Pelearle al Tiempo

Es sorprendente la forma en que el tiempo, se apodera de nuestras vidas. El mismo tiempo que demanda y agrede cuando esta cualidad no se ve cumplida. Ese que también, siempre da dos opciones frente a su demanda: podemos elegir estar de su lado y cumplir sus órdenes; o podemos enfrentarlo y tratar de ganarle a un rival con muchas más armas que nosotros.

Si Tomás no hubiese elegido la segunda opción, nada habría pasado. Pero justamente, él no se caracteriza por ser una persona que se deja avasallar fácilmente. Y así, sin ser derrotista, saco su pequeña espada, y señalando al Tiempo a la cara, le ofreció batalla. Y así fue que el Tiempo salió de sus aposentos envuelto en su armadura dorada, con millones de medallas que le recordaban -a cualquiera-, que él era el único campeón. Blandió su espada en lo alto, y se ajustó para darle  batalla a un simple mortal.

Era la tarde noche de un martes, y el campo de batalla se concretó en el living de la casa de Tomás. El desencadenante de tal contienda, era una nota que brillaba sobre una pequeña mesa. Era un simple trozo de papel en el que se leía “llámame a la tarde noche”. La batalla era más que entendible: Tomás no quería cumplir lo estipulado, y el Tiempo no había dejado que alguien viole sus demandas.

Todo empezó cuando ninguno lo esperaba. Fue Tomás primero, quien con un seguro espadazo, casi lastimó en el hombro al Tiempo. Pero este, aprovechando la debilidad de su oponente, lo golpeó con fuerza y lo hizo girar en el aire. Astuto por tantas batallas, el Tiempo se acercó corriendo mientras Tomás caía, y lo atravesó de un solo golpe al corazón.

Fueron apenas segundos de batalla. Segundos donde Tomás se dio cuenta de que al Tiempo, ganarle, es inevitable. De que por más que luchemos contra él, dejamos de ser hombres en el tiempo y nos transformamos en lo opuesto.

El caballero Tiempo desapareció por entre las hojas de algún calendario. Y Tomás, se recuperó de la contienda al instante. Se puso de pié, tomó la hoja de la mesa y llamó por teléfono.

-Hola- dijeron del otro lado.

-Hola- dijo Tomás con un tono de derrota en su voz –Perdona que no te llamé antes…estaba peleando contra el tiempo para poder hablarte-

También podes leer:
La silla vacía

El año pasado escribíamos:
El origen de los mendocinos caretas

ETIQUETAS: