Princesas y príncipes

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Todos los relatos clásicos son adaptaciones de historias mucho más antiguas y que en algunos casos beben de cuentos orales con más de medio siglo de antigüedad. Estas historias responden al contexto social e histórico en el que fueron elaboradas y se iban transmitiendo de generación en generación, con adaptaciones, y que a nosotros nos han llegado gracias al trabajo de varios escritores que con un afán más folklórico que infantil se dedicaron a reunirlos todos.

La mayoría de las adaptaciones de Disney proceden de cuentos que recogieron los Hermanos Grimm a comienzos del siglo XIX procedentes de la tradición alemana y los que unas décadas antes recogió también de la herencia francesa Charles Perrault.

La psicología afirma que las personas construyen sus propias subjetividades en base a relaciones interpersonales como las amistades, familias, así como también con las experiencias personales como lo son la lectura o escucha de relatos o cuentos. Todo esto hace una subjetividad en constante construcción que influye en las formas de ver la vida y la forma de relacionarse en el contexto socio histórico en el que se convive. Estos cuentos clásicos no solo describen conductas sino también personalidades y estereotipos que en determinadas situaciones forman una cosmovisión del mundo.

Las princesas de Disney desde sus primeras apariciones hasta el día de hoy han ido cambiando, tanto su personalidad como su relación con los hombres. También sus personalidades y cualidades. Aunque hay algunos estereotipos que persisten y se mantienen; por ejemplo: las princesas responden a estándares de belleza. Cuerpos ideales e irreales que generan problemas de autoestima ya que son propuestos como modelos. Presentan a la mujer como la encargada de las tareas de la casa y de cuidados.

Además, se las presentan como meramente dependientes de un hombre, el Príncipe que debe salvarlas de una maldición que otra mujer impuso sobre ella. Y aquí aparece otro rasgo característico que es necesario desterrar, las mujeres contra las mujeres. Las feas contra las lindas.

Los príncipes son los protagonistas olvidados de estas historias. Tienen minutos de fama y una gran responsabilidad sobre sus espaldas. Sus grandes espaldas. Si, sobre los varones también pesa el estereotipo de belleza, el de hombre perfecto. Entre estos modelos aparece el de el hombre proveedor, sumamente masculino y musculoso, proveniente de la realeza y con mucho dinero, con gran poder y el único que puede rescatar a la princesa. Los príncipes nos dicen que los hombres deben estar en el tiempo y el momento perfecto para salvar a su princesa y saber lo que ella necesita sin la necesidad de hablar mucho ni expresar sus sentimientos. ¿Acaso es posible esto?

Todos estos modelos hacen que inconscientemente la persona a la hora de relacionarse busque en el otro a su princesa o príncipe, idealizando a la persona y dándole la tarea de salvador con el que se saldrá de la casa paterna y de todos los problemas. Así como también, la normalización de la violencia entre mujeres y del hombre hacia la mujer. Aquí radica la importancia de problematizar estos personajes, para poder descubrir conductas dañinas y crecer y mejorar en las relaciones interpersonales e intrapersonal.

Teniendo en cuenta que las historias son construcciones socio – históricas y que han ido mutando tanto por la transmisión oral como por los cambios sociales, ¿cómo deberían ser las nuevas princesas y príncipes? ¿Es necesario seguir manteniendo estos personajes?

Texto construido forma colaborativo por estudiantes de 2do año y profe Mica del colegio María Auxiliadora de Rodeo del Medio

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