La vida moderna me cae como el culo

El otro día estaba hablando con una chica que es maestra jardinera. Ella me comentaba que había decidido cuidar niños a domicilio, o en su propia casa, porque le era mucho más rentable que trabajar para un jardín de infantes. Dice que no para de tener laburo y que le ha tenido que decir no a varias madres porque no da abasto. Incluso le han pedido cuidar a bebes de 45 días…

Por otro lado, también me contó que varios jardincitos se están “modernizando” y poniendo algo así como piletitas para los niños y hacer escuelas de verano. Dice que los cupos para estas escuelas ya están agotados.

Sinceramente esta noticia me indignó, lo primero que pensé fue que no pueden ser tan pajeras esas “mamis” y esos “papis” que no querían hacerse cargo de sus hijos y se los querían sacar de encima el mayor tiempo posible.

Fue entonces cuando, charlando con una de esas “mamis” me cayó la ficha de que no todas lo hacen por querer sacarse de encima a los pendejos o por ser profesionales distinguidas, sino que la gran mayoría lo hace porque no les alcanza la plata para vivir en el “modelo” (que nada tiene de modelo) de vida en el que están. Esto no disminuyó mi indignación, sino que mutó el fin. Ya no pienso que sean pajeros que se quieren sacar de encima a los hijos, sino que pienso que son pobres tipos esclavos de un sistema del que no quieren salir.

Entonces me puse a pensar en la vida hace unos años atrás, en la época de mis viejos, cuando viajar a Europa era algo que lo hacía la gente de mucha guita una vez en su vida, cuando con un solo auto mi papá llevaba a mi mamá a trabajar y nadie se moría, cuando con un solo tele alcanzaba, cuando las casas eran casas y no edificaciones ridículamente ostentosas, cuando se jugaba con juguetes de juguetería, no con una consola de cuatro lucas y un LCD, cuando consumíamos la luz necesaria para ver y éramos igual de felices, cuando nos llamábamos a los fijos e igualmente estábamos 100% comunicados, cuando trabajar era ir al trabajo ocho horas por día y luego las otras dieciséis descansar o pasarla en familia, sin seguir “full time”, cuando “hacer deporte” era llevar a tus hijos a jugar a la pelota al parque o a andar en bici y no gastar fortunas en clubes e indumentaria soñando que sean futuros deportistas millonarios y exitosos.

Ustedes me dirán que no nos podemos comparar con generaciones anteriores, que hemos “evolucionado”, ¿pero a que tipo de evolución nos referimos? Que hemos evolucionado tecnológicamente no tengo dudas, que ahora los quehaceres domésticos son mucho más fáciles y sencillos tampoco, ¿pero socialmente? ¿Hemos evolucionado como sociedad, como familia, como seno de la educación del ser humano?

Entonces, es lógico que hoy nuestros papas tengan que pelarse el orto veinte horas por día para poder darse todos esos “gustitos” que impone la vida moderna. La sociedad actual es desmesuradamente consumista y frívola y nos ha impuesto un modelo de vida espantoso y patético. Hoy si no conoces otro país sos un muerto, un tipo sin mundo. Hoy si tus hijos no tienen el último celular son grasa, ni hablar si no tienen celular, los tenes incomunicados. Hoy si tus hijos no van a un colegio de una luca mensual no van a tener futuro y sus compañeritos van a ser todos empleaduchos de cuarta. Hoy si no andás en un cero kilómetro tenes un trabajo pedorro. Hoy si no vestis a tus hijos con ropa tan cara como la tuya (disfrazándoles de grandes) sos un mamarracho. Hoy si no tienen la play, la moto, la compu y cientos de distracciones carísimas para los pibes sos una garcha porque los nenes se te aburren…

Lo que no sabemos es que hoy esos nenes no tienen papás, los padres son a un hijo lo que Dios a un creyente. De chico tus papas son todo para vos. Y por todo lo material que hoy nos rompemos el orto para tener, estamos perdiendo el vínculo familiar que jamás vamos a poder comprar con plata.

