La traumática experiencia de ir a la casa de tus suegros siendo mujer

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Hace un par de días, Dionisio hizo una nota referida al tema, pero hoy voy a contarle/s sobre los que nos toca a nosotras pasar cuando vamos por primera vez donde los suegros.

El cuestionario que se sufre en todos lados, con todos los suegros.

-¿Dónde vivís?

-¿Qué estudias?

-¿Trabajas? – Acá varían las preguntas que le siguen, si respondes que sí, te preguntan desde qué trabajas, cuánto ganas, hasta con cuántos compañeros tuyos te acostaste. Y si respondes que no, te preguntan porqué, de qué vivís, etc.

-¿Tus viejos? ¿Qué hacen?

-¿Hasta qué edad piensas vivir con ellos?

-¿Cuánto cobras la hora?

Seguramente alguna sea leche hervida como yo y le den ganas de responder para el culo pero por tu novio del cual estas súper enamorada y lo amas tanto que ya tenés hasta la lista de invitados para su boda, no lo haces y respondes con la mejor voz y sonrisa de virgen mental, aunque por dentro escuchas una y otra y otra vez una vocecita tan conocida repitiendo cada pregunta “Counter-terrorist win”.

Los hombres tienen problema con la profesión del suegro, nosotras tenemos un problema un tanto mayor si sabemos si tiene una agencia secreta del FBI  con la vecina de enfrente y se enteran de todo, porque apenas te vea, ya va a saber si te gusta tragar o que te acaben en las tetas.

Si la doña en cuestión es una profesional, no se habla con sus vecinas, no sale nunca, es más tierna con su hijo que son su marido, te recomiendo que corras más rápido que Forest, sin mirar atrás y no volver a hablarlos nunca, esa señora se excita con su hijo y te va a traer muchos problemas.

Llega el día de la cena. Te pasas todo el día buscando que ponerte, no querés verte ni muy puta ni muy santa (la cara no te acompaña), ni querés ir vestida como La Jenny del barrio.

Caen a la casa de tus queridos suegros, tenés más nervios que la primera vez que te hiciste un test de embarazado. Entras y te sacan todos la ficha, sobre todo el hermano y el padre para ver si no te han levantado alguna vez en la Montecaseros, porque ¡Vamos! Tu novio no tenía mucha pinta de enamorarse.

Llega el momento de servir la comida, y tu suegra empieza a preguntarte si te gusta cocinar, si sabes cocinar, que es lo que más te gusta hacer y ahí querés matarla. Odias cocinar, no sabes y no tenés  ganas de aprender, así que no sabes si decir la verdad o mentir. Si le decís que sí, seguro te pregunta de víbora que es si sabes hacer alguna comida rara para ver si sos una caradura, y si le decís que no, te echa de su casa porque ¿cómo su bebe va a vivir con una mina que no sepa cocinar? ¡Se va a cagar de hambre!

Con los hermanos es otro problema, si está bueno, automáticamente te haces los ratones y pensas en decirle a tu novio que lo invite a un trío, si es feo, o tiene cara de virgo, te va a mirar las tetas y el culo (así sea que no tengas uno o el otro) el flaco se clava 25 pajas mentales.

El padre es un lindo problema, viejo verde te mira lascivamente sin importarle quién sos, si tiene la mujer al lado, nada. ¡Y no contarte si la mujer lo engancha mirándote el culo! Te hace la cruz de por vida por “calienta pija”, le llena la cabeza a su hijito de que la hija ingarchable de la vecina de su abuela es un partidazo porque estudia y trabaja (claro, de machos ni hablar, no la toca ni la madre para hacerle un cariño).

Y bueno, lo del baño también nos pasa a nosotras, también hacemos caca chicos.

Escrito por Fifty para la sección:

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