Asmodeo: el demonio que atormenta a Matías Alé

Asmodeo es un ser enceguecido por las orgías, dueño de una sensualidad arrasante. Oscuro demonio que tienta y seduce al hombre en los placeres carnales, lo sume en la locura y el desquicio hasta hacerlo perecer.

Esto es lo que nos comentó el Padre Ignacio Salas del distrito Capilla del Rosario de Guaymallén ayer mientras lo entrevistábamos sobre el episodio místico que tuvo el conocido Matías Alé.

Todo comenzó ayer al medio día, cuando logramos comunicarnos vía telefónica con el Padre Ignacio. Él es un conocido exorcista de la zona, pero el dato que nos hizo llegar hasta él es que es un especialista en exorcizar poseídos por Asmodeo, este nefasto demonio del que ya les vamos a comentar más. Y lo más curioso es que tenía datos certeros de todo lo que estaba transitando el “móvil”, como suele llamar él a los sujetos poseídos, haciendo referencia al señor Alé.

Quedamos en juntarnos esa misma tarde en la capilla del Rosario, donde actualmente reside el Padre. A eso de las 19 arribamos al lugar.


La Capilla del Rosario es una antigua iglesia construida en 1830, la cuál fue en el pasado asilo de soldados de Rosas y monjas de la compañía de María. Es un lugar antiguo, lúgubre y frío, cargado de mística y muy espiritual. Apenas llegamos sentimos esa sensación se sentirnos observados por cuerpos en eternas luchas entre el bien y el mal. El Padre Ignacio nos recibió vestido de civil, con la típica camisa sacerdotal y una jarra de té en la mano. Nos invitó a sentarnos en una gélida galería a la luz del sol que se iba perdiendo en la tarde.

Mi compañero encendió el grabador, para aprovechar la entrevista. Inmediatamente el Padre nos recomendó apagarlo… “los espíritus se regocijan interfiriendo las señales de esos aparatitos… no van a escuchar nada y lo poco que escuchen no les va a gustar en lo más mínimo”. Le hicimos caso y comenzamos a charlar con él. Esto es algo de lo que nos comentó…

Llega una edad en la que el hombre descubre el placer carnal del sexo, entra en una etapa donde las mujeres se vuelven lo más importante en su vida. Por lo general el espíritu y la mente dominan rápidamente estas pasiones, poniéndolas a merced del hombre y no éste a merced de ellas… pero, como en todo, hay excepciones. Hay hombres que son dominados por estas pasiones y sucumben a tan efímera satisfacción. Este hombre confunde su norte, su razón de ser. Es allí donde comienza con un peregrinaje diurno y nocturno en busca de saciar su sed. Encuentra en la noche el caldo de cultivo del virus que lleva en la sangre. Entonces aparecen nuevos vicios, el descontrol de la noche, el vértigo, los excesos. El hombre confunde la realidad, pierde en quimeras vida y fortunas, llena su cama de fantasmas muertos. Y en ese mareo, en ese estado desorientado y banal, es que suele aparecerse Asmodeo.

En cuando nombró a Asmodeo el grabador comenzó a emitir una insoportable interferencia, como intentando buscar la frecuencia de una radio. Mire a mi compañero con ojos de reproche, ¿porque había dejado prendido el aparato? Instantáneamente entendió mi mirada y me dijo “esta apagado”. Movió el botón de encendido mostrándome que estaba en lo cierto. Miramos súbitamente al Padre Ignacio, quién actuando como una situación normal, de costumbre, nos pidió que le sacáramos las baterías. Se paró y trajo una especie de saco. Se persignó ante él y lo abrió para que metiésemos el aparato. Lo cerró y lo puso sobre la mesa, volviendo a persignarse sobre él. “Les dije que les gustaban estos aparatos” comentó sereno y volvió a sentarse.

Les decía de Asmodeo, prosiguió mientras a nosotros nos explotaba el corazón por lo que acababa de ocurrir. Cuando el hombre está en este estado de descontrol, perdido por la noche y las mujeres, descontrolado por el sexo sin control ni amor, es cuando aparece e intenta “negociar” con el alma del “móvil”. El trato es muy tentador, extremadamente tentador para esa ahora caja vacía que es aquel hombre, adicto a la noche y el sexo: simplemente jamás jurar fidelidad eterna a una sola mujer. Asmodeo es el rey de la lujuria, la infidelidad y la mentira. ¿Ustedes se pueden imaginar lo fácil que es hacerle jurar eso a un mujeriego? ¿A cambio de qué? Pues a cambio de tener a todas las mujeres que desee, para siempre. Entonces comienza una “buena vida” para el “móvil”, comienza a vivir en un frenesí acelerado de seducciones, relaciones y amoríos. Mujer que desea, mujer que consigue. Mientras más alto pueda llegar el “móvil”, más se acentúa el poder de Asmodeo sobre él, mujeres más inalcanzables seduce, en mayor cantidad y cada vez más bellas. Pero como todo trato, tiene la parte que le conviene al mal, sin lugar a dudas.

