Nocturna

La noche ya se acerca. Se van agudizando mis instintos. Soy nocturna. Voy caminando por calles llenas de gente y de mundanidad. Siempre he sabido que no pertenezco a este lugar. Pero sé que la noche se acerca. Voy al bar. Va a aparecer. Tiene que aparecer.

El mozo me mira, ya me conoce. Soy la chica extraña que viene y se va. Pido lo de siempre, vodka con sprite. Espero en la barra que venga, sé que vendrá. ¿Si tan solo supieran, me mirarían igual? Estoy segura que en ese bar todos ya han perdido las esperanzas. La positividad. Hay un viejo que solo toma whisky, nadie lo percibe, pero escribe. Poemas a la soledad. Todos somos viejos conocidos, más allá de la edad.

Alguien molesto tira un vaso al piso. Putea como loco, es un nuevo borracho que no conozco. Trata de levantar los vidrios rotos mientras que viene un mozo a barrer. Ahí lo veo. Tiene un tajo sangrante en la mano. Me vuelvo loca, no me puedo contener. La sangre. La sangre es. Demasiado. No puedo hacerlo, hay mucha gente. Pero, la sangre es demasiado. Justo cuando me paro para hacer lo imperdonable, el borracho putea y se va del bar. Es mi oportunidad. Lo sigo a la calle que, por suerte, da a un callejón con pocas luces.

Lo llamo. Por alguna razón el borracho se da vuelta y me mira, se viene al lado mío. Tiene un evidente aliento a vino, le pongo una mano en la entrepierna y me sigue. La mano sigue sangrando, ha sido un corte muy profundo. Y lo tiro contra una pared, le agarro la mano y empiezo a saborear la sangre que, al yo lamer, empieza a salir más. Se quiere ir, no lo dudo y le agarro la cabeza y se la reviento con todas mis fuerzas, contra la pared. No sé si lo maté o solo lo atonté, pero se desvanece y en el piso yo sigo con mi tarea. La mano deja de sangrar. Le agarro el cuello y se lo muerdo tan fuerte que, nuevamente, empieza a salir sangre. Eso me excita. Ese gusto a metal, la sangre caliente, saliendo cada vez más. Me vuelvo loca. Más sigo tragando. De pronto siento que me agarran y me tiran fuertemente hacia atrás. Es él.

Al otro día va a aparecer, perdida en la sección policial, la noticia de que un tipo fue encontrado muerto y sin sangre en un zanjón. No es el primero, no será tampoco el último. El me controla y evita que mate más. Pero la sangre, la sangre me hace ser quien soy, una bestia nocturna. «Tendría que haber llegado antes» me dice, mientras que prepara la bañera para un baño de inmersión. Pero tanto él como yo sabemos que eso ya no importa. De día trato de ser normal, de noche alguien, siempre va a terminar desangrado, y más, si es un borracho. No se puede cambiar la esencia. No se puede. Es de día, pero va a anochecer. Quizá me controle, quizá.

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