ser notado por nadie, aunque todo el mundo sabe de su existencia, como el lado oscuro de la Luna.

Durante el domingo  espero un mensaje suyo; quizás lo haya mandado  en un Código Morse inaudible o con señales de humo durante el viento Zonda.

El domingo son las redes sociales llenas de zombies. Además está plagado de fantasmas aburridos que juegan al chinchón sin cartas. Ninguno gana, a pesar de sus trampas veleidosas y  arteras.

El  domingo es así por su propia decisión, nadie lo obliga.

Ahora se va reptando por el cristal de la ventana, luego saltará al cielo  y se quedará acechando durante una semana para volver a hacer desmanes.

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