La carta a los Reyes Magos

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Ya no somos niños y nos cuesta creer en la magia. Sin embargo, los deseos que nos alumbran el alma siguen estando. La pulsión de vida es el misterio más hermoso que nos aferra a la ilusión de esto que llamamos vida, este tránsito terrenal que no por eso carece de lo intangible.

Los hijos, los proyectos, la pasión que nos mueve cada día, hoy se hacen presentes al despuntar el sol y buscar entre nuestras huellas los regalos de la vida, esos que hemos deseado tanto, que nos han costado y también los que nos han llegado con dolor.

Las cosas hermosas son las más simples, las más nuestras, las perlas preciosas del tesoro que nos llevaremos al lugar en el que habitan los seres cuando salen de aquí.

Allá, en el cinturón de Orión, habitan las almas de Alnitak, Alnilam y Mintaka, los tres magos caldeos que siguieron la conjunción de Júpiter y Saturno sobre el desierto de Jerusalém hasta encontrar a un niño que sabía de esos tesoros que están fuera de este mundo. Hasta allí llegaron a ofrecer la magia de su alquimia sagrada como homenaje de amor.

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Hasta esas estrellas vamos cada año los aprendices de estos maestros, a llevar las cartas astrales que hicimos, como obsequio a su sabiduría, y las cartas con los deseos, los proyectos, el sentir de estos cuerpos mortales que somos y que sabemos que hay algo más allá de nosotros mismos.

Reuní a mis lectores y les pedí que me ayudaran a hacer la carta que debía entregar, con los deseos que solicitaban desde ese rincón de niños que creen en milagros que bajan de las estrellas. Ellos pusieron en palabras lo que quieren manifestar en el mundo de posibilidades, de todas las posibilidades, para ellos y parta los demás. Como en una ronda junto al fuego, hicieron el ritual a la luz de las lentejuelas titilantes en el vacío y fueron nombrando lo que el corazón les decía.

Yo anotaba, presurosa, cada uno de los pedidos mientras me colocaba los atributos: la capa sobre los hombros, el manto sobre la cabeza que decoré con el prendedor de piedras que ellos me obsequiaron en la iniciación, los anillos y el sobre con la firma lacrada y la lobesia de alas abiertas que ellos distinguen.

Una vez lista, cerré los ojos, respiré tres veces y me subí a la nave dorada que nos transporta hacia la constelación. El viaje es precioso y la llegada de todos se ve como una lluvia de luciérnagas en el cosmos.

En el salón de espera todos comentamos las experiencias de avistajes, profecías, interpretaciones galácticas sobre los mundos de los que cada uno viene. Pasado, presente y futuro se confunden en esa cofradía astral que esperamos ansiosos.

El ritual siempre es el mismo: un querubín toca  su trompeta y luego dice el nombre lacrado en el sobre que sostiene. El nombrado se dirige hacia el trono de los maestros, que abren el sobre, leen la carta, deliberan, preguntan y entregan los obsequios que traemos de regreso.

Cuando me toca a mí siempre me pongo nerviosa, porque es también como un examen. La calidad de los obsequios que les llevamos y los deseos transcriptos hablan más de nosotros que de quienes han pedido.

—Tú venías desde el Sur de la tierra azul… —dijo Alnitak mientras Mintaka abría el sobre. Asentí con la cabeza.

Mintaka me guiñó el ojo al ver el cofre con las cartas astrales, que abrió Alnilam susurrando “hay mucho aquí…» Sonreí con un poco de alivio.

—¿Saben el significado del eclipse y de la conjunción? —preguntó Alnitak. Volví a asentir con la cabeza. Y mientras Mintaka leía los deseos de la carta que llevé le dijo a Alnitak: “No tienen miedo”.

—A juzgar por las cartas astrales que veo… son seres… especiales —dijo Alnilam.

Volví a asentir con la cabeza

—¿Qué piden? —preguntó Alnitak a Mintaka, que empezó a enumerar.

—¿No piden dinero o cosas raras? —dijo Alnilam.

—Bueno… en realidad… aunque no sean raras, es raro que las pidan en las cartas que nos mandan. Hablan de prosperidad, trabajo y abundancia, además de salud, felicidad y amor.

—¡Vaya! ¡Están entendiendo! —Volví a sonreír—. Has traído sus deseos, ¿qué deseas tú, pequeña? —dijo Alnilak y ahí venía la prueba.

La respuesta es crucial para obtener las bendiciones que uno va a buscar.

