Los cuentos que Diem Carpé cuenta: Tratando de escapar.

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Difícil es estar en ese lugar que no queremos estar, pero estamos. Difícil saber llevar a flote una mente divagante sobre los ríos de la cotidianeidad.

A veces te tomas las molestias de golpear al reloj para que las agujas avancen más rápido. Aunque sabes que es ilógico e irracional, seguís haciéndolo en un intento desesperado de que las horas dejen de apretarte. Aunque sea un segundo de más que te libere de donde estas. Porque a veces caes en un círculo de rutina donde lo más viable es encontrar alguna forma de escapar: en el mejor de los casos es la música sosa de una radio, o las destellantes imágenes de un televisor. Porque somos así, ya hasta nos cuesta valernos por nosotros mismos para poder escapar. Hemos caído en lo que no queríamos ser, pero somos.

O tal vez como en mi caso, te distraes con cosas simples y efímeras al ojo humano. Recuerdo observar una vez a una araña. Un simple insecto que día a día, tejía con esmero las telas de su “hogar” en un rincón de la estúpida oficina donde me encuentro en este momento, y a la que concurro todos los días. Me distraía pensar que tal vez, a la mañana siguiente, el hombre de la limpieza la aniquile sólo por ser algo antiestético para el ojo humano. Pero ocurrió lo impensado. Esa araña empezó a llevar varias semanas en el mismo lugar, como si nadie la advirtiera.

El tiempo pasó y después de unas semanas, pude encontrarme con el hombre de la limpieza. Le pregunte por la araña del rincón, y él me dijo que hacía tiempo que la observaba, pero que no iba a sacarla. Dicho esto, se marchó.

Sucedía que el hombre de la limpieza, tenía la misma distracción que yo.

Que patéticos los dos. El insecto solo vivía su vida y estaba en esta oficina vaya a saber uno por qué. El insecto ni entiende (ni sabe) que es la diversión de dos patéticas criaturas. Lo único que sabe el insecto es que si no trabaja construyendo la tela hoy, no tendrá para comer mañana. Saquen ustedes mismos las conclusiones de a quien se parece la vida de este insecto.

Pero es que así. Si de divagar se trata, yo creo que podría dar cátedras. A estas alturas ya esta mas que manifestado que es todo un juego de la mente para tratar de escapar. Porque cuando no estamos siendo fieles con nosotros mismos, vamos a intentar escapar. Y no hablo de un escape físico, porque uno puede escapar desde donde no quiere estar, pero no se puede escapar de lo que la mente le tiene preparado cuando estamos en ese lugar donde no queremos estar.

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