Un poco punk, un poco naif

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No tengo sensación de añadir algo al mundo. ¿De dónde iría yo a tomar lo que añado, sino del mundo?
René Magritte

I.

La sangre explota en millones de gotas, que se convierten en soles rojos, chiquitos, pero contundentes.

Una trompada más.

El mismo resultado.

El otro, en el piso le habla al golpeador: perdón, perdón… no me pegués más.

El otro le contesta: no hace falta el perdón, te pego porque me gusta pegar.

Cae un diente rajado al piso, rueda y cae a la acequia; se va con el agua como una barca, al garete, semihundida entre el musgo y las botellas de plásticos vacía.

Va dejando una estela de sangre.

II

Suena Shine On You Crazy Diamond, estalla una cucaracha bajo mi suela,

Enésimo cigarrillo o el mismo que no se consume.

El instante congelado, pero la música sigue.

Suena Shine On You Crazy Diamond, Miro por la ventana, una langosta me sonríe, espero que no haya visto que maté a la cucaracha.

Una libélula pasa oronda y altanera frente a mis narices y me mira con desdén, ella seguro que vio cuando maté a la cucaracha.

Me siento mal ¿qué pensarán de mí los insectos?

Suena Shine On You Crazy Diamond….Remember when you were young, you shone like the sun Shine on you crazy diamond now there’s a look in your eyes, like black holes in the sky Shine on you crazy diamond you were caught on the crossfire of childhood and stardom Blown on the steel breeze…

III

Don Ismael Contreras, eminente científico, parlanchín y un tanto quedado; inventó algo supremo: la cámara que lo filma todo, un aparato tecnológico ubicuo, que como su nombre lo dice, lo filma todo, no dejan ningún recoveco en el orbe sin hacerlo. Cada latido de un corazón, cada suspiro de una flor, cada lágrima del viento, cada insulto, cada puñetazo, cada llanto de un recién nacido, cada explosión nuclear… todo, absolutamente todo.

Se acabó la impunidad de la privacidad.

IV

Entró a la guardia de emergencia con las tripas saliéndole de su estómago, bajo la luz fluorescente eran verdes. Las sostenía con una mano, en la otra llevaba una botella de cerveza. Cada tanto le daba un trago, el líquido le recorría los vericuetos de su cuerpo y le salía por la misma herida por la cual le salían sus vísceras y también un poco de mierda, que le manchaba la remera negra con el logo de Callejeros.

Se sentó en un banco, confortablemente adormecido. Se fue muriendo de a poco pero sin pausas. Su último suspiro pegó como un escupitajo en el piso de dameros negros y blancos, con lavandina.

Media horas antes, discutió a los gritos con el dueño del almacén, no le querían dar de fiado una cerveza.”Hoy no se fía, mañana sí” rezaba el cartelito. Se quiso robar una.

Don Corvalán guardaba siempre un cuchillo de carnicero

Fue un corte certero pero inocente, la intención era amedrentar con un tajo tirado al vacío, para marcar el territorio, pero salió mal. La carne fue mordida por la hoja casi roma, con mucha fuerza.

El almacén se llenó con hedor a cloacas y un pedazo de intestino cayó en el suelo y quedó allí durante décadas, porque nadie se animó a levantarlo.

V

Es muy raro, parece que hace sólo un segundo estabas sentada ahí y ahora no estás.

Ese lapso de tiempo se le puede separar en infinidad de situaciones, en millones de escenas, de sensaciones. Ese segundo se vuelve casi eterno, creo que fuiste una alucinación o un fantasma, o ambos.

Ése es el concepto de eternidad, el hecho de tu desaparición y que, durante ese intervalo, yo vi el Universo desde la parte de atrás.

Es muy raro, apareciste de nuevo, es como si estuvieras fueras de sintonía.

Aparecés y desaparecés.

VI

Escena 1- Restorán-Interior-Día

El piso con dameros rojos y amarillos reluce, en el se ven reflejados los dos personajes, el mozo y el cliente.

-Cliente-

Mozo… hay una mosca en mi sopa…

-Mozo-

En la mía también…

Fin.

Fundido a negro.

VII

La tarde canta a los gritos que era más blanda que el agua, que el agua blanda. Era más fresca que el río… Naranjo en flor. Su voz suena en el frío pero nadie la escucha.

Una pena.

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