Pregúntenle a un tipo rico si no daría toda su fortuna por volver a ver crecer a sus hijos, por criarlos como un padre presente, por invertir todo el tiempo que perdió ganando plata en criar a su verdadero capital, a su verdadero legado, a su verdadero motivo y razón de ser. Les aseguro que cualquiera daría toda su fortuna por volver… y eso no se puede pagar ni con todo el dinero del mundo.

¿Nos hace mejores padres aparentar que tenemos todo lo material que deseamos, que les damos todo a nuestros hijos pero olvidamos la presencia, el afecto, el cariño y el vínculo? ¿Nos hace mejores personas vivir por el consumo desenfrenado? ¿De que sirve que tengan el último tele con la última play si eso nos lleva a tener que trabajar de más sin poder verlos crecer?

Entonces, por todo esto, la vida moderna me cae como el culo, me parece una pija, desagradable, vacía, absurda y ridícula. Veo papas profesionales, esclavos del trabajo, empleados o empleadores, hombres carentes de tiempo para sus afectos, para su pareja, para sus hijos. Absurdos números de un sistema atroz, ridículas marionetas de unos pocos “distintos” que se pueden dar el gusto de ganar mucho trabajando poco. Ejemplos de vida sosos, obsoletos, con fecha de vencimiento. Estresados, pelados, peleados, quemados, cansados, aburridos, amargados, preocupados, asexuados, abatidos, hartos, tristes, liquidados. La vida moderna es una verga, horrible, generadora de familias sin contenido, de mesas de almuerzo vacías, solitarias, con televisión como música de fondo e hilo conductor, de cenas sin sobremesa culpando al cansancio de la extenuante jornada diurna ¡con la facultad que significa la sobremesa!, de domingos que pasan entre sábanas, porque hay que reponerse una semana de trabajo para meterle pilas a otra semana de trabajo exactamente igual a la de la semana pasada y a la que viene y a la otra y a la anterior y a la que va a venir dentro de mil meses, de reuniones sociales especulativas, donde queremos ser “el amigo de”, “el conocido de”, “el socio de” y nunca ser nosotros, lleno de forros y personajes que nada espiritual nos dejan. Vida moderna del orto, que te quita a tus papás como ídolos y héroes mundiales, poniéndote a un dibujito choto de un musculoso con poderes sobrehumanos, o un infeliz con cara de agua que patea una pelotita por cien millones de euros, o una guachita vestida como gato que la pone con sus compañeritos de la primaria, o un jovato con plata que se alza con pibitas, o un taradito con cara de híbrido que canta como mujer, se mueve como mujer y baila como mujer, pero que en teoría es hombre, o un robot con voz de viejo que mata a otra gente. Una real bosta.

Aborrezco la vida moderna, aborrezco el modelo consumista patético y espantoso que nos impone la sociedad, me da asco y pena ver enfermos del trabajo compitiendo por plata y olvidando lo fundamental, lo esencial. Me dan asco los sueños de los “hombres modernos”, sueños de autos, de casas, de yates, de viajes, de miles de inmundicias materiales que solo nos sirven para demostrar que la tenemos más grande que los demás.

Ojala nunca sea como ellos, ojala con el pasar de los años mis sueños sigan siendo los mismos, ojala me siga dignificando ser persona, amigo, novio, hermano e hijo y no un trabajo o una profesión, ojala sigan siendo mis amigos y mi familia mi “cable a tierra” y no una actividad laboral, ojala siga viendo con indiferencia y lástima a los adictos al consumo y nunca con envidia, ojala siga viendo al trabajo como la forma más rápida de poder librarme de esta rueda, de este círculo horrible que es la modernidad y no como una actividad que voy a tener que ejercer toda la vida para poder vivir. Ojala siga siendo yo y mi mundo y no me coma esta sociedad asquerosa.

PD: cuelgo la foto original, como estamos con «la semana del culo» la de la portada hace referencia a eso (¡y que buenas estan por dios!)


También podes leer:

Estamos cagados pero…

El año pasado escribíamos:

Lo que el censo nos dejó

ETIQUETAS: