Café Isaac Estrella: “Si tan sólo hubiese sido más fuerte”

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-¿Así que este el famoso Isaac Estrella? Pase un montón de veces por la puerta y nunca se me dio por entrar, si te soy sincera.-

-Si queres, entramos-

La puerta del Isaac Estrella se quejó apenas al darle paso a la pareja. Adentro ese aire de tiempo estancado golpeó la cara de los protagonistas. Hacía frio la tarde de domingo que decidieron volver a hablarse después de tantos años.

-Sé que café no tomas. Pedite lo que quieras. Yo voy a ir con un cafecito.-

-Un licuado para mí.-

-¿Tulio, puede ser un café para mí y un licuado para la señorita, por favor?-

Tulio se movió atrás de la barra. Solemne como siempre, inmutable. Sin velocidad pero apurado, los dejó frente a frente con las bebidas.

-Yo sé que este momento es incómodo para los dos. Yo sé que en realidad no queres estar acá. Pero las casualidades son una realidad. Y fue casualidad encontrarte después de tanto tiempo por las calles que…bueno, que otras veces transitamos juntos.-

No es raro ver a un hombre desnudando el corazón en un café. Y menos una tarde de domingo, donde las musas se suicidan y las cosas que queremos decir salen sin filtro alguno.

La mujer no emitía sonido. Sólo se limitaba a mirar fijamente el borde del vaso donde su licuado se asentaba.

-Ha pasado tanto tiempo ya. Pero ¿Sabes? Nunca te borre de mi voluntad; y de mi mente sólo pude hacerlo un tiempo, nada más. No quiero insinuar nada con esto. Es bueno verte y saber que estás bien… ¿Estas bien?-

-Sí, estoy bien-

El silencio se apoderó del bar. Ahora eran los dos los que miraban fijo sus bebidas. Como si el mirarse a los ojos implicara hablar sin sonidos. Tocarse sin piel. Besarse sin labios.

Finalmente el muchacho suspiró, con esos suspiros que salen después de juntar coraje. El Isaac Estrella parecía estar atento en su totalidad, a la escena que transcurría en la mesa dos.

-Si hubiese tenido más fuerza…si tan sólo hubiese sido un poco más fuerte. Esto sería tan distinto…-

El exterior del Isaac Estrella lucía su marquesina gastada. Aquella fría tarde de domingo, las luces del café se encendieron, pues las nubes habían adelantado la noche.

Parado afuera, solo, mirando por la ventana del café, un joven ya no tan joven. Su rostro denotaba un dejo grande de tristeza y melancolía. Estaba estático, con la mirada clavada en la vacía mesa dos adentro del café. Ligeramente se podía ver que estaba soñando despierto. Un transeúnte despistado le golpea el hombro al pasar, y lo hace despertarse de su sueño. El joven no tan joven empieza a marcharse mirando el piso. Mientras camina, suelta una frase al viento:

-Si hubiese tenido más fuerza. Si tan sólo hubiese sido un poco más fuerte. Esto sería tan distinto…-