Pequeñas escenas innecesarias sobre el amor

¿Quieres amar? Recita las letanías del amor y las palabras crearán el deseo ardiente de donde se imagina el mundo que brotan.
Oscar Wilde

Escena 1

El telón amarillo, un tanto gastado, muy roído por los pericotes está cerrado, se abre de manera torpe, con premura y si cuidado.

Los roedores huyen por el escenario vacio, se escuchan sus minúsculos pasos en la tarima.

La escena está iluminada por una luz cenital que quizás sea roja, pero creo que es un poco verde, desde donde estoy no se alcanza a definir. Convengamos que mi ceguera no ayuda.

Puede haber amor entre dos hombres, dos mujeres, un pulpo y una liebre o una ameba y un caracol.

El amor no se justifica.

Si se transforma en una canción, es una canción que con el tiempo puede ser aberrante o salvadora. Lo que fue hermoso será horrible después, dice la canción, casualmente.

Puede ser que el amor sea encontrarte en un pasillo oscuro y me regales una mandarina.

El amor es quedarse sin colectivos, a las tres de la mañana, culpa de estirar el beso ulterior y ver el amanecer frío con una sonrisa en la cara y el pecho.

El amor es hogar de lagartos.

Es escuchar Down by the water, de PJ Harvey una y otra y otra y otra vez.

Es caminar por el desierto, mientras nos mojamos los pies con la arena abrasante.

Es vibrar en sintonía con algo que no sabemos qué es, pero está ahí, latente, zumbando.

El amor es una mosca que no para de chocar contra el cristal de la ventana, no quiere hacerlo, aunque sabe que se hace daño.

El vidrio se rompe.

El amor se ve en el azul de tus mejillas.

Es morir de sed en el oasis de Siwa, con los labios descarnados y la mirada perdida.

Tiene voz de soprano.

Es oler el sudor del otro y llorar de alegría.

El amor chilla, patalea, flota, miente, obsesiona, dice barbaridades, llena el ambiente de mariposas carnívoras, mira la panza de la luna acostado en el pasto, vomita diamantes, hace zancadillas, se sabe de memoria toda la obra de Bukowski, nada en el oceéano interior de Ganímides…El amor pulsa, muerde, titila, bosteza, llora berreando, se esconde entre las estrellas dormidas y se deja llevar por las corrientes del Mar de los Sargazos…

El amor es verte aparecer en el chat, vestida con un vestido azul, que te llega hasta las rodillas. Descalza, dejando un reguero de flores amarillas tras tus pasos.

No se sabe, se desea, es la suma de ambos.

El telón intenta moverse pero no puede, tiene demasiadas ratas colgando de el, muy trabajosamente comienza a cerrarse.

Los pedazos de cristal, de la ventana rota por la mosca tozuda, caen en el centro del escenario, no provienen de ningún lugar, sólo aparecen y caen y se estrellan y se hacen cristales más pequeños. Una catarata de vidrios.

El telón se cierra definitivamente.

Nadie aplaude, porque no hay nadie

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