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El Mendo… lotudo, hizo historia

La Secretaría de Cultura de la provincia de Mendoza, anunció que la fiesta de las letras mendocinas en su edición 2018, estaba dedicada a Liliana Bodoc. La gran escritora, fallecida en febrero de este año, cuenta con una dilatada y exitosa carrera en el arte de escribir, haciéndose acreedora a este reconocimiento y sin lugar a dudas se lo merece.

En la Feria del Libro, que comenzó el viernes 12 de octubre y finalizó el domingo 21 del mismo mes, se produjo un suceso que quizás pasó inadvertido y tal vez no trascendió en el presente, pero a lo largo del tiempo y con el transcurso de los años, será recordado por las generaciones futuras. Y es el hecho que, por primera vez en la historia, un portal de literatura digital o lo que se conoce como un sitio en internet con orientación literaria, fue parte de la muestra.

Ese punto de inflexión a nivel histórico fue protagonizado por elmendo.com.ar, que bajo la denominación de “EL MENDOLOTUDO” y que además ocupa una de las columnas más populares del portal de noticias mdzol.com, hizo su presentación el domingo 21 de octubre a las 17.30 horas en la Sala Vilma Rúpolo del Espacio Cultural Julio Le Parc, ubicado en calle Mitre y Godoy Cruz, en Guaymallén; a partir de una disertación de miembros de su staff.

El mismo, está conformado por escritoras y escritores de diferentes edades y distintas ideologías; que nos retrotraen al año 1801 y al Telégrafo Mercantil, primer periódico impreso y en el que escribía un tal Doctor Bañuelos, más conocido como Manuel Belgrano; del mismo modo, ellas y ellos, enmascaran sus verdaderos nombres en el de personajes ficticios; la idea no es esconderse sino engañar al tiempo, porque a los seudónimos no le pasan factura los años, son eternos y nunca mueren.

A diario escriben notas con gusto a rebeldía y otras perfumadas de poesía, también están las polémicas y no faltan las ocurrentes, algunas son delirantes y en su gran mayoría divertidas; después de leer uno de sus títulos es posible suban tus niveles de adrenalina: “Super Banquina, el superhéroe de las calles mendocinas”, “Sobaco Elástico, otro superhéroe clase C”, “El poder de mierda de Miguel”, “Olores the Colores, mi poder pedorro” o “Kiran, el genio mala leche”…; respirá profundo, contá hasta 10 y no llamés al 911, seguí leyendo y no cierres tu mente; porque la creatividad de sus relatos nace de una gran luz que emana de sus corazones, que es la que alumbra el camino de sus sentimientos y los guía hasta las puertas de la razón para crear cada día una nueva historia.

De ocho años a esta parte, el sitio se consolida como alternativa literaria; imponiendo una nueva forma de comunicación para aquellas y aquellos literatos que buscan un lugar en donde expresarse, sin restricciones ni prejuicios y a la libertad de expresión como estandarte. Con la posibilidad más que cierta de trascender en sus trabajos, para no quedar sometidos al manto frío del olvido o a merced de un mercado con cada vez menos lectores; o lo que es peor, con obras literarias a la espera de ser leídas y que están enterradas en los estantes de una biblioteca o perdidas en las góndolas de una librería.

Suena a exagerado el pensar que un evento de estas características pueda ser comparado con un hecho histórico y a un sitio en la web como protagonista de ella; pero al tiempo presente de aquellos sucesos que ocurrieron en un antaño lejano, algunos de los que los protagonizaron nunca imaginaron que trascenderían con el paso de los años, y que un día como hoy y a modo de reseña, serían recordados.

Es por ello y para entender lo susodicho, debemos retroceder hasta el pasado y hacer referencia a Francisco Villagra que, partiendo desde Chile al Perú y a su vuelta de paso por Cuyo, escribiría a “pluma y tinta” la primera carta en papel de que se tenga noticia un 18 de mayo del año 1551, a la vera del camino del Inca y en la margen del río de Cuio, hoy río Mendoza en Uspallata.

El cerro Aconcagua sería testigo silencioso de aquel cambio brutal en la forma de expresarnos, pasando del lenguaje no escrito y hablado por nuestros pueblos originarios: huarpes, puelches y pehuenches… al lenguaje escrito de aquellos que en muy pocos años terminarían por colonizarlos; transformando a esa palabra escrita en leyes y decretos para someterlos, o en la palabra de Dios con el objetivo de adoctrinarlos y transmutar en pecados mortales sus costumbres ancestrales.

