No hay peor ciego que el que no quiere oír

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“¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?” Groucho Marx

Domingo 11 30hs de la mañana. El calor está empezando a hacer estragos en la paciencia y en la convivencia, amén de que no se puede uno ni mover, respirar o vivir; una multitud de hombres y mujeres vestidos con sus mejores ropas deambulan por las veredas, recibiendo portazo tras portazo en las narices: Testigos de Jehová. Los atiendo amable pero con una negativa rotunda, ellos insisten esgrimiendo la revista Atalaya y farfullando versículos memorizados pero no comprendidos. Es inútil que les diga que la Biblia la escribieron hombres como ellos y como yo, personas de carne y hueso sin la intromisión de algo divino. Obtienen de mi parte el mismo resultado, un portazo en las narices. Desde afuera me miran como si fuese el peor de los pecadores, peros son ellos los que les niegan una transfusión de sangre a un niño porque la Biblia dice no sé qué cosa en no sé qué parte. Si un Dios te pide eso no te quiere.

Veo los diarios en línea, las noticias dicen  que la Iglesia les puso calzones a las estatuas del Vaticano, nada de pitos o  tetas o conchas para recibir a un presidente; se avergüenzan del arte y de las proporciones divinas, les da pudor un desnudo pero no tener tantas riquezas. La iglesia sólo vende culpas, la autoflagelación mental. Te dice que desde que fuiste concebido sos un pecado caminando. Te comen la cabeza y te hacen masticar la carne de Cristo en una convulsión caníbal; los Autos de fé toman otra forma, pero son los mismo que en el medioevo.

Prendo la TV, están emitiendo un documental de Osho y mientras pasa el programa diciendo frases tales como: Puedes engañarte en ciertos momentos, vivir un mundo de sueños, pero un sueño no te dará nada…Lo que dice son  obviedades. Mi abuela me decía que no ande papando moscas por la vida, porque camarón que duerme se lo lleva la corriente y me lo dijo gratis mientras amasaba fideos. Veo a Osho y es la moda de las palabras evidentes, el pensamiento pret a porter.

En el zapping descubro un programa de deportes, hablaban de fútbol, en un momento una de las hinchadas cantaba algo así como: por vos la vida por vos la muerte, y se me erizó la piel, no de emoción, sino de vergüenza ajena. Tanto aprecio, se puede tener por algo que tan lejano, tan intrínsecamente vacío, para ofrendarle la vida propia, y de ser necesario, según su juicio de las cavernas, la de otros.

No hay dioses, no hay maestros. Los verdaderos avatares no son escuchados. Nunca lo fueron, sólo fueron usados para la conveniencia de otros. Ni Jehová ni Dios ni Osho ni un jugador de fútbol van a salvarte la vida, nadie lo va a hacer, excepto vos amando a tu familia a tu pareja y respetando a los demás. Eso, para mí, es lo verdadero. De eso se puede formar una cadena, un loop de amor que nos salve y nos eleve a otro lugar.

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