El gato y la mujer de madera

Aghata una mujer transformada en una muñeca de madera por el Dr. Richtard, este enfermo hombre de cuarenta años, no era más que un cirujano mediocre, que experimentaba con la mutación genética y las malformaciones congénitas, su esposa Fraulien Violet Richtard, obligo esta pobre y desamparada mujer a someterse a esta experimentación quirúrgica, esa noche todo el pueblo de Hersierville, estaba en silencio, las frías y oscuras calles estaban vacías, los borrachos estaban en sus casas, junto al fuego de la chimenea , solo se oía en ronroneo de un gato, este caminaba por las tapias frías de la mansión del gobernador.

Mientras en el lúgubre quirófano del Dr. Albert Richtard, Aghata expulsaba de su flagelado y mutilado cuerpo el último aliento de vida, este tomo un martillo y voló su tabique en pedazos. Mientras lo reponía por uno de madera y así con todo su cuerpo, dentro de una caja de cristal puso su corazón y lo coloco en una repisa, junto con sus otros especímenes, luego de cuatro horas de intervención quirúrgica un poco retorcida, desprendió los amarres de cuero de sus extremidades, la tomo de su omoplato y piernas y la colocó en una meza de morgue, Enchufó varias espigas de corriente a la misma, Segundos posteriores el Dr. Albert dio veinte voltios a la perilla de la pared, esta comenzó a electrocutarse , aunque es un poco inhóspito ya que la madera no es conductora de la electricidad, pero aun así esta saltaba como si estuviera convulsionando, fue entonces cuando su ojos se abrieron como un capullo en primavera, eso ojos forrados de odio, que poseían un color negro casi penetrante , luego de unos segundos de que su nuevo cuerpo de madera dejara de lanzar humo como si fuera un incendio forestal, la ruidosa puerta del quirófano rechino y despertó a Aghata, era la esposa del cirujano Fraulien , una mujer de casi cincuenta años , pelirroja de tés blanca y con facciones alemanas, esta le trajo un vestidos de color borrabinos unos zapatos negros, medias, una capa y un sombrero.

Fraulien, la vistió, pinto sus labios de rojo y sus cejas de negro, parecía humana pero su coraza era de madera balsa, rígida y dura como la educación de una monja. Luego de que Fraulien le llera todo el génesis, Albert tomo la mesa de morgue y la dirigió hacia el callejón trasero, sin ninguna clase de resentimiento la tiro en la pestilencia y la mugre mundana.

Aghata trataba de levantarse pero no controlaba sus extremidades nuevas, sus ojos de cristal, no adoraban a las lágrimas, lo cual era muy penoso para ella ya que en ese momento las necesitaba, mientras sus pies y manos se movían en distintas direcciones, este misterioso gato llamado Harvey, se acercó a ella y con su vos humana digo:

– ¿Eres otra víctima de la inquisición? Mi maderada extraña amiga. Digo el gato mientras relamía sus patas.

– Ni siquiera sé que soy. Ésa mujer se me acerco en el bar y me inyecto algo y es todo lo que recuerdo, luego de eso me en convertí en esta ser lleno de herejía.

– No creo que tengas el poder donado de satanás en las venas, como para cometer herejía, ni si quiera sé si tienes venas.

– Eso no me importa ahora, tan solo quiero moverme de aquí y quitarme esta ropa tan adultera, no quiero que el innombrable me profane.

– Si controlas tu mente, podrás controlar lo que sea. Dijo el gato mientras desaparecía en las sombras de la oscuridad.

La luna me forraba mis ojos, solo oía mi respiración. Debía hacer lo que el gato paranormal me dijo, o quedarme aquí sentada en la mugre. Fue entonces cuando Aghata cerró sus ojos con sus párpados de pino, y trato de concentrarse. Repitiendo una y otra vez:

Puro es mi pastor, el cura mis heridas

Bajo el árbol Él Se Oculta,

Tratando de olvidar la sequia

Sus estigmas nunca Sanan

Ya que el dolor del mundo nunca acaba.

