Estas son las mañanitas

Todas las mañanas son iguales, lindas, novedosas y especiales.
Sucio y desprolijo – Pappos Blues

La mañana me respira en la nuca, despacito. Tiene un aliento suave, estremecedor; de tigre soñoliento con la mirada perdida.

La mañana genuflexa, con la cabeza gacha; tiene su ADN lleno de mañanitas pasadas – en tiempo y en sabor.

Una mañana sin fin y sin fines de lucro. Con olor a lluvia, a pleno sol y con nubes chuecas.

A la mañana le gustan las palabras, las que son inquietas, lujuriosas e inocentes.

La mañana es el mate pausado, el colectivo lleno de pisotones y humanos.

Es una brisa que viene desde el mar donde aun sigo nadando.

La mañana es música traviesa que se esconde en la heladera, como un imán de delivery.

Es el gato que se acuesta en la ventana y desde ahí dirige al mundo con garra de felino.

Es una mosca que me habla y me habla y me habla. No le entiendo, no manejo su idioma de mosca.

La mañana generalmente es azul, casi nunca amarilla, otras veces es invisible, y en la mayoría de los casos se oxida.

La mañana es ansiosa, llena de cigarrillos y el maldito tic que a veces me consume.

Es agua, que en realidad es un espejismo entre las dunas del mediodía.

La mañana es un salto desde el trampolín del insomnio.

Es un infierno encantador, con manos de mujer que está escondida en la distancia.

Tiene un lanzallamas para quemar los insectos del pensamiento.

La mañana avanza a salto de mata en tierra de nadie bajo fuego amigo.

Es un frasco de vidrio con un planeta envasado al vacío.

La mañana te mastica, con su boca sin dientes, una y otra vez sus encías rosadas se cierran sobre mis dedos que intentaron acariciarla.

Es un resplandor en mis ojos alucinando que es una mañana de amor.

Las mañana es una línea recta que baja por la pared, va por el piso lleno de migas y fósforos quemados, sale por la puerta y se pierde en la inmensidad del pasillo.

La mañana es una puta.

Es una tortita raspada.

La mañana te trae las traiciones y te las sirve junto con la mermelada y la manteca.

La mañana es un cross de izquierda, al mentón, de esos que te dejan las rodillas tambaleando.

Es el corazón latiendo sobre la mesa.

Es una ensoñación.

Es un avión de papel estrellándose en el suelo sin que queden sobrevivientes.

La mañana es un gancho de carnicero, y todos pendemos de él, pendulando con los ojos abiertos y el cuero de la espalda atravesado por el garfio.

La mañana es un suspiro de fantasma.

Es saber que no somos, que en realidad alguien nos esta soñando.

La mañana se disfraza de selva, entonces la humedad te llena los poros y tu sudor te ahoga cayendo desde el cielo.

Son dientes hincados sobre mi credulidad.

La mañana es mi abuela que charlaba con mi abuelo, muerto hace décadas.

Son flores haciendo un ruido estruendoso al crecer.

La mañana son los peces que nadan a mi alrededor mientras cuelgo la ropa lavada en el patio.

La mañana es ella, con el pelo suelto y los labios de dragón.

Es una cucaracha trasnochada que se inmola en una hornalla encendida.

La mañana es un cabo suelto. Entonces no hay crimen perfecto, no hay mañana perfecta.

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