La tarde estaba cayendo. El padre Ignacio se paró a prender unos lúgubres focos, que vagamente iluminaban nuestra mesa mientras dibujaban sombras extrañas a nuestro alrededor.

Ese hombre poco a poco se va vaciando de espiritualidad, suele arruinarle la vida a cada una de las mujeres con las que está, quienes quedan seducidas y abandonadas. Ellas mismas son sumidas en la depresión y el olvido, a costas del cada vez mayor engrandecimiento del “móvil”. Mujeres hermosas e importantes quedan resignadas a simples personas, ¿les suena el caso? Ustedes son jóvenes… no hace falta que les pregunte. Pero ¿qué es de la vida de las ex de Matías Alé?, mujeres tan famosas y hermosas ninguneadas por quienes antaño las enaltecían y vanagloriaban…. ¿se han dado cuenta que serían completamente olvidadas si no apareciesen a hablar solamente de él? El poder de Asmodeo pudre todo lo que el “móvil” toca… todo. Este ser se va quedando solo, va perdiendo a los seres queridos realmente, se enemista de familiares y amigos de toda la vida, llega incluso hasta culpar a quienes más lo han querido de intentar perjudicarlo y envidiarlo. El tiempo pasa y comienza a entrar en un estado de depresión, se va sumiendo en las sombras, en la oscuridad, se va quedando solo. Entonces viene la peor parte del trato. Cuando el “móvil” toca fondo, esta consumido por la tristeza y la soledad, suele decidir buscar un amor verdadero, real, genuino y, dada la firma de su pacto, no se le hace nada difícil encontrar esa mujer… pero está prohibido amarla. El contrato lo dice claro… “jamás jurar fidelidad eterna a una sola mujer”. Entonces una a una va perdiendo aquellas mujeres a quien llega a amar. Es como la leyenda de Sísifo y la piedra… una vez que encuentra el amor, éste se cae, se pierde… y nuevamente debe volver a buscar. Al poco tiempo la depresión se vuelve locura y la locura lo hace perderse entre la vida real y lo confuso… entonces Asmodeo invade a ese ser, completamente hueco, cansado, abatido y arruinado. Lo corrompe, lo sume en la locura, ya lo destruyó por dentro, ahora lo comienza a destruir por fuera, físicamente.

Una de las manos del Padre Ignacio comenzó a temblar ferozmente. Con la otra se agarró y susurró unas palabras. Le preguntamos si estaba bien. Nos comentó que sí. Había algo que no nos cerraba. La descripción del relato de Asmodeo estaba bien, pero Matías Alé se había casado hacía un tiempo con una mujer, jurando amor eterno, por lo menos en la teoría. Entonces el cura rió resignado y comenzó nuevamente a contarnos…

Los pactos con el diablo están hechos para romperse, por lógica. El diablo busca corromper el alma del “móvil” en la vida, para demostrarle al resto de la humanidad su poderío, el triunfo del mal sobre el bien. ¿De qué le sirve el alma de un simple mortal? Habiendo tantas… de nada. Es mucho mejor aterrorizar a la gente e insertarle el virus del miedo, dejando almas débiles y a merced. Un pacto cumplido es un alma ganada, un pacto incumplido, bien difundido, son cientos de almas con miedo, fáciles de corromper, ¿entienden? El muchacho Alé encontró una mujer y le juró amor eterno. Rompió el pacto. Es por eso que se convirtió en un tipo religioso, intentando vanamente encontrar reparo en la religión al martirio que comenzó a padecer desde el momento en que rompió su pacto. No existe cura para un pacto incumplido. No hay Dios ni santo que pueda contra eso. Comienzan las voces, luego los ruidos, luego apariciones oscuras y finalmente la posesión. Puede controlarse un tiempo, pero roto el pacto, Asmodeo siempre está, tarde o temprano vuelve, y cada vez hace mayores desastres a través de su “móvil”. En esta ocasión fue un simple escandalete televisivo, nada del otro mundo… pero esperen a que pase el tiempo. La condena es eterna y muchas veces lleva al “móvil” a límites catastróficos como cometer asesinatos o al mismo suicidio, que es el “broche de oro” de una negociación demoníaca.

El grabador, sin pilas y dentro del saco del cura, comenzó nuevamente a hacer ruido, ambas manos de Ignacio ahora tiritaban, una sensación helada me recorrió la espalda… ¿entonces lo que busca Asmodeo es que todos conozcamos el caso de Matías Alé para meternos miedo?, le pregunté al Padre que nos miraba fijo y serio. Es hora de que se vayan y terminen de hacer lo que han venido a hacer, respondió, se paró y nos acompaño a la puerta de la oscura Iglesia…