Me arrodillé, abrí mis manos hacia ellos y dije: “Me han dado discernimiento, don de la palabra y alquimia; acceso a los secretos del cielo y sanación. Deseo más tiempo para la misión en la tierra azul”.

Ellos deliberaron porque saben que cada pedido abre un canal hacia los demás, así que yo estaba pidiendo algo más que un deseo, implicaba una acción directa. Hicieron una seña al querubín, que hizo sonar la trompeta y se abrieron de par en par las setenta y dos puertas del salón circular.

—¡Que se presente el tiempo! —Ordenó Almitak ante el silencio de todos mis hermanos astrales.

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El Tiempo se abrió paso entre la multitud desde la puerta sesenta y siete, escoltado por el Pasado, el Presente y el Futuro. Llegó hasta mí, me pidió ponerme de pie y mirándome a los ojos comenzó a hablar.

—Soy uno, ellos son mi reflejo —dijo señalando a sus escoltas y agregó—: cuerpo, espíritu y mente. Están en ti como en mí y todos. Soy uno —volvió a repetir—. Luego levantó sus manos y ordenó—: ¡Est unum ad aeternum! y, si dudan, diles que repitan Alef Yud Ayin.

Luego abrió el reloj de arena y los granos formaron en el aire las letras que se fundieron en mi piel como los escoltas en su semblanza, mientras yo las repetía y el tiempo se hizo luz.

La cúpula del salón se abrió y los magos elevaron sus manos para señalar la ruta por la que mi nave viajaría de regreso con los pedidos otorgados, marcando el punto astral del amanecer en la constelación de Acuario con un haz multicolor por el camino de las Pléyades. El color del haz que emiten es la cantidad de bendiciones que transporta, que se hacía más luminoso con el tiempo deslizándose entre ellas.

Yo agradecí besando sus manos. Mintaka me acarició la cabeza y volví al salón de la tertulia en donde seguí brindando y celebrando historias hasta el final de la noche. Otro querubín toca la trompeta y dice los nombres de los que deben partir antes del amanecer. Me sonrío sabiendo que el tiempo es uno y somos uno con él, así que no me apresuro, sólo cerré mis ojos, respiré tres veces y repetí: Alef Yud Ayin.

Abrí los ojos sobre mi cama con el despertador sonando y el primer rayo de Sol colándose entre las nubes. Repetí otra vez las letras y me levanté a por los primeros mates del día mirando el cielo iluminarse, con la paz de saber que todo lo que se pide desde el corazón se concede para siempre y se revela en las pequeñas perlas de cada día en el cofre que se abre al amanecer.

Transcribo la lista de deseos que llevé a mis maestros, los Reyes caldeos astrólogos de Oriente. Algunos de esos pedidos me los fueron contestando (lo transcribo también) y agréguenle el regalo del tiempo, que no es poco. Al final, algo que me recordó uno de mis amigos astrales en el salón de espera.

LOS PEDIDOS:

“Encontrar mi propósito en esta vida y dejar de sentirme tan vacía”. (Valeria YaYe Bandesper).

Agregué que era un pedido recurrente entre quienes solicitaban su carta astral. Me dijeron que el vacío es el punto de partida esencial y que sólo se llena cuando se junta con otros vacíos. Ahí es donde se halla el principio de toda la creación y ese es el propósito de todos: la co-creación.

“Sanar aquello que me hace sufrir tanto a veces y me hace ver todo tan negro… y también deseo salud mental para todos aquellos que la necesitan”. (Adrián Matías Badui).

Sobre esto agregaron que el vacío co-creador es oscuro, como están las semillas bajo tierra o como está el cuerpo de la Luna cuando se deja opacar por el cuerpo del Sol. En el vacío oscuro está la plena manifestación de la luz.

“Salud y prosperidad para todos mis seres queridos; paz e impronta para mi vida; concretar mis planes para este nuevo año”. (Carla Orquera).

“Deseo de todo corazón paz, amor y salud para todos nosotros y para mis seres queridos”. (Alejandra Román).

“Deseo para todos que tengan felicidad. Sin felicidad no hay camino. Con felicidad hay vida. Que todo lo malo que venga lo sepamos superar para poder evolucionar y ser cada día mejores, con más empatía y más amor. Seamos felices. Sé feliz”. (Martín Marlia Suchetti).

Dile a este muchacho que se junte con Valeria y Adrián, dijeron los magos.

“Amor, reciprocidad, felicidad, prosperidad y salud”. (Jimena Semiz)

“Quiero saber cómo se llama la estrella que está al lado de “Las tres Marías”, esa es la mía”. (Silvia Rosa Ferrara).

Cuando me acerqué a besar la mano de Alnitak él me susurró al oído que «esa» estrella es un sistema solar múltiple llamado Sigma Orionis. Me recomendó visitarlo antes del próximo encuentro y que podés ir cuando quieras.

“Salud y bienestar para mis abuelitos. Luz en sus mentes y corazones. Gracias”. (Glesny Angélica Chillcce Pucuhuanca).

“Que Dios todopoderoso aniquile cada copia y demo de One Direction y que el alma de Pinochet sufra con mil repeticiones de Karina, la princesita”. (Guerrero Católico).

Respecto a este pedido me comentaron que hay un problemita de compatibilidad de deseos porque habían llegado miles de pedidos por recitales de la banda One Direction. A Pinochet nunca nadie lo nombró en las cartas así que no saben quién es.

“Paz, salud, amor y prosperidad para mi familia; poder cumplir metas este año nuevo y nunca dejar de buscar mi mejor versión para ser feliz. Muchas gracias”. (Noelia Giménez).

Dijeron que dar gracias es fundamental, por todo. Que la palabra «gracias» suena más fuerte y funciona como amplificador de lo que la acompaña.

“Ya es bastante con mi Sol y Mercurio en casa 12. Estoy como viendo el film Soul de Disney y Pixar”. (Hugo Aquino).

Me preguntaron que qué espera ese muchacho para ir a la cofradía, que además de su carta empiece a hacerle entender a los demás las suyas.

“Salud y buenos momentos con mi familia, y poder cumplir mis metas este año, fortaleza para seguir cuando las cosas se complican”. (Angii Cornejo).

“Salud y amor para los que habitamos este planeta… Eso traería paz”. (Eugenia Urenda).

“Deseo que los extraterrestres develen qué es lo que hacen con nosotros… la humanidad ya está perdida. (Rosario Marchesi).

Me dijeron que no falta mucho para que lo sepamos, que la señal de Alfa Centaury es real y que nada se pierde, todo se transforma.

“El despertar de toda la Humanidad y que la luz penetre en lo más profundo de la oscuridad de cada uno de nosotros”. (Marcela Ibarra).

Dicen que empieces a poner despertadores y abrir las cortinas porque la luz está.

“Que aprendamos a ser sanadores heridos, que la angustia no nos acorrale, que actuemos desde la sabiduría y el amor”. (Luna Indómita Luz).

“Salud para todos mis seres queridos, paz y unión familiar en este nuevo año ¡Éxito y salud para todo el mundo!” (Aly Aguilar).

“¡Trabajo, salud y felicidad, y ver a mi hija triunfar siempre!” (Noe Olmedo).

“Paz, armonía , sabiduría y amor para todos en éste año tan especial”. (Jose Lobato).

“Mendoexit. Millennials sin quejarse. Liberales al gobierno. ¿Pueden hacer eso?” (Anónimo).

Me dijeron que sin firma no hay chance… Pero que si juntan ánimos es posible cualquier cosa, incluso ir a otro planeta.

“Quiero ser independiente, coqueta y próspera. Deseo tener a mi hijo feliz y sano SIEMPRE”. (Bunny Morgan).

“Paz…” (Belu Agüero).

“Se viene un gran cambio en mi vida que afecta directamente en mi estabilidad económica, emocional y familiar. Deseo tener la fortaleza, confianza y sabiduría para poder sobrellevar y adaptarme a ese cambio y así poder seguir dando todo por mi hija”. (Lore Altamira).

“Que la Luz y el Amor rodee todos nuestros espacios aquí en la tierra y este vasto universo. Energía Divina para todo y todo”. (Karina Barbero).

“Salud , trabajo y armonía para el universo , energía para seguir este camino de vida , deseo con todas mis fuerzas un bebé para este nuevo comienzo salud y paz para mí hija y deseo vitalidad para mí casa y mis plantas”. (Michelle Tiare Gomez)

LOS REGALOS:

Estoy segura, como lo están los magos, de que estos deseos son los de todos y que en la mañana de hoy cada uno de ustedes, como yo, tiene el alma emocionada con lo mucho que hay a nuestros pies aunque no siempre lo sepamos valorar. Tengan siempre alma de niños y crean que, como dice mi amigo El principito (con quien estuve hablando en la tertulia), «lo esencial es invisible a los ojos». Algún día dejaremos esta tierra azul como él salió de su asteroide, volando con una bandada de pájaros, rumbo a otros mundos y más posibilidades.

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