Los cuentos que Diem Carpé cuenta: Decir Adiós

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…Aunque sólo me quedé con mi tristeza y ese hermoso presente, salvaje…y nada más…

Esta nota es muy sencilla.

Y es que no hay palabras rebuscadas para describir tan sencillo acto. O tal vez si, no lo sé. Pero es que la verborragia se escapa de mi boca estos últimos días para llenar escusas y nada más. Mis dedos han tenido, entonces, que cargar con el peso de expulsar la verdad. Cruda y recta.

¿Has notado la cantidad de veces que uno dice “hola” en la vida? Millones; miles de millones de veces. Pero ¿Por qué los “adiós” son contados con los dedos de la mano? ¿Por qué cuesta tanto decir “adiós”?

Y es que decir adiós no es sencillo para nadie. Ni para el que debe expresarlo, ni para el que debe recibirlo.

No hay contexto para expresarlo. Y tampoco hay un motivo para decirlo. El adiós es ocasionado por el cumulo de motivos. Es que el humano como círculo, es más propenso a absorber y bastante retraído a la hora de dejar ir.

Dejar ir. Fíjense como el simple hecho de escribir algo como “dejar ir” ya causa pánico. Imagínense entonces el dolor a la hora de decir adiós.

Todo aquel que lo ha experimentado, sabrá de lo que estoy hablando. El terror de decir adiós. El pánico de dejar ir. Ponerse cara a cara con la nada misma, gritar y solo escuchar el eco. Nuestro eco. Nuestra voz revotando en la inmensidad de la soledad.

Porque decir adiós no es dar vuelta una página en la historia. Decir adiós es cerrar el libro y guardarlo en la biblioteca de nuestra vida. Dejarlo ahí para que sus hojas se vuelvan amarillentas y se entierren en polvo.

Decir adiós no es cambiar de camino. Es bajarse en la próxima estación, recoger las maletas y hacer dedo en la deriva de una ruta incierta.

Decir adiós no es crecer, como decía Gustavo. Decir adiós es frenar el crecimiento.

Decir adiós no es un “hasta luego”, no es un “nos vemos”. Decir adiós, es dar media vuelta, y sentir que el refilón de tus ojos guardan la imagen del receptor en la eternidad de tus pupilas.

Decir adiós no es escapar. Decir adiós es cerrar la puerta…y estar totalmente consciente de ello.

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