Fucsia Amanecer

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

-Me haces sonreír –

Soltó esa frase mientras la luz se apagaba en ella y comenzaba a desvanecerse el sol.

Me encuentro escribiendo, pero ella extiende su mano, arrebata mi lapicera y escribe en mi piel algo que debería sentir en mis labios.

Por favor, apaguen los relojes, detengan al mundo y díganle que no vale la pena que siga girando; pues el sol ya no brilla. Las palabras creativas se transformaron en algo destructivo; o peor aún, se transformaron en nada.

Los dedos se entrelazan; pero los corazones se desconectan. ¿Para qué seguir?

La estúpida realidad que aparece de golpe y se une al festín. Esa realidad que te instiga a firmar los papeles de rendición de los sueños. Ahora estas a kilómetros y kilómetros de lo que querías. Pero en tu piel escrito lo que te gustaría sentir…eso que ella dejo marcado.

Miradas encontradas, manos enlazadas. Otra vez la eterna batalla entre lo que es real y lo que es ficción.

Solo es ella la que habla: – Por favor, hazme sonreír, lo necesito–

No estoy preparado para esto…el sol ya no esta, y sé que con la brisa matinal te volverás a convertir en una fotografía. Una imagen del pasado que solo acumula polvo.

Desearía revertir las cosas. Muchas veces las palabras duelen más que los actos.

Las manos entrelazadas se tornan frías…inertes. Ya no es real…es de noche, lo sé.

-No te vayas–, me repite una y otra vez.

Nunca me iría…

Ya no está la frase en mi piel, ni sostengo sus dedos entrelazados. Hay una mirada al suelo y lagrimas que recorren mis mejillas.

Despertar con la brisa, entretenerse con las hojas y dormirse en el viento es una realidad inevitable. Muchas veces querría que fuese de otra forma, pero las cosas pasan por algo. No es destino, no es casualidad…las cosas simplemente pasan.

También podes leer:

Testigo, por Diem Carpé