Cuentos desechables para el bolsillo de la dama y la cartera del caballero

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Sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay gustoso si es largo.
Miguel de Cervantes

Circo

Un león sin dientes ruge tras unos barrotes de hule.
El único payaso el lugar se recupera de una resaca sumergido en un lago de vino.
El mago no encuentra ni su conejo ni sus naipes ni su sombrero de copa.
La equilibrista renga desea fervientemente una red para no caer más en la arena.
Entonces…
Un viento atroz y perfecto despedaza la carpa en infinitas partículas.
El maestro de ceremonias tiene la desfachatez de presentar la función cómo el mejor espectáculo jamás antes visto.
El público son las estrellas que aplauden a rabiar.

Bahía Blanca.

Se repite como todas las urbes: humanos y cemento.
Camino por la avenida Colón hasta la plaza Rivadavia.
Me siento bajo la sombra de un árbol anónimo, ignoto y sin cerebelo.
Un perro negro, cuyo hogar es lo que nos rodea, me sonríe y se acuesta cerca mío.
El viento del sur arde (oxímoron).
En un momento todo implosiona; la ciudad, con lo que contiene, regresa al Verbo Original, a la Prosa no escrita.
El perro negro y yo somos los excepcionales sobrevivientes; él sigue sonriendo mientras me enciendo un cigarrillo, el último que me queda.

Punto de vista

Un fantasma camina entre las sombras en silencio. De repente, se encuentra frente a frente con un humano; fue el peor susto que el espíritu se llevó en su vida eterna.

Cuadro

Acuarela.
En el centro de la imagen una mujer, desnuda y bella cómo una maldición, se peina el cabello lenta y metódicamente; las flores rojas, azules y amarillas que la rodean por doquier respiran quedo para no interrumpirla.
Arriba y atrás el Sol dormita.
Con cada movimiento que ella hace la pintura que la compone se corre, se desdibuja, se esfuma; la hace tan real como lo son los sueños.
Termina de peinarse y se recuesta a dormir.
Atardece lentamente.
El Sol y la Luna se cruzan pero no se saludan.