Halloween para un mendocino viviendo en Estados Unidos

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En los Estados Unidos, ya desde hace varias semanas en las vidrieras y góndolas de los hipermercados y hasta en las tiendas más pequeñas, la temática de Halloween ha invadido por completo la atención de los transeúntes, y no es para menos, esta celebración o aberración según quién lo mire, crea un gasto de parte de los consumidores en ése país del norte que alcanza casi casi los 9.000 millones de dólares. Olvidemos por un momento que estamos atravesando un año atípico e inusual pero en épocas normales los consumidores dejan en esa economía una cantidad de dinero que equivale a 5.000 millones de dólares más de los que el gobierno comunista de Cuba dice que ha perdido a causa del bloqueo comercial en todo el año 2019, para que tengan una idea parcial. Ahora, comparando con algo más cercano y doloroso, los consumidores dejan a la economía norteamericana durante el mes de octubre solamente (recordemos que Halloween son todos los 31 del décimo mes del año) un dinero tan exorbitante que ni la suma de tres presupuestos de Argentina: Salud, Educación y Agua potable y Alcantarillado logran equiparar al dejado por los fanáticos de la celebración de brujas, zombies y chocolates. Y para tener una idea más contundente aún, es como si cada habitante de la república Argentina gastara 225 dólares durante el mes de octubre, pero bueno, en Estados Unidos cualquier empleado de la construcción gana esos 225 dólares fácilmente en sólo 2 días de trabajo y un empleado de Mc Donalds lo hace en 3 jornadas. Duro pero real.

El tema de Halloween viene a mi cabeza cada año porque me hice adicto a ésta celebración, pero todo comenzó cuando subí unas fotos mías asistiendo a una fiesta de disfraces el 31 de octubre del año pasado y fui criticado por un par de amigos, uno de los cuales todavía tiene en su foto de Facebook el recuerdo cuando asistió, junto a otros amigos, al recital de los Rolling Stones en Chile, el otro crítico es un amigazo fanático de Apple y que por suerte pudo reunir los $240.000 que necesitaba para comprar el nuevo teléfono, pero que lamentablemente le robaron la bicicleta que tenía para ir desde el barrio Cementista de Las Heras hasta Palmares, donde trabaja de mozo en una pizzería.

La cuestión es que sus críticas apuntaban a que porqué yo no festejaba el Día de la Tradición,  apuntando a mi falta total de patriotismo y el excesivo cariño a una celebración extranjera. Para entender un poco más todavía,  empecemos haciendo historia:

Los antiguos pueblos celtas solían realizar una gran ceremonia para conmemorar “el final de la cosecha”. Esta celebración ocurría a finales de octubre. Esta fiesta fue bautizada con la palabra gaélica de “Samhain”. (El significado etimológico es “el final del verano“.) Esto es porque durante esta celebración se despedían de Lugh, dios del Sol. Esta festividad marcaba el momento en que los días se iban haciendo más cortos y las noches más largas. Los celtas, al igual que muchas culturas prehispánicas, creían que en Samhain los espíritus de los muertos regresaban a visitar el mundo de los mortales.

El año céltico concluía el 31 de octubre, en el otoño, cuya característica principal es la caída de las hojas. Para ellos significaba el fin de la muerte o iniciación de una nueva vida. Esta enseñanza se propagó a través de los años de generación en generación.

Con el auge del catolicismo, esta fiesta pagana se cristianizó y comenzó a llamarse «La Víspera de Todos los Santos», cuya traducción al inglés sería «All Hallow’s Eve», de ahí surgió la palabra «Halloween».

Hoy en día, en Estados Unidos, la celebración tiene un contenido diferente, más dulce y alegre, la mayoría y sobre todo los chicos, no saben nada de fiestas paganas, cosechas, ofrendas, ni poco y nada habían oído hablar de los Celtas. Chicos y grandes  también esperan el 31 de octubre con mucha pasión, en las escuelas hay concursos, bailes, manualidades y entrega de golosinas por supuesto como no, no es obligatorio pero se puede ir al cole disfrazado ése día. Pero la frutilla del postre es al atardecer, ya oscureciendo,  salen a recorrer las casas adornadas para Halloween, las que no tienen decoración alguna no son visitadas, es la regla. Los más chicos regresan a casa con su bolsa llena de golosinas, los adolescentes se juntan para asustar a los más chicos y los mayores hacemos fiestas en casa, de disfraces obviamente.

No sé si Halloween es una celebración sana, no sé si fue una fiesta pagana donde se veneraba al mal, como dicen algunos, no sé si está correcto animar a los chicos a salir con un mar de gente alegre y feliz por delante a pedir dulces con sus disfraces favoritos, pero cuando veo los ojitos brillantes de mis hijos ése día, creo con el corazón que no les estoy haciendo un mal, todo lo contrario, creo que los estoy alentando para que tengan una niñez feliz.

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