Los cuentos de Diem Carpé: Desvanécete si quieres

adentro

 ¿Qué hora dijiste que era? No, no es tan tarde tampoco. Por lo menos para mí no es tan tarde. Creo que aún hay tiempo. Sé que tal vez para muchos parecerá desubicado, pero es que este último período las horas no han significado nada.

Si ¿Viste?, la campera es nueva. La compre a propósito así con los bolsillos anchos, esos que te esconden casi la mitad del antebrazo. Es que todavía tengo esa necesidad de sentirme pequeño ante ciertas cosas. Un caso lindo de tratamiento psicológico, o no. Ya últimamente desatino en lo que digo…y en lo que pienso.

Estoy desvariando y no es por algo en especial, para nada. Estoy desvariando por la naturaleza misma.

¿Está fresco, no? ¿No queres ir a tomar un café? Ah, cierto, cierto… no tomas café. Y la hora que es, claro, la hora ¿Estoy desatinando, verdad?

¿Qué que hago acá? Nada. O todo. Depende de cómo lo mires.

Si, si. Es raro en mí hablar tanto ¿No? Debe ser que estoy nervioso… viste que cuando estoy nervioso me da por hablar incoherencias. Lindo mecanismo de defensa me tocó. Hay otros que reaccionan a las piñas, otros se les da por reír…pero el de acá adelante tuyo, se le da por hablar. Que boludo.

¿Entonces…si no es café, podría ser un té…o un helado, como aquellos días, te acordas? Ah, perdón. La hora, cierto, cierto. Es que nada más quisiera pasar el rato; ocho o nueve minutos con vos. Ni siquiera diez. No me hace falta tanto tiempo. Nada más algún instante para llevarme el recuerdo de tu perfume, de tu voz, de tus ojos o tu sonrisa…aunque sea por un par de años más.

Es que la verdad no venia para acá, iba en el colectivo y la vista me traicionó al corazón. La puta madre… es como hablábamos con aquel querido amigo; es el tiempo de valientes que uno toma coraje para hacer lo que nunca se hubiese imaginado a hacer. Pero qué cosa cuando pasa la valentía ¿No?

¡Cuántas retoricas estoy largando! Si me estoy volviendo loco a mí mismo, me imagino lo que estarás sintiendo vos de mí ¡Vah! Que te voy a hablar de empatía a vos…si las horas cátedras en ese sentimiento las tenes todas.

Perdón… o no me perdones. Sinceramente no debería pedir perdón por lanzarme. Al final, de errores vive el hombre, sino seríamos niños.

De verdad que debo estar volviéndome loco; hablando con una imagen mental de vos, mientras el colectivo pasa por la puerta de tu casa. Podes desvanecerte si queres…por más que trato no puedo acordarme de tu voz, ni mucho menos de tu perfume. Pero tus ojos y tu sonrisa están ceñidos a fuego, no te hagas problema.

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