2020: la crisis millennial

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Mucho se habla de estos individuos que nacieron en los ´80 y que hasta para establecer un punto de partida generacional tienen problemas. No es para menos, pues los planetas que aspectan a esta generación no ayudan. Vamos por partes.

Los planetas se dividen en personales y generacionales, de acuerdo a la velocidad de movimiento alrededor del Sol. Así, nos encontramos con Mercurio, Venus y Marte que, junto al Sol y la Luna determinan características individualísimas de una carta natal, ya que se mueven muy rápido.

Pero están los otros: Júpiter y Saturno son relativamente lentos en sus ciclos, de manera que vuelven al mismo punto de una carta natal cada 12 y 29 años respectivamente, marcando momentos de cambios personales importantes, también.

Y luego están luego Urano, Neptuno y Plutón, que son algo especiales y determinan cuestiones de índole más generacional.

El paradigma astral milennial tiene la energía generacional en dos puntos muy marcados: Plutón y Saturno en Escorpio; y Urano, Neptuno y Júpiter en Sagitario. ¿Qué significa esto?

Sagitario es el “más allá de los límites” y Escorpio es “la gran transformación”. De manera que prometían bastante ¿Qué paso? Dieron sus primeros pasos entre crisis económicas, explotación laboral, corrupción, mafias, divorcios, SIDA.

Con esa base empezaron a soñar utopías que cambiarían el mundo tóxico en el que empezaron a tener conciencia de la realidad y se armaron una estructura psíquica de héroes depresivos, vulnerables y cuya vía de escape es el consumo de bienes, servicios e ideologías que no son material de su producción generacional.

En 2008 empezó un jueguito interesante de planetas para esta generación: Plutón entró en Capricornio. Plutón es el más lento de los planetas y cada vez que cambia de signo las transformaciones son inmensas a nivel generacional. A los milenials los agarró mediando los 20 y se les complicó la vida porque, entre que no tenían muchos planes, Plutón llegó a desarmar estructuras y ellos eran los que tenían que tomar la posta de esa transformación. Pero eso era como pedirle peras al manzano ¿Por qué? Porque Neptuno, la energía de las utopías, en 2012 les arruinó las posibilidades cuando se trasladó a Piscis y les hizo agua todo el idealismo.

La entrada de Neptuno en Piscis les produjo una crisis de identidad y, buscando ser incluidos en un sistema en el que no cuadraban, comenzaron una búsqueda de referentes propios que siguen sin encontrar.

A esa búsqueda sin éxito se sumó un rencor a la herencia de precariedad recibida y al darse cuenta de que las cosas no se cambian fácilmente y, que no sólo estaban adentro del sistema que detestaban sino que no había manera de destruirlo sin inmolarse, se dedicaron al choque generacional sin defensas históricas. ¿Qué quedaba entonces? Resurgir.

En ese planeamiento de Ave Fénix tan característico de Plutón en Escorpio (la última generación pre millennial con Plutón en Escorpio comenzó a nacer en 1736 y sus nativos fueron los primeros exponentes del período de «La Ilustración»), se amotinaron en un ecosistema de evasión a través de la digitalización y una adoración a lo vintage, que denota la nostalgia con la que ven a las generaciones anteriores y a las que, aunque no lo admitan, les encantaría poder imitar en lo que hace a la fabricación de sus propias oportunidades.

A esa dinámica se sumó Saturno, cuando entró a Capricornio en diciembre de 2017 y  los que estaban cumpliendo 29 y 30 años empezaron a ver limitaciones por todas partes. Plutón en Capricornio les estaba limando los cimientos, Neptuno en Piscis no los dejaba hacer pie y se sumaba Saturno a imponerles la madurez que es la peor palabra posible para los eternos adolescentes.

¿Qué pasó en el 2020? Se juntaron Saturno, Plutón y Júpiter en Capricornio (algo que no pasaba desde 1205) y se les vinieron abajo todas las posibilidades; no sólo a ellos, pero eran los que venían con el agua al cuello.

No es que no hayan querido construir algo sólido sino que, salvo algunos pocos, esta generación nació con aspectos energéticos muy complejos de canalizar. Su falta de compromiso se debe a que no quieren ser cómplices de un sistema que no construyeron y que sienten que los ahoga. En ese pataleo desesperado han logrado, sin embargo, la redefinición del trabajo, de la moral, de las fronteras, de la autoridad, del uso del tiempo y de la idea de familia hasta poner en jaque al patriarcado y a las religiones. Pero ahora no saben qué hacer con todo eso, están viendo cómo hacen funcionar el sistema.

No pueden viajar, se tienen que hacer cargo de sus padres porque son personas de riesgo, se tienen que hacer cargo de los hijos que no están yendo a la escuela, no pueden andar libremente por la vida y los que les daban laburo sin horario y sin sueldo fijo están prescindiendo de sus servicios. Todos los «ismos» ideológicos se están esfumando en la necesidad más básica: supervivencia; y con el más amargo escenario: sin épica de pertenencia.

La última oportunidad

En diciembre de este año Júpiter y Saturno pasan a Acuario y comienza la gran desintegración. Los millennials pueden ser protagonistas esta vez si logran superar la barrera generacional y encuentran el equilibrio interno. Hasta 2024 tienen la oportunidad histórica de asentarse sobre la intangibilidad a partir de la disolución de todas las estructuras y la depuración de todos los sistemas. Si lideran la batalla cultural colectiva, dejan de pensar en la utopía de una vacuna como la balsa salvadora y le meten cabeza al desarrollo de patrones superadores de responsabilidad.

No hay más tiempo. Si en el 2024 no han conseguido crear una sociedad a su medida, van a dejar de pelear con los de 50 y van a empezar a pelear con los de 20, que ni por casualidad los van a dejar sentarse en un puesto de autoridad.

Al ver los exponentes políticos milennials, ni a los mayores ni a los que han votado por primera vez les cabe duda de que los que están hoy entre los 30 y los 40 no pueden gobernar a nadie si no se gobiernan primero a sí mismos.

Datito de color: los últimos Plutón en Escorpio antes de los millenials fueron los primeros ilustrados, pero los líderes de la Revolución francesa tienen todos a Plutón en Sagitario y en Capricornio. Los que vienen naciendo desde 2000 traen esa misma semilla astral revolucionaria.

Plutón es el planeta del resurgimiento y en 2024 entra a Acuario, después del paso arrasador de Júpiter y Saturno, para afianzar la revolución de las ideas, la evolución de las comunicaciones y el fin del individualismo.

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