Historia de otros tiempos

Tenía una fecha de entrega pactada, pero se sentaba adelante del monitor y la hoja virtual seguía en blanco. El café se estaba enfriando en el jarrito térmico y Soda Stereo sonaba a pleno.

«Después de un baño cerebral estaba listo para ser amado»

Esa frase se adecuaba a la perfección a su situación actual. Estaba lista para ser amada, pero no había nadie que la pudiese amar.

Empezó a hacer frío. Se cortó la luz, aunque la batería de la notebook hizo que esta no se apagara. Nada. ¡Ideas! ¡Necesito ideas! Se empezó a decir a si misma con la esperanza que una idea apareciera en su mente para la nota que tenía que entregar. Maldito bloqueo de escritor.

Y de repente el monitor se apagó, como si se hubiese quedado sin batería. Pero ella sabía que la computadora estaba cargada al todo. No podía ser, pero era.

«Todo es tan previsible, tan frío»

Su mente reproducía la música que en su computadora había dejado de sonar. Pero no se sentía como si fuese un pensamiento, se sentía como si en su equipo de audio esta música estuviese sonando por los parlantes, que realmente, estaban apagados.

Se paró y se fue a mirar por la ventana y de pronto era todo blanco. No habían calles, ni habían autos. No estaba en su barrio, raramente le daba la impresión de que la música la había transportado a otro lado. Y así era.

Encontró en su escritorio, al lado de su computadora, ahora apagada, un cuaderno con una lapicera en sus espirales, y sintió la necesidad imperiosa de escribir. Sintió que sus dedos cobraban vida propia y llenó ese cuaderno, y la música cada vez sonaba más fuerte. Y de pronto sintió que todas las emociones del mundo la llenaban de la calma que nunca había sentido en su vida. Quizá eso era lo que le faltaba.

De pronto, ella ya no tenía control. Del cuaderno empezó a escribir en las paredes una historia tan antigua como el tiempo. En donde nevaba más que otra cosa y no habían computadoras, no había nada. Solo había música. Y cerró los ojos mientras que de sus ojos brotaban lágrimas.

Cuando abrió los ojos ya sus manos estaban llenas de cicatrices y llagas. Nadie la escuchaba y a nadie le importaba. La historia tan antigua como el tiempo tenía que ser contada, y nadie más quería escucharla. Soda Stereo seguía sonando en su mente.

«Come de mí, come de mi carne».

Nadie la escuchaba. En ese lugar de blancas paredes ya nadie escucha. Le llaman loquero, pero ella sabe, ahí adentro están más cuerdos que los demás.

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