Los cuentos que Diem Carpé cuenta: Claridad

¿Por qué me encuentro escribiendo tan perfecto conflicto? ¿Será que quiero contagiar el deseo de claridad a aquel que se siente extraviado?

Es que al principio pensé que todo estaba relacionado a un estado benefactor del alma. Pensé, estúpidamente, que  las cosas podían ser hermosas, cuando en realidad todo era incorrecto. Podría tranquilamente acusar a mi inocencia de tan maña desilusión. Podría decir que todo fue un engaño del tiempo; que tal vez mi experiencia no era suficiente. Pero no pienso hacerlo así. Si algo me queda de todo esto es saberme equivocado y, en marcarme con una cruz los tropiezos que obtuve con lo pasado, podré (tal vez) encontrar amparo.

No es cuestión de mirarme al espejo y encontrarme con una imagen desmejorada del hombre que fui ayer. No. Es cuestión de mirarme al espejo y encontrarme con el yo de hoy. Porque el yo de ayer no existe, y si existe, hoy no lo quiero atravesar. Es que así, la valentía que un día requiere pasa por ese primer vistazo al espejo. Ese primer vistazo donde nos volvemos a descubrir, como si fuésemos niños. Porque todos los días nacemos y todas las noches morimos ¿Acaso nunca dejaste algo para “mañana” sabiendo que el “hoy” se esfumaba en el reloj?

Intenté no pensar más en el asunto y salir. Decidí no mirar el atrás, no dejar que el yo de ayer me alcance. Decidí, por sobre todas las cosas, que el hoy nunca muriese. Porque hoy puedo ser yo. Hoy tengo todas las cartas de la baraja en las manos, depende de mí saber qué carta jugar en cada situación.

Después de tantos años, entendí con exactitud la metamorfosis del alma. Hoy soy ese niño deseoso de nuevas vivencias. Hoy soy el sueño cumplido del poeta, y estoy ansioso de que mi prosa se convierta en agua. Agua que llene de vida. Agua que calme mi propia sed.

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