Luego de repetir por casi una hora, este antiguo sermón al parecer mi nuevo cuerpo estaba haciendo lo que yo le decía, primero me puse de pie, mis gemelos estaban casi tensos, mientras mi mano derecha se movía sin para en el sentido de las agujas del reloj, la detuve con mi mano tire el feo sombrero en la basura y comencé a caminar. Unos ojos muy malvados me observaban desde lo lejos, este hombre llamado Hanzel Cooper, uno de los que practican la inquisición, creador de la pera habladora. De nuevo Harvey apareció y camino junto conmigo por la oscura calle de adoquines, mientras lo hacíamos le pregunte por que podía hablar, el muy sublime y elegante contesto:

– Tú ya no perteneces al mundo de los humanos, estas en una vibración diferente a los mundanos, así que ahora podrás oír hasta lo qué los Robles dicen.

– Pero eso no es blasfemia la fe en Jesucristo.

– Ser diferente no es un pecado, pero ser iguales es un molde.

Cuando llegamos al final de la calle donde se exponían a las brujas o las personas que cometían herejía. Harvey me dijo que yo estaba destinada a esta vida todos nosotros todas las creaciones de Dr. Richtard, eran la prueba de que dios, nos ha dejado de lado. Yo no era la única a la cual le habían causado esto, también había niños, hombres, ancianos, a los cuales habían convertido en especímenes, unas niñas pueblerinas las unieron y las transformaron en un solo cuerpo con dos cabezas y a eso lo llamaron satánico y que profanaba la palabra de dios. Tan solo éramos un proyecto para mantener viva la inquisición y que las creencias de la iglesia católica no decayeran. Harvey dijo muy tristemente, que el mundo no era más que un gran experimento , creado por mentes aburridas, quizá la religión sea una mentira, o quizá dios sea un alienígena , pero en estos tiempos pensar de una manera tan avanzada, es peligroso.

Aghata y Harvey continuaron su camino hacia la salida de Hersierville, estos admiraron el oscuro paisaje del pequeño pueblo lleno de humedad y árboles frondosos, el humo de las chimeneas se mezclaba con la densa neblina.

En horizonte se podía ver los rayos de sol que aún son huérfanos de la oscuridad, la noche terminaba y mi nueva y extraña vida comenzaba. El sol entro en los ojos Harvey y en los míos. Este iluminaba al pueblo de una manera tal que le quitaba todo lo tenebroso, era como si el paraíso se despojara de las nubes y se desnudara completamente.

Mientras disfrutaba de esa fantasía, dos hombres vestidos de negros con sombreros triangulares, me tomaron de los hombros, y me arrastraron hasta la plaza, donde se queman a los herejes, al llegar ahí me tomaron de mi cabeza y comenzaron a golpearme con una maza, dejando mi cara en pedazos esparcidos por todo el lugar. Y el experto en la inquisición Hanzel Cooper dijo unas palabras:

– Esta es la prueba de que dios aún tiene pruebas para nosotros, esta es la prueba de que satanás aún sigo mandando a sus soldados para destruir la fe de dios y dejarlos ciegos de fe. Luego de esas palabras los pueblerinos comenzaron a gritar amen por doquier.

– Si pudimos erradicar a las sucias brujas del mundo, podemos también erradicar a los hijos del diablo, a los cuales llaman amorfos. Si tenemos hijos deformados es porque dios no ha penetrado en vuestras almas y aún menos en vuestros hogares. Es una larga labor pero debemos lograr que la fe y la paz del señor lleguen a todo el mundo.

Justo debajo de la plataforma donde acaban de decir esa narcisista y fascistas palabras el Sr Cooper. Harvey estaba debajo y mientras relamía sus patas dijo:

– Al menos a esta llegue a conocerle mejor.

FIN

Escrito por Hanzel Cooper para la sección:

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