Y sería Diego Maldonado acompañado por Baltasar Méndez, Bartolomé Arenas y 5 hombres más, los que se le animarían al macizo andino, a fin de informar al gobernador Pedro de Valdivia lo ocurrido en suelo cuyano y decepcionados por no encontrar “oro y plata” que se decía había en la cordillera de los Andes, que con carta en mano y a riesgo de sus vidas, la cruzarían para regresar a Chile ese mismo año.

Sin saberlo siquiera suponerlo, el mayor “tesoro” que nos legarían estos expedicionarios, sería la palabra escrita. Pasaría mucho tiempo en espera de otro cambio en lo que a ella se refiere, no opacaría al anterior y muy lejos estaría de hacerlo, pero sería absolutamente descomunal y totalmente revolucionario. Tres perfectos desconocidos serían sus protagonistas, y como únicos testigos, varias yuntas de bueyes y algunas carretas en madera destartaladas.

Fueron nadie y nadie serían, opacados por la figura de José Francisco de San Martín, quien con copa en mano de vino francés y ante la atenta mirada de María Mercedes y Josefa Dominga, narraría las peripecias de aquellos bravos mendocinos como una de sus anécdotas preferidas; las pibas no entendían de qué hablaba su abuelo, mientras tanto, el reumatismo le devoraba los huesos y una demoledora ceguera lo privaban de mirarlas; pero el viejo caudillo no se olvidaría de: Juan de Dios Miguez, Toribio Barrionuevo y Bentura Videla… ¡cómo olvidarlos!

Perdido en ochenta y cinco fojas del Tomo 4 de los Documentos para la Historia del Libertador General San Martín, se encaminaría un convoy enviado desde Buenos Aires un 26 de noviembre de 1816, con la primera “imprenta” para Mendoza; conformada por una prensa chica, ochocientas libras de letra, cincuenta resmas de papel, dos cajas de composición y un barrilito de tinta.

No quedaba lugar a dudas… Cuyo por la pluma y Mendoza con la imprenta, serían testigos de dos sucesos únicos e irrepetibles en nuestra historia, que cambiarían nuestra forma de expresarnos a partir de la palabra escrita. Después vendría la máquina de escribir, el fax y la computadora, luego irrumpiría la internet y los buscadores; hoy por hoy, nos postramos ante su Majestad el Smartphone y sus pantallas táctiles de colores.

Pero, la red de redes no se auto-alimenta y aún no es inteligente; es como un bebe que llora porque no tiene otra forma de expresar que tiene hambre, o, es como un perro de la calle que mueve la cola para hacerse de un dueño; necesita de sustento en forma de información para alimentarse, o, nos incentiva a un clic a modo de caricia para hacerse de compañía. Detrás de tanta locura digital, surgen aquellos locos y aquellas locas, emprendedores y emprendedoras, que a diario le inyectan datos a sus sitios web o a partir de un perfil a su muro en las redes sociales; lo que sea y se te cante, lo que se te ocurra es inimaginable y te quedás corto, todo suma y bienvenido sea; no falta el trol y su baja autoestima que esputa a diario y todos los días.

Los sitios web y las redes sociales serán el presagio al ocaso del libro, es posible que sí o tal vez no les dé el cuero; los que pintan canas lo niegan y se aferran a ellos, no escatiman en gastos para adquirirlos; los jóvenes posteando mensajes en whatsapp o posando para la cámara del celular, casi que los desestiman. Es posible una tregua a partir de un mensaje conciliador… “Uno debe abrir la ventana y dejar que ingrese el viento de la literatura ¿de qué sirve el viento si las ventanas están herméticamente cerradas?”…

La frase de Liliana Bodoc es contundente y pacificadora. La apertura del pensamiento y la generación de nuevas ideas tienen que imponerse al hermetismo de mentalidades limitadas y cerradas; porque “un pensamiento profundo es como el Universo… no tiene piso ni techo, y una idea genial es como Dios… no tiene principio ni final”; la ignorancia y los prejuicios te imponen los límites, la imaginación y la creatividad te los hacen pasar.

La Feria del Libro tomó la posta y se le animó al desafío; desde el día 12 en el Patio de Comidas de Le Parc, miembros del staff nos hicieron retroceder a la Edad Media y recordar aquellas épocas de juglares y juglaresas recitando, y como cómplice y por testigos… una tarima a modo de escenario y millones de estrellas que iluminan sus relatos y al público presente. Y a partir del día 21 y después de las 17.30 horas: «ElMendo… lotudo, hizo historia”.

Pueden ver el la presentación completa del Mendo en la Feria del libro haciendo